¡Buenas noches…!

¡Bienvenidos al Diario de PayaSOSpital! Con la idea de que se conozca mejor el impacto del trabajo de PayaSOSpital y la dimensión humana de lo que hacemos en los hospitales de la Comunidad Valenciana donde acudimos, ofrecemos este diario de anécdotas y experiencias que viven nuestros payasos cada día en las habitaciones de los niños hospitalizados que visitamos semana tras semana. Las situaciones descritas en el blog son reales pero con el fin de preservar la intimidad de las personas, aparecen con nombres ficticios.

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Odio a los payasos

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Doctor Ambulancio (Darío Piera)

Eloy, de 7 años, estaba en Oncología en el Hospital La Fe de Valencia. Nada más vernos, dijo: “Odio a los payasos” y se tapó la cara, negando cualquier relación. Aunque insistimos un poco dejándonos ver, hubiera sido demasiado forzado continuar intentándolo.

Otro día nos lo encontramos en la escuela del hospital: estaba viendo un libro sobre la “Guerra de las Galaxias”. Aprovechando la situación, la enfermera Mina Mercromina y yo comenzamos a hablar entre nosotros, de los personajes que salían en la saga. De esta forma establecimos una relación más indirecta. De hecho, fue muy tierno ver como él no nos miraba ni quería hablar con nosotros, pero sin embargo cuando nos íbamos, levantó el libro para que pudiéramos seguir viéndolo y continuar con los comentarios sobre los personajes. Después ya enlacé con el juego de retratar a Mina en la pizarra y con eso finalmente pudimos hacer una actuación para él.

Nos comentaron que Eloy estaba reaccionando así con todo el mundo, algo que se intuía. A veces me sorprende que no haya más niños que nos reciban así, porque realmente se les saca de su contexto y su entorno, para pasar por experiencias que no son nada agradables para ellos.

Dario Piera (Doctor Ambulancio)

¡A tu salud!

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Cap de Cervell Beni Cilina (Núria Urioz)

Néstor, de 13 años, estaba ingresado en el servicio de Pediatría del Hospital Dr. Peset de Valencia, por dolor abdominal. Le habían dado un líquido “asqueroso” que tenía que ir bebiendo cada 15 minutos. Era para evacuar.

Cuando llegamos, el Profesor Microscopio (Ventura Cano) y yo, Beni Cilina (el nombre de mi payasa), Néstor estaba en la primera toma. Al adolescente le costaba muchísimo ingerir su brebaje.

Al percatarse de la situación, Beni Cilina fue a buscar otro vaso y una botella idéntica para que Microscopio también bebiera ese mejunje. El jovencito sabía que, obviamente, era agua, pero entró en el juego. Gracias a los locos brindis de Néstor y Micro, el chaval se acabó esa primera toma con alegría.

Cuando salimos de su habitación nos regaló un precioso: “¡Gracias!”

Núria Urioz (Cap de Cervell Beni Cilina)

Codo con codo

Profesor Microscopio

Profesor Microscopio (Ventura Cano)

Cuando íbamos por el pasillo de la 5ª planta del Hospital Clínico, camino al ascensor, Marisa, la supervisora de Pediatría, nos llamó desde dentro de una habitación. Estaba retirando una vía a una niña con leucemia. Mi compañero (Max Recetax) y yo comenzamos a distraerla. Aunque de vez en cuando la pequeña miraba lo que le hacían en el brazo, nosotros volvíamos a captar su atención. Todo fue muy bien, aunque algún lamento se le escapó a la criatura.

En ocasiones el personal del hospital requiere de nuestras habilidades artísticas para llevar a cabo su tarea. Marisa, al terminar su labor, reconoció la ayuda prestada indicándonos que gracias a ella el trabajo había sido mucho mejor. Quedamos satisfechos con el reconocimiento y con la buena relación que hay entre el personal sanitario y nosotros, los payasos.

Ventura Cano (Profesor Microscopio)

Un tiburón en la habitación

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Doctora Esparadrapa (Elena Doncel)

Mi compañera Doña Urgencia (Jimena Cavalletti) y yo empezamos la jornada en el Hospital General de Castellón tarareando la canción de Superman. Como de costumbre, fuimos directamente al Hospital de Día. En la habitación que hay delante de la puerta de ese servicio había una niña oncológica que, según las enfermeras, estaba muy enfada y triste. En la transmisión (donde se nos informa del estado de los ingresos) nos contaron que la pequeña les decía que ella era un tiburón que comía enfermeras. Con esa información, me puse de acuerdo con Doña Urgencia para coger la propuesta al vuelo y entrar en la habitación diciéndole que teníamos una canción para ella. Enseguida pudimos comprobar que la pequeña no estaba muy contenta, al asegurarnos que no le iba a gustar. A pesar del rechazo inicial, empezamos a cantarle una canción con la melodía de Superman​ que decía: “soc el tauró que menja infermeres…”. La niña empezó a reír y a divertirse con la improvisada canción que repetíamos añadiéndole coreografía. Finalmente pasamos un momento muy divertido con ella, con sus familiares y con las enfermeras que presenciaron la escena. Claramente pudimos entrar en la “frecuencia” de la niña escuchando su enfado y trasformar el momento. Los niños necesitan sentirse escuchados, sentir que lo que dicen es importante para los adultos. En este caso, cantar una canción con lo que estaba viviendo en ese momento hizo que tomara protagonismo, que su voz rebotara y confirmara su valiosa existencia.

Elena Doncel (Doctora Esparadrapa)

Todos a una

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Cap de Cervell Beni Cilina (Núria Urioz)

A Álvaro, de 4 años, lo tienen que operar de las amígdalas. Pero está como “una moto”: muy agitado y alterado, en plan terremoto. Con nosotros tiene muy buen rollo, aunque quiere cogerlo todo. Se nos tira encima y no hay quien lo pare.

La anestesista, después de haber realizado el contacto previo, se ha ido y ha vuelto. Nos ha encontrado jugando con la mascarilla y ha intervenido diciendo que era muy chulo nuestro juego, pero que ella traía una jeringuilla… Nos hemos sumado inmediatamente a dar buena vibración porque debía ponerle un tranquilizante en la nariz.

En el momento de la inyección no hemos podido hacer gran cosa, ya que ha sido necesario sujetar a Álvaro. Después, con la música, hemos ayudado a que se quedara un poco tranquilo mientras el medicamento hacía su efecto.

En una conversación aparte, la anestesista elogió nuestra intervención y reconoció que en muchos casos nuestro trabajo facilita la labor dentro del quirófano. Tuvimos también un gesto muy bonito de Jota, un celador aficionado a la magia que estaba en el quirófano y que aportó su granito de arena haciendo aparecer una pelotita en mi oreja. Luego se esperó a que Álvaro estuviera más tranquilo para llevarlo a quirófano.  Realmente hemos hecho un súper trabajo en equipo, pues en un momento estábamos la anestesista, los payasos y el celador, juntos, todos a una.

Núria Urioz (Cap de Cervell Beni Cilina)

“Eres perdiueta”

Ventura

Profesor Microscopio (Ventura Cano)

Aquella mañana en la UCI, nos comunicaron que Mónica se encontraba acompañada de su familia en los momentos finales de su vida. Hacía mucho tiempo que la conocíamos. No sé cuantos martes hemos llamado a su puerta y pedido permiso para estar un rato con ella. Cuento con los dedos de una mano la cantidad de carcajadas sonoras que le hemos provocado. Siempre se había mostrado tímida y callada, pero nunca dejaba de estar atenta a nuestras tonterías y ocurrencias. Recuerdo un día en el que el Doctor Cápsulo (Jaume Costa) se puso a bailar una canción tradicional valenciana: “Eres perdiueta”, y sucumbió a la risa al verlo. Hubo otra mañana donde le pedimos consejo para ser modelos profesionales… Al recordarla me vienen imágenes de sus mejores momentos de risa. Su largo tratamiento la hizo vivir en el hospital durante meses, incluso adornó su habitación como si fuera su casa, algo que yo nunca había visto. Días después, en la sala de enfermeras de Pediatría, pudimos leer un mensaje colgado en la pared: “Ha llamado el abuelo de Mónica y nos ha dado las gracias por todo lo que hemos hecho por su nieta”.

Ventura Cano (Profesor Microscopio)

 

Adiós feliz

Jime

Cuando me asomé en la habitación junto a mi compañera Beni Cilina (Nuria Urioz), la pequeña Aitana, de 3 años, nos vio y empezó a llorar. Inmediatamente comenzamos a despedirnos con un pañuelo grande rosa. Viendo que empezaba a calmarse, decidimos cambiar de color y sacamos un pañuelo verde. El cambio la relajaba cada vez más. Así que decidimos seguir cambiando para mantener su atención. Pasamos al naranja y como ya no nos quedaban más pañuelos diferentes, fuimos sumándolos hasta terminar con los 3 pañuelos en el aire haciendo malabares. Mientras tanto, ella ya estaba en una especie de absorción total de esas que dejan la boca abierta. Nosotras fuimos haciendo desaparecer uno a uno los pañuelos hasta que apareció uno muy pequeñito que hacía que nuestra voz también fuera más agudita. Ahí soltó su primera carcajada. A partir de ese momento el juego fue: pañuelo grande-voz grave, pañuelo pequeño-voz aguda. De esa manera apareció otro dulce malabar, donde nuestro ritmo y su risa jugaban al equilibrio. Acabamos  lanzándonos besos grandes y abiertos desde el pasillo hasta su cama. Fue un gran placer y un enriquecimiento artístico. Hermosa transformación sin palabras y con mucho amor.

Jimena Cavalletti (Doña Urgencia)

¿Sonidos de la selva?

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Enfermera Mina Mercromina (Asun Cebrian)

Visitamos a Raúl en el Hospital La Fe de Valencia, un niño de 8 años ingresado por Traumatismo Cráneo Encefálico. Había estado en la UCI y hacía poquito que lo habían llevado a planta. Las enfermeras nos comentaron que estaba muy aletargado y que no sabían si podríamos hacer algo. Cuando mi compañero Cápsulo (Jaume Costa) y yo llegamos a su habitación, la mamá nos recibió entre resignada y triste. Le pedimos permiso para pasar y nos dijo que sí. El chico tenía la cabeza vendada y los ojos entreabiertos. Mirando a la mamá y a él preguntamos: “¿Una canción?”. Y comenzamos a cantar “En la selva”. Raúl nos escuchaba sin mirarnos, pero de pronto Cápsulo se equivocó y dónde tenía que rugir el león, croaba la rana. El pequeño abrió más los ojos, nos miró y esbozó una mínima sonrisa. A partir de ahí, Cápsulo y Mina (el nombre de mi payasa), no dieron una en cuanto a sonidos de la selva se refiere: gallinas, gatos, periquitos, incluso camiones. Raúl cada vez se reía un poco más. Su mamá lo miraba con los ojos muy abiertos. Cuando acabamos de transitar por ese alocado mundo sonoro y nos marchamos, ella nos dio las gracias casi con un susurro, cómo si no quisiera empañar ese momento mágico. 

Asun Cebrian (Mina Mercromina)

Miranda sin su ojo

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Doctora Zirujuana (Mariló Tamarit)

Aquel día trabajé con el Profesor Microscopio (Ventura Cano) en el Hospital La Fe de Valencia. Al llegar al servicio de “Hospital de Día” entramos al box de Ignacio, que tenía 2 añitos, y de Damián, de 4 años, ambos diagnosticados de leucemia. Ignacio nos miró y ya tuvo suficiente. Sin embargo, Damián estaba sentado en la cama de cara a la pared. Tenía la cabeza vendada y un lloro quejoso y sin pausa. Nosotros intentamos captar su atención, pero era casi imposible porque estaba con los ojos cerrados. En ese momento saqué a Miranda, una marioneta confeccionada por mí con un calcetín azul. Empecé a reñirla porque estaba pegando trompazos y… ¡comiéndose la cortina! El pequeño pasó del llanto a la risa con el numerito que estabamos montando. De repente… ¡cayo encima de su cama uno de los ojos de Miranda! ¡Se despegó y se quedó con la cuenca azul al aire! Todos nos sorprendimos y nos burlamos de la marioneta. Damián el primero, porque Miranda pensaba que seguía estando guapa, pero la verdad es que daba bastante impresión… Una vez más, la desgracia ajena, aunque sea de un títere, provoca risa a los espectadores. Damián se quedó tranquilo y de muy buen humor. ¡Olé!

Mariló Tamarit (Doctora Zirujuana)

Tocando el Ukelele

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Enfermera Paquita Tiritas (Susana Giner)

En la UCI del Hospital General de Alicante, fuimos a visitar a Elena, una niña de 10 años con PCI (parálisis cerebral infantil), la cual padece un síndrome raro. Es una especie de retraso que le impide conectar con su alrededor. Las enfermeras nos dicen que no se entera mucho. Le tocamos una canción con el ukelele y ella tiene la mirada como perdida. Pero cuando ve el instrumento no para de mirarlo. Me aproximo y ella sigue con sus ojos el instrumento. Se lo acerco y la invito a tocar. Cojo su mano y deslizo sus dedos por las cuerdas, la pequeña entusiasmada repite el gesto por sí misma.

A la semana siguiente la encontramos con su madre en la cuarta planta. La señora muy contenta nos comenta que las enfermeras le dijeron que su hija estuvo tocando el ukelele. Volvemos a cantar para ella y Elena hace sonar las cuerdas, mientras su mamá sonríe junto a ella.

Susana Giner (Enfermera Paquita Tiritas)

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