¡Buenas noches…!

¡Bienvenidos al Diario de PayaSOSpital! Con la idea de que se conozca mejor el impacto del trabajo de PayaSOSpital y la dimensión humana de lo que hacemos en los hospitales de la Comunidad Valenciana donde acudimos, ofrecemos este diario de anécdotas y experiencias que viven nuestros payasos cada día en las habitaciones de los niños hospitalizados que visitamos semana tras semana. Las situaciones descritas en el blog son reales pero con el fin de preservar la intimidad de las personas, aparecen con nombres ficticios.

Le tiré un besito

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Beni Cilina (Núria Urioz)

Marta tiene 9 años y está recién llegada del quirófano. Llora todavía mareada por la anestesia. Y le duele el pie. El papá, erguido a su lado, la coge y el resto de la familia rodea gran parte de la cama. El enfermero Mero (Luka Soriano) y yo, nos cruzamos en la puerta de la habitación a una enfermera que sale diciéndonos que no con la cabeza. Nos quiere dar a entender que no hay nada que hacer. ¡Qué equivocada está!

Mero y Beni (el nombre de mi payasa) saben perfectamente como introducirse suavemente en esta situación para, desde dentro, poder acompañarla hacia una transformación, hacia un momento más tranquilo, menos traumático. Esa es la belleza de nuestro oficio… cuando lo conseguimos, claro.

Así que, lenta y musicalmente fuimos entrado hasta poder llegar a jugar a: ¿Le duele o le huele, el pie? Y divertirnos. No había carcajadas. Claro que no. (Para quien no lo sabe: nosotros no siempre buscamos las carcajadas. Buscamos la transformación. Quitamos plomo).

Había sosiego, había despertar de la anestesia… Había una ligera sonrisa en la cara de Marta y una muy grande con dientes blancos en las caras de la mamá y el papá.

Cuando salíamos de la habitación, la niña estaba relajada y, antes de cerrar la puerta, yo le tiré un besito. ¡Ella me lo devolvió!

Núria Urioz

(Cap de Cervell Beni Cilina)

¡Tienes un chichón!

Jime

Doña Urgencia (Jimena Cavalletti)

En una de las habitaciones del Hospital La Fe nos encontramos con Mónica de 9 años con una PCI (Parálisis Cerebral Infantil), ingresada porque se había fracturado la cadera. Estaba sola y al vernos hubo una atracción, como cuando hace mucho tiempo que estás esperando un tren y cuando lo ves venir de lejos, crees que si lo miras fijo el tren llegará más rápido, algo así.

Nos acercamos con la enfermera Mina Mercromina (Asun Cebrián) y en el transcurso de presentarnos me choqué con una puerta. La niña se rió a boca abierta y ese es un momento clave, donde podemos crear una historia de mariposas, de policías verdes o de canguros depilados porque sabemos dónde está su risa. Esto me sigue emocionando y más con los niños, ya que con ellos la repetición es un agradecimiento.
Sólo con intentar presentarnos sin darnos ningún golpe fue suficiente como historia para compartir con Mónica.

Su risa era cada vez más entusiasta y generosa y eso es puro combustible para encender el motor de “quien da más” y buscar por todos los medios el mejor momento de darte un nuevo golpe.

Con tanto entusiasmo y verborragia nosotras íbamos construyendo conflictos con la mejor intención de hacer unas buenas presentaciones y ella cada vez más abierta de risa. Mi compañera y yo estábamos cada vez más entregadas, hasta que calculé mal el golpe y realmente me di en la cabeza con el borde de la cama. Justo al levantarme Mina me toca donde me había dado el golpe, con su dedo mágico y mi frente sonaba algo así como: ¡Mec, mec!

Jugado el momento y disfrutado con Mónica hasta el final, con muchísima risa, complicidad y pulmones ensanchados. Al salir Mina me dice: ¡Tienes un chichón!

Jimena Cavalletti (Doña Urgencia)

Del llanto a la risa

Luka

En el Hospital Dr. Peset de Valencia, nos dirigíamos a hacer la trasmisión cuando por el pasillo nos encontramos a la Dra. Sara que nos dice:

– A ver si podéis hacer algo con ese niño.

Señala a una de las habitaciones del final del pasillo y al acercarnos escuchamos más claramente unos gritos. Entramos y nos encontramos a un médico, dos enfermeras y la madre de un niño de unos 6 años en estado de crisis que grita llorando que quiere irse y que le quiten “eso” de la cabeza  (Electrodos para prueba de electroencefalograma).

Baldomero, más conocido por Mero (el nombre de mi clown) comienza a pedir que le pongan un cable, que él también quiere, ¡que eso es lo que le ponen a los astronautas! Comienza el juego con algunas pausas, pues los gritos por momentos se imponen en el ambiente de manera rotunda. Continuamos sin mucho éxito hasta que Beni Cilina (mi compañera) saca una postal para dársela. Al verla, el niño dice entre sollozos:

– ¡No la quiero!

Mero: ¿Ves? ¡No la quiere! ¡¡Esta pa mí!!

Beni: ¡No! Entonces para ella. (Se la da a la madre)

El niño comienza a prestar atención.

Baldomero se la quita. Beni se la quita a Mero…

Comenzamos a subir en la escala de emoción hasta que los dos payasos acaban “pegándose” con la postal.

Poco a poco el niño inicia una sonrisa hasta que acaba riendo a carcajadas ante la cara alucinada de la madre.

Al salir, una de las enfermeras nos dice un sincero: ¡Enhorabuena!

Nuevamente,  14 años después de mi primera intervención en el hospital, me sigue fascinando el poder práctico que tiene el  arte  para transformar la realidad…

Nuevamente agradecido.

Luka Soriano (Enfermero Baldomero)

 

Reencuentro mágico

Asun y Ventu

Profesor Microscopio y Enfermera Mina Mercromina

El Profesor Microscopio (Ventura Cano) y yo acudimos a la fiesta de supervivientes de oncología en el Hospital Clínico de Valencia. Hicimos un show en consultas externas, que estuvo muy divertido. Luego tuvimos un reencuentro mágico.

Estábamos hablando con Irene, la supervisora de Hospital de Día y, de pronto, aparecieron dos chicas adolescentes con sus mamás. Una de las madres se dirige a mí y me dice: tengo 200 fotos de vosotros. ¡¡Madre mía!! Le dije yo, eso es un álbum completo. Y la madre le dice a la niña, refiriéndose a mí. ¿Te acuerdas? Esta es la payasa que llevaba los recados a tu amigo. La chica asintió. La miré tratando de recordar. Era una adolescente preciosa de pelo largo, resuelta y muy simpática en sus comentarios. Al principio no la conocí, había cambiado mucho. Pero de repente, me apareció un recuerdo muy nítido.

Se llamaba Jessica y era una niña que había estado ingresada por un periodo largo de tiempo. Mientras estuvo en tratamiento, también ingresaron a un amigo suyo en la misma planta del hospital, en otra habitación. Como estaban aislados por sus tratamientos médicos, no se podían ver, y los payasos hacíamos de correo llevando recados del uno al otro. Éramos el correo payasil. Con este juego estuvimos durante tiempo, mientras los dos estuvieron ingresados. Los payasos como emisarios éramos desastrosos: hacíamos todo tipo de incongruencias, nos equivocábamos en los mensajes, nos olvidábamos de lo que nos habían dicho… pero lo que siempre nos salía muy bien era hacer que la risa fuera una compañera de viaje de estos dos niños y sus familias en momentos tan duros. Su mamá y ella nos agradecieron aquellos ratos de distracción, de risa y fantasía durante su estancia en el hospital.

Pensé que para mí, sí que había sido un privilegio haber podido compartir estos momentos con ellos. Mi compañero, el Profesor Microscopio y yo, reflexionamos sobre cuanta gente, niños, niñas y sus familias nos recordarán, por esos instantes efímeros que compartimos con ellos. Hemos tratado de ayudarles a hacer que la realidad fuera, al menos por un momento, un poco menos dura.

Tras 17 años de oficio, me siento agradecida de haber podido compartir con estas familias, momentos tan difíciles. Les doy las gracias por habernos permitido entrar en sus habitaciones, con nuestra tontería, magias, músicas y gansadas. Y también por compartir con nosotros esos momentos de fantasía dentro de una realidad tan adversa y cruel. Gracias.

Asun Cebrián (Enfermera Mina Mercromina)

¿De verdad creéis que se entera?

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Supervisora Remedios (Esther Ramos)

Ens disposem a entrar Dottor Otto i jo, guitarra en mà, en l’ habitació de Natalia, de 33 dies, però la mare només obrir la porta ens diu que no vol, que la xiqueta és massa xicoteta i que no s’ entera. Nosaltres, anem entrant poc a poc jugant amb ella, dient-li que fins i tot anem a Nonats i que si té “d’estes”, referint-nos a les orelles. Ella diu que sí rient i sorpresa de que anem també a les incubadores. Mentre li anem dient tot açò he anat fent acompanyament amb la guitarra, de manera suau, i quan ja estem allí davant d’ella i de Natalia lis fem una cançó.

Ella casi ni ens mira, no sabem si perquè està tallada o perquè no sap cóm reaccionar. A meitat cançó entra la germana de la mamà, que veient la situació, respectuosa, es posa a prop d’elles. L’ intervenció acaba i poc a poc anem eixint.

Al ratet la germana se’ns apropa pel passadís dient que la seua germana no podia mirar perquè estava emocionada, que moltes gràcies i que està agraïda de que fem aquest treball.

Continuem intervenint en altres habitacions, on en algunes no tanquem la porta, de repent veiem a Natalia i la seua mamà que comencen a seguir-nos on fem música. La mamà ens diu que quan ens hem anat, la xiqueta ha començat a plorar i per això ens seguia, per la música, perquè així es callava.

Ha segut molt bonic, ha passat de no voler, a buscar-nos i preguntar-nos: “¿De verdad creéis que se entera?

Esther Ramos (Supervisora Remedios)

Esa media sonrisa…

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Max Recetax (Sergio Claramunt)

Cada semana, o incluso cada día, al acudir regularmente durante todo el año a visitar los mismos hospitales, vamos acumulando anécdotas sin parar que te llegan al corazón. Recuerdo una que, a pesar de los años que ya han pasado, me conmovió de una manera especial.

Llevábamos 4 semanas visitando a un niño oncológico de 3 años que nunca habíamos conseguido hacer reír. Siempre llegábamos a su habitación en el momento que su madre se había ido a tomar un café, con lo cual el pequeño estaba solo durante nuestras visitas. A nuestra llegada nos miraba atentamente, pero no tenía ningún tipo de reacción. Incluso, en algunas ocasiones, mi compañera y yo, probando diversas tonterías y ocurrencias, nos hacíamos reír entre nosotros, pero el pequeño ni se inmutaba. Seguía atento, pero sin manifestar ninguna expresión.

La compañera payasa que me acompañaba se cansó y se desanimó, a la 3ª semana desistió a entrar en su habitación aislada. Yo, sin embargo, sentí que tenía que seguir insistiendo. Entraba en su cuarto, lo saludaba, me instalaba en una silla y comenzaba a tocar algunos temas musicales con mi guitarra. Kevin, así se llamaba el niño, permanecía serio.

Las enfermeras empezaron a comentarme que el niño me escuchaba con mucha atención, aunque yo no era en absoluto consciente de esta reacción. Hasta que un día, cuando me vio asomar por la puerta, esbozó media sonrisa. Nadie se lo podía creer y por supuesto, yo tampoco. El niño me había reconocido y me sonreía tímidamente. Hicimos una gran fiesta. Esta vez mi compañera sí que se decidió a entrar, las enfermeras también se unieron y comenzaron todas a bailar al ritmo de mi guitarra. Kevin tenía un brillo especial en sus ojos.

Fue algo inédito, maravilloso y mágico. Nunca olvidaré ese día, ese niño ni esa media sonrisa… por muchos años que pasen.

Sergio Claramunt (“Dotor” Max Recetax)

La melodía silbada de Lolo

Doc Tornillo

Doc Tornillo (Quique Montoya)

En una de las habitaciones de la 5º planta del Hospital General de Alicante, en el servicio de Lactantes, se encontraba Javier de 2 años con su papá. Antes de entrar en su cuarto decidí sacar a Lolo, el loro (la marioneta que ese día había decidido llevar en mi bolsillo).

Mi compañera de ese día, La Doctora Pili Dora (Paqui Noguera), entró buscándolo, pero Lolo comenzó a jugar al escondite: aparecía y desaparecía por detrás de su cabeza, en un hombro, en el otro… provocando las risas de Javier y su padre. Una vez que Pili Dora encontró por fin al loro, comenzó a cantar una dulce canción, al tiempo que Lolo le hacía la música silbando. Fue muy bonito para todos, además del nacimiento de un nuevo mini número para los niños pequeños.

Al finalizar la jornada, el pasillo estaba vacío, pero entre el silencio inconfundible del hospital sobresalía una melodía silbada… era el papá de Javier, que llevaba un buen rato silbando.

Me fui a casa con una íntima sonrisa.

Quique Montoya (Doc Tornillo)

“¡Uf, no estoy para payasos…!”

Pili Dora (Paqui Noguera) y Teo Mómetro (Panchii Coves)

Aquest ha estat un dia especialment emocionant. Quan jo i Teo Mómetro (Panchi Coves) hem anat a la UCI allí ens esperaven amb unes orquídies que una mare agraïda havia dut per a cadascuna de les persones del personal sanitari que havia estat amb la seua filleta. Ser tractats com uns més del personal sanitari per a nosaltres ja és tenir-nos es molt alta estima. Una mare agraïda amb el personal es una cosa magnífica.

Les orquídies venien acompanyades d’aquesta carta:

En la puerta de la UCI hay un cartel de PayaSOSpital, lo estuve mirando con Luca y le dije: “El lunes pasan por la UCI pediátrica”. Ayer fue Lunes.

Durante estos días no he podido mimar a Lola, porqué la situación era delicada, y ayer por la mañana le quitaron unos cuantos cables, tubos y sondas, y la enfermera me dijo: “Prueba a tranquilizarla”. Yo, contentísima, me pongo a su lado y me comienzo a acariciarle la carita, poco a poco la niña comienza a relajarse y se duerme… finalmente siento la satisfacción de un trabajo bien hecho. Miro a la puerta y veo allí dos payasos, y pienso: “Ahora estos con la guitarra me despiertan al bebé”. Pasan la Doctora Pili Dora y el Enfermero Teo Mómetro, gastan cuatro bromas y me sacan la sonrisa. Dicen: “Mamá, tú también nos necesitas”, y yo pienso: “¡Uf, no estoy para payasos…!”.

Se ponen a tocar la guitarra, muy bajito, y me dicen: “Lola duerme, pero en sus sueños soñará las notas” y empiezan a cantar “Un barquito de cáscara de nuez”. Intento mantener la compostura, pero en cuestión de cinco segundos me derrumbo y empiezo a llorar como si no hubiera mañana, la cabeza entre las manos, sollozos, mocos, pitos, de todo… un llanto desesperado, pero que me supo a gloria. Aquella canción me daba palmaditas en la espalda y me decía: “Tranquila, mamá, ya ha pasado, puedes bajar la guardia y dejarte llevar…” Mi sorpresa fue cuando levante la mirada, Lolailo dormía serana pero la enfermera lloraba, ¡pañuelo en mano! Después de tantos años en aquel puesto de trabajo, donde habrá visto de todo, aún tenía la capacidad de emocionarse y ponerse en nuestro lugar. Viendo el panorama los payaSOS dijeron: “¡Vámonos, que lo estamos haciendo muy mal!” y todas otra vez a sonreír.

Estos días he vivido demasiadas sensaciones, unas muy desagradables y otras maravillosas, esta es una de ellas, una estima y una admiración tremenda hacia el trabajo de este hospital, ¡me quedo con lo bueno! No he podido sentirme más arropada.

Quan vaig parlar amb Nuria per a demanar-li de publicar-la, em va dir que era una escrit que havia enviat per whatsapp a les seues persones estimades, que podia escriure-ho millor. Yo li vaig dir que ho volia així, tal i com li va sortir de l’anima.

Gràcies Nuria.

Paqui Noguera (Doctora Pili Dora Comprimida)

¡Qué rebonico!

Doctor Otto (Oscar Benagues)

Doctor Otto (Oscar Benagues)

Volvemos a ver en el Hospital General de Castellón, a un niño muy conocido por nosotros, por los frecuentes ingresos, llamado Sergi de 7 años. Esta vez se encontraba en la UCI Pediátrica con un problema respiratorio, pero como hacía mucho tiempo que no lo veíamos no llegamos a reconocerlo. En el momento de la transmisión (donde se nos informa del estado de los niños ingresados) nos cuenta el doctor Adrián que la criatura está sedada y que cree que es mejor que centremos nuestra visita en otros niños, descartando, por tanto, la intervención con Sergi.

El pequeño está acompañado por su madre y al salir de Uci me quedé con la mosca detrás de la oreja. La cara de su madre me resultaba muy familiar… hasta que caigo en la cuenta de que se trataba de nuestro querido Sergi y su mamá.

Al siguiente jueves sucedió algo sorprendente. Sergi continuaba entubado y sedado, aunque esta vez los médicos nos habían dicho que querían que empezara a despertar. Al entrar en la UCI comenzamos a saludar a su madre y al oír nuestras voces, nuestro amiguito abrió los ojos repentinamente con la consiguiente sorpresa de los allí presentes.

Su madre nos contó que continúa tocándole la nariz a todo el mundo para comprobar si les suena, ya que de bien pequeñito, jugábamos a eso. ¡Qué rebonico!

Oscar Benagues (Doctor Otto)

Una experiencia enriquecedora

Enfermero Teo Mómetro (Panchi Coves)

Teo Mómetro (Panchi Coves) y Pili Dora (Paqui Noguera)

En el Box nº 3 del Servicio de U.C.I. del Hospital General de Alicante nos encontramos a Belén de 15 meses. La pequeña fue atropellada por un vehículo, con lo cual ha sido atendida por los doctores especialistas en Neurología. Nos dijeron que muy pronto le iban a dar el alta, ya estaba muy recuperada.

Las extremidades de María, muñecas y tobillos, estaban sujetadas con cintas de gasa a los laterales de la cuna. Esta situación es habitual en estas edades, ya que evita que el bebé se extraiga solo las vías y demás. Es triste ver esto, pero al mismo tiempo es necesario.

Belén estaba tranquila, con una bandeja sobre la que había un reproductor de videos. Una especie de ordenador pequeñito. Estaba viendo una película de dibujos. Ella nos miró cuando entrabamos en su estancia. Le hablamos dulcemente y avanzamos con cuidado. No mostró ningún tipo de temor. Lentamente le mostramos la guitarra, Pilidora (Paqui Noguera) y yo le cantamos una nana francesa “Ma Petite”, a dos voces, muy lindamente armonizada y ajustada al espacio. Belén nos echaba un vistazo de cuando en cuando durante la canción.

Al finalizar y despedirnos muy cómplices, nos miró con cara de “no os vayáis”. Me acerqué y saqué una postal con la fotografía de todos nosotros, los payasos. La niña intentó desquitarse de las cintas y pareció que cayó en la cuenta de que estaba atada. Me miró y yo le acerqué la postal hasta su mano. Sujetó la postal y la colocó ante su cara como pudo para observarla. Y durante el tiempo que tardamos en desaparecer, se quedó clavada con aquellos pintorescos personajes sin volvernos mirar.

Fue experiencia muy enriquecedora para mí.

Panchi Coves (Enfermero Teo Mómetro)

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