¡Buenas noches…!

¡Bienvenidos al Diario de Payasospital! Con la idea de que se conozca mejor el impacto del trabajo de Payasospital y la dimensión humana de lo que hacemos en los hospitales de la Comunidad Valenciana donde acudimos, ofrecemos este diario de anécdotas y experiencias que viven nuestros payasos cada día en las habitaciones de los niños hospitalizados que visitamos semana tras semana. Las situaciones descritas en el blog son reales pero con el fin de preservar la intimidad de las personas, aparecen con nombres ficticios.

Un conejo que estornuda

Camillera Juanola Pastilla (Mado Vidal)

Visitamos a Kael, de dos añitos, en el Hospital La Fe. Las enfermeras nos habían dicho que la situación del peque era muy complicada, ya que llevaba dos o tres meses allí, esperando un trasplante. Su mami estaba solita, sin familia y sin apoyos, tenía mucha ansiedad y nos contaban que, sin querer se la transmitía al chiquitín, que estaba temeroso, no sonreía y lloraba enseguida por todo. Mina Mercromina (Asun Cebrian) y yo, entramos con cuidado, suavecito, saludando y con musiquita… y de repente aparece “Conejo” (la marioneta que guardo siempre en el bolsillo), empieza a bailar, le saco la escobilla del WC como si fuera una flor y al olerla Conejo estornuda. Fue entonces cuando Kael, que seguía atentamente los movimientos del conejo, al ver que había estornudado, y que al volver a oler la flor, volvía a estornudar, se puso a estornudar adrede. Si Kael estornudaba, el conejo estornudaba, y otra vez, y otra. Así empezó a repetirlo cada vez más rápido. Se incorporó en el sofá cada vez más excitado, más divertido. Parecía que estaba sacando rabia, estaba controlando la situación, estaba pasándoselo pipa. Luego el conejo se sonó en un pañuelo muuuy largo que volaba y temblaba al sonarse. Nos fuimos despidiendo, pero el pequeño no nos quería dejar marchar, porque comenzó de nuevo a estornudar a propósito como intentando retenernos. Estornudando salimos de la habitación con una sonrisa en la cara, como la de Kael. 

Mado Vidal (Camillera Juanola Pastilla)

Shhh… está durmiendo

Doctora Vacuna (Laura Suñer)

Llegamos a trasplantes en el Hospital La Fe, donde seguía estando Nael de 4 años, ingresado por trasplante hematopoyético. Las enfermeras, y también la maestra, nos informan sobre su bajo estado de ánimo. “Antes cooperaba y participaba en los juegos”, nos dicen.

Cuando mi compañero, el profesor Microscopio (Ventura Cano) y yo, entramos en su habitación, Nael estaba recostado hacia la puerta, tapado hasta el cuello con una suave sábana blanca. Parece que duerme, le acaban de medicar e intuimos que reposa. Su madre, sentada a sus pies nos ve y sonríe, dirige entonces la mirada hacia su hijito. Contenta le dice: “¡Mira Nael, han venido a verte!”, pero el pequeño hace como que duerme y nosotros seguimos el juego. “Shhh…vamos a cantarle una nana, que está durmiendo”, dice Micro, y comenzamos a entonar “Dormi tesoro”.

Cuando acabamos, dispuestos ya a marcharnos, de repente Nael abre los ojos. Sorprendidos volvemos a cantar la nana. La madre ríe a carcajadas. El muchachito vuelve a hacerse el dormido. Terminamos de cantar, suavecito. Despacito nos vamos yendo… Shhh. ¡Pero, el niño vuelve a abrir sus ojos! ¡Ups! Volvemos a “nanear”. Así hasta por lo menos seis veces, que es cuando Nael sonríe, y que es también cuando la energía fluye alegre y sanadora por nuestros corazones.

Laura Suñer (Doctora Vacuna)

Apreta el botón

Enfermera Paquita Tiritas (Susana Giner)

En otra habitación encontramos a Mireia de 6 años, ingresada por fractura al caerle la tele encima. La hemos visitado varias veces, pero siempre se muestra muy seria y tímida. Su padre nos recibe con sonrisas, pero ella nos mira con desconfianza. El último día que la visitamos, ella estaba jugando con un muñeco que hacía una musiquita cuando le tocaba un botón. Mi compañero Doc Tornillo (Quique Montoya) y yo comenzamos a andar como muñecos robóticos por la habitación al sonar la musiquilla. Cuando Mireia la paró nosotros también paramos. Ella enseguida capto el juego y volvió a hacerla sonar. Nillo (abreviatura de Doc Tornillo) y Paquita Tiritas (el nombre de mi payasa) no podían parar de andar y si llegaban a una pared seguían intentando andar, como los juguetes que se quedan atascados sin cambiar de dirección en su empeño por seguir adelante. Aquello despertó las carcajadas de Mireia, que paraba la música para darnos un respiro. Nillo y Paquita suspiraban aliviados, pero la niña rápidamente volvía a accionar el botón. Nillo y Paquita intentaban salvarse el uno al otro cuando quedaban obstaculizados en su marcha por una silla o una pared, pero como no podían parar de andar, o bien pasaban de largo por al lado del compañero, o bien quedaban atrapados junto a él, dándose ambos trastazos contra la pared. Mireia no paraba de reír y esta vez no quería que los payasos se marcharan de la habitación, se lo estaba pasando bomba y nosotros ¡felices por verla reír al fin! Me embeleso.

Susana Giner (Enfermera Paquita Tiritas)

Sigue siendo un niño

Auxiliar de Limpieza Pía (Haydeé Bañales)

Me quedo un poco removida por la historia de Ikram, un niño de 9 años ingresado, por un accidente de tráfico, en la UCI pediátrica del Hospital General de Castellón. Lo visitamos varias veces en el mes y su diagnóstico no era muy esperanzador. Uno de aquellos días al salir de la habitación, la Supervisora Remedios (Esther Ramos), al notarme emocionada, me dijo: “Detrás de los tubos y demás material médico sigue siendo un niño”. Esa frase me ayudó para futuras visitas.

Ayer lo vimos de nuevo con la Doctora Esparadrapa (Elena Donzel) y recordé la frase de Esther. A sus padres, musulmanes y no muy charladores, les encanta que pasemos a verlo. En esta ocasión le cantamos y lanzamos pompitas – “¡espuma del mar!” – y reaccionó de una forma más evidente. Aunque el personal en las reuniones de transmisión de información nos haga parte de su pesimismo: ¡creo que mejorará! y Pía (el nombre de mi payasa) y compañía, serán testigos de ello.

Última visita a nuestro querido Ikram, de 9 añitos e ingresado por TCE (Traumatismo Cráneo Encefálico). Lo trasladan a un centro de rehabilitación. Las enfermeras nos hacen parte de sus avances: se sienta, come… La última vez las educadoras nos pidieron que le diéramos un chupa-chups de regalo. Ellas trabajarían con él y a partir de ahí comenzó a comer. Es muy reconfortante trabajar en equipo, ya sea con las enfermeras o con las educadoras. En la última visita que le hicimos, el pequeño reaccionaba con sonrisas cada vez que la Doctora Esparadrapa tiraba su marioneta. La madre y el padre nos dieron las gracias emocionados.

Haydeé Bañales (Auxiliar de Limpieza Pía)

Un mocador de color

Doctós Càpsulo Prentendós (Jaume Costa)

Just en el moment d’entrar a l’habitació d’Ariel, van vore a la porta al psiquiatra que estava tractant-lo. El professional va dir que estava en estudi per un trastorno de conducta, i que no sabien si responia als estímuls. El xiquet no estava acompanyat i el psiquiatra va entrar amb nosaltres.

Van començar amb unes notes musicals però desprès van fer una de les intervencions mes silenciosa i impressionant que recorde. El meu company, el professor Microscopio (Ventura Cano), amb un mocador de color, va iniciar una proposta tirant-li a Càpsulo (el nom del meu pallasso), i jo el agafava tornant-li, varies vegades. Desprès li va tirar a Ariel, varies vegades fins que el xiquet va respondre agafant-lo. ¡UUUAAAUUU!

Varies vegades ells es van passar el mocador. Micro li va fer la senyal de que Ariel passarà el mocador a Càpsulo, i els tres anaven passant el mocador. En eixe moment va arribar sa mare i van decidir incloure-la. Ja érem quatre passant el mocador. Van integrar al psiquiatra que havia estat mirant tot el temps. I ahí estaven els cinc passant el mocador, van traure un altre, i un altre mocador. Allí estaven els cinc passant-se els mocadors, sempre en el mateix sentit, això si.

En un moment determinat jo tenia a les mans tots els mocadors i van canviar la proposta. Li vaig donar un mocador a Ariel i jo en vaig quedar en un altre, vaig començar a plegar el mocador cada vegada per la meitat, i ell repetia els plecs. ¡UUUAAAUUU!

Va ser molt xula i efectiva la intervenció, Ventura i jo van comentar que havia estat molt bé. I el psiquiatra ho va observar. Per tant: ¡Ariel, si que respon a estímuls!

Jaume Costa (Doctós Càpsulo Prentendós)

El rugido de Félix

Doctor Max Recetax (Sergio Claramunt)

En la Unidad de Trasplantes del Hospital La Fe de Valencia, un médico nos pidió poner especial atención con Félix, un niño oncológico de 5 años que estaba muy triste y deprimido. Llevaba mucho tiempo sin salir de su habitación aislada y en ese momento se encontraba con su mamá. Ese día me acompañaba la Dra. Zirujuana (Mariló Tamarit) y el enfermero Leucocito (Vicent Sanchis), que hacía sus primeros días de intervención. Cuando llegamos a su cuarto vimos que Félix estaba llorando, según dijo, porque la medicación que le estaban inyectando le hacía daño. La enfermera apurada, no entendía por qué. Viendo el estado del pequeño, nos pusimos manos a la obra. Después de presentarnos, la Dra. Zirujuana le dijo que hoy traíamos una canción de adivinanzas y él tenía que averiguar de qué animal se trataba, ya que los dos tontos que le acompañábamos no acertábamos nunca. Al comenzar la canción su madre comenzó a grabarnos. “Así luego os puede volver a ver” nos comentó. Al finalizar cada adivinanza Leucocito y el Dotor Max (el nombre de mi payaso) nombrábamos animales disparatados, que nada tenían que ver con el buen resultado. En ese momento, Félix entre sollozos decía el animal correcto y todos los presentes celebrábamos su buena respuesta. Con cada animal repetíamos el mismo procedimiento, hasta que el peque, en la cuarta adivinanza, ya había dejado de llorar.

Una vez acabada la canción, observé que la repisa de su ventana estaba repleta de aviones y naves espaciales súper chulas. Atraído por esa extraordinaria colección de juguetes, me acerqué y cogí uno. Sin ningún disimulo, me lo metí en el bolsillo diciendo: “Me encanta. ¡Me lo llevo!”. Enseguida, Zirujuana me llamó la atención. Me ordenó que la dejara diciéndome que no podía llevármela, ya que era de Félix. “Entonces – dije yo – me llevo este”. Dejando la anterior cogí otra nave espacial y me la volví a guardar en el bolsillo. “¡Noooo!”. Volvió a reñirme Ziru: “Ese también es de Félix”. Sorprendido, pero haciéndole caso, la dejé, pero acto seguido cogí una nueva. De esta forma, fuimos repitiendo la maniobra hasta que el niño se unió a la reprimenda de la payasa con el rugido del león que había practicado en la canción de las adivinanzas. Los sustos que me provocaba y las reacciones asustadizas de mi payaso, hicieron que Félix comenzara a reír cada vez más. Las risas del chiquillo cada vez eran más sonoras, y con los sobresaltos y aspavientos de Max salimos de la habitación huyendo de aquel “león” cada vez más furioso y tronchado de risa. Los llantos que encontramos al entrar se habían transformado en carcajadas. Una vez más, el poder del clown, la magia payasa y la eficacia de la escucha, habían forjado el prodigio. Al salir de la habitación nos miramos los tres fascinados.

Sergio Claramunt (Dotor Max Recetax)

La magia del juego

Doña Urgencia (Jimena Cavalletti)

En el Hospital Dr. Peset, junto a Beni Cilina (Nuria Urioz), tuvimos uno de esos días brillantes en el que todo conspira a favor del juego. En Consultas Externas desarrollamos una escena ligadísima de un robo. Dijimos que alguien había secuestrando a nuestro hijo y necesitábamos dinero para el rescate. De esta forma, empezamos a robar cosas descaradamente. A medida que íbamos avanzando y “robando”, pensaba: “¿Cómo acabaremos esto?”, pero cada vez nos íbamos enredando y metiendo en un callejón sin salida… Fue entonces cuando un niño de unos 10 años que esperaba junto a su madre, comenzó a jugar a que llamaba por teléfono a la policía. Justo cuando iba a cortar la llamada imaginaria, empecé a pedirle que por favor colgara, evidentemente para que hiciera todo lo contrario, y como buen jugador, siguió hablando con la policía, lo que nos obligó a devolver todo lo robado y huir torpemente. Apenas desaparecimos de escena, el niño imitó el sonido de una sirena de policía… ¡Telón! Aplausos.

También en Consultas Externas de Urgencias Pediátricas nos encontramos con una situación similar. Allí había un padre, con aspecto de ejecutivo, hablando por teléfono, una niña y su abuela, todos ellos muy bien vestidos. También estaba una familia latina, la madre y su niña. Fuimos poco a poco, afirmando el terreno de aceptación y de juego, hasta que en un momento la niña empezó a balancear sus piernas al ritmo de la música. Le dimos foco a ese movimiento y terminamos todos los que estábamos, más dos enfermeras que salieron a posta, con el baile de las piernas. Acabamos la improvisación chocando una mano, luego la otra, y finalmente el trasero. De cómo empezó a como acabó, podemos decir que fue ¡magia!

Y ese día con mi compañera Nuria, fue todo así.

Jimena Cavalletti (Doña Urgencia)

De lágrimas a sonrisas

Doctora Zirujuana (Mariló Tamarit)

Estaba en el Hospital Clínico de València con el Doctós Càpsulo Prentendós (Jaume Costa) y fuimos a visitar a Diego, de 5 meses, que llevaba bastante tiempo ingresado por gripe A, neumonía y convulsiones. Ese día su mamá estaba especialmente triste porque había recibido malas noticias sobre el diagnóstico de su pequeñín. Dadas las circunstancias, decidí sacar a mi pollito resultón (la marioneta que siempre me acompaña). Hicimos música bonita con la mandolina, interpretada por mi compañero. Diego observaba y disfrutaba muy serio. Mientras, la mamá intentaba mantener la calma pero de pronto se puso a llorar. Yo me doy cuenta y con cuidado le pregunto si estaba llorando porque Càpsulo lo estaba haciendo mal. Le tiré todas las culpas a él (¡pobre!) y ella acabó sonriendo. Esto no es la primera vez que lo hago. Siempre tiene que ser con cuidado y estando casi segura de que va a resultar. Es una manera de aflojar tensión, porque el que llora, normalmente no quiere estar llorando, pero no puede controlarse. Y esa misma emoción le da flojera y reacciona con risa cuando rompemos con esta estúpida realidad. Entonces a la criatura (si se ha percatado de la tristeza materna) es lo mejor que se le puede regalar.

Mariló Tamarit (Doctora Zirujuana)

Un conejo en el hospital

Camillera Juanola Pastilla (Mado Vidal)

Entramos en Urgencias del Hospital Clínico de Valencia y las enfermeras nos comentaron en la transmisión que Lucas, de 2 añitos, estaba allí por una neumonía con derrame. Lloraba hasta cuando se le acercaban ellas, seguramente no querría vernos. Así que Analista (Txetxe Folch) y Juanola Pastilla (el nombre de mi payasa) nos quedamos a distancia de su cama, no le mirábamos directamente a los ojos y hablábamos entre nosotras con voz suficientemente alta para que nos oyera. Él tampoco nos miraba, tenía la cabeza girada hacia el otro lado. Hablábamos de que habíamos llevado un conejo al hospital, y allí no se podían llevar conejos, como nos pillaran… ¡Uf! Él miraba de reojo para ver el conejo. Seguimos buscando un lugar para esconderlo y mientras, empezamos a hacer música suave para despistar a las enfermeras y disimular. Conseguimos acercar el conejo a los pies de la cama, y cuando Lucas estaba a punto de pillarlo se escondía. “Que no me pille Lucas, si Lucas me mira me avisas que me escondo”. Y Lucas ya estaba con nosotras, sonriendo y jugando a pilla pilla con conejo. ¡Qué maravilla! Dándole el tiempo suficiente, el espacio necesario y el juego adecuado logramos conectar con el peque asustado y transformar su emoción.

Mado Vidal (Juanola Pastilla)

Un mamut que quería volar

Doctora Vacuna (Laura Suñer)

En el Servicio de Oncología del Hospital La Fe estaba Fermín de 8 meses, otro nuevo diagnóstico reciente. Su mamá llora en el pasillo, cerca de la puerta. No puede creer la realidad de su pequeño. Logramos que le asome una sonrisa al darle la vuelta, en lo posible, a la situación y prometerle que lo haremos bien, que no llore, que cantaremos lo mejor posible. Y Fermín, que sonríe un tanto extrañado cuando nos ve entrar a su habitación, mira de soslayo a su abuela que lo sostiene, lo anima a escuchar nuestra canción “El mamut”: “Un mamut chiquito que quería volar…” El chiquitín baila, se mueve como volando cual mamut chiquito, al final tira el chupete como muestra de alegría. Y su recién llegado abuelo, de sonrisa amplia y energía protectora, también participa de buen grado con nosotras, aplaudiendo, apoyando nuestra actuación. Dicen que la esencia de la sabiduría es la total aceptación del momento presente. Dicen que la falta de aceptación de lo inevitable es fuente de sufrimiento y de desarmonía… pero, ¿quien deja de sufrir con estas grandes pruebas que pone la vida? ¿Cómo confiar entonces en el equilibrio de la vida, en la armonía del universo? ¿Cómo aceptar el momento presente, con las cosas en el modo en que suceden? ¿Cómo aceptar los límites de la vida y los reverses de destino? ¿Se puede restablecer el equilibrio perdido…? Sobre mis pasos, flotando, me quedan estas reflexiones cual nube en forma de mamut que aprende a volar…

Laura Suñer (Doctora Vacuna)

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