¡Buenas noches…!

¡Bienvenidos al Diario de PayaSOSpital! Con la idea de que se conozca mejor el impacto del trabajo de PayaSOSpital y la dimensión humana de lo que hacemos en los hospitales de la Comunidad Valenciana donde acudimos, ofrecemos este diario de anécdotas y experiencias que viven nuestros payasos cada día en las habitaciones de los niños hospitalizados que visitamos semana tras semana. Las situaciones descritas en el blog son reales pero con el fin de preservar la intimidad de las personas, aparecen con nombres ficticios.

La magia existe

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Doctora Zirujuana (Mariló Tamarit)

Aquella mañana cuando mi compañera Beni Cilina (Núria Urioz) y yo intentamos acceder sin éxito a la sala de consultas de Otorrinolaringología del Hospital Doctor Peset, contamos con la ayuda de Claudio (6 años), un colaborador súper bonico que nos explicó cómo entrar: “Primero una y detrás la otra”. ¡Vaya par de torponas podemos llegar a ser!

Por la tarde le volvimos a ver a en la 7ª planta, en el servicio de Pediatría, esperando su turno para el quirófano. Estuvimos jugando con él un rato en su habitación. Parece increíble, pero se creía totalmente un juego de magia que hacemos con una monedita en una caja. Inocente, amoroso y tímido. Tras algún intento fallido de hacer desaparecer la moneda, le pedí ayuda al mocito. La Doctora Zirujuana (el nombre de mi payasa) no se aclaraba con las palabras mágicas y le preguntó si él sabría decirlas. Efectivamente, el pequeño las pronunció a la perfección y la moneda… ¡desapareció! Todos quedamos muy alucinados al descubrir que Claudio es un mago verdadero. Nosotras incluso le hicimos reverencias.

Antes de salir de la habitación, Beni Cilina descubrió dónde “el mago” tenía escondida la moneda. Se acercó al niño y se la sacó de detrás de la oreja. Fue entonces cuando ya lo dejamos flipado. Pero luego nos dejó rendidas a sus pies cuando dijo: “La magia de la caja la he hecho yo, pero… la magia de la oreja tú, Beni”.

Le habíamos dado a entender que la magia era por él, por sus soplidos y sus poderes… ¡Guau! Estaba totalmente convencido de lo que estaba diciendo.

Es una de esas situaciones en las que te quedas enamorada del momento y no te querrías haber ido nunca. Lo cual me confirma que no solo son conmovedoras las situaciones donde el niño está gravemente enfermo y surgen emociones de ese modo. En este caso, era su ternura la que nos emocionó. Efectivamente… ¡la magia existe!

Mariló Tamarit (Doctora Zirujuana)

El gesto de Ximo

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Enfermero Teo Mómetro (Panchi Coves)

Ximo tiene 2 añitos, está en el box nº 2 de la UCI del Hospital General de Alicante por un tumor cerebral. Ya lo han operado 3 veces. Este niño es un caso complicado, desde luego. Visiblemente su afección le genera convulsiones, espasmos y tics de forma continua. Parte de ellos, al parecer, cesan cuando duerme.

Durante nuestras visitas hemos recurrido a estimularlo musicalmente por sugerencia del Dr. Roberto, el jefe de la UCI pediátrica. Ese día Ximo estaba consciente. Tenía una acompañante, no sabemos si la madre, un familiar o su tutora. En cualquier caso, estaba muy contenta de que estuviésemos allí para el pequeño.

Comenzamos a entonar “Endivinàfrica”, canción creada por nosotros donde se requiere la participación de los oyentes, pero no hacía falta buscar la respuesta de Ximo, bastaba que fuera mero espectador.

El resultado fue tal, que al terminar y marcharnos, todos animamos al crío a decir adiós, en especial la señora que lo acompañaba, que le sujetó la mano articulándola a modo de despedida. Cuando soltó su extremidad se la veía afligida, triste, desesperada…, deseando que Ximo fuese autónomo.

Para sorpresa de todos los presentes, el niñito dejó su manita suspendida en el aire e hizo un esforzado saludo por cuenta propia. La señora se echó las manos a la boca y retirándose a la pared, se echó a llorar de alegría y emoción.

A mi compañera, Pili Dora Comprimida (Paqui Noguera) esto le conmovió profundamente. Y jolín… a mí también. Sentí que habíamos sido eficaces en nuestra misión.

Panchi Coves (Enfermero Teo Mómetro)

Estruendo en el aseo

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Esa mañana en el Hospital General de Alicante, hicimos varias visitas con el tema de los pedos, que no solemos utilizar mucho, pero ese día surgió en la habitación de Andrés. El muchachito tenía 4 años y no quería que entráramos. Le precisamos que sólo era para usar el aseo y de este modo nos dejó pasar.

La Doctora Pili Dora Comprimida (Paqui Noguera) dentro del cuarto de baño, la enfermera Paquita Tiritas (el nombre de mi payasa) en la puerta esperando. Pili Dora “petorra” perdida y Paquita Tiritas sofocada dando escusas: que si las lentejas… que si las cañerías… medio mareada por el tufillo. El niño, con cada estruendo del “petorro”, se mondaba de risa.

Su negativa a jugar con nosotras se convirtió en un desternillante juego para todos.

Susana Giner (Enfermera Paquita Tiritas)

Del enfado al juego

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Doctor Ambulancio (Darío Piera)

Nos encontramos con Diego de 4 añitos. Estaba en la sala de espera de consultas externas de otorrinolaringología del Hospital Universitario Dr. Peset en Valencia. Esa mañana me acompañaba la Cap de Cervell Beni Cilina (Núria Urioz), con la cual improvisamos una escena que tuvo que ver con las “energías” y nos dejó emocionados.

El pequeño salió de la consulta muy enfadado. El Doctor Ambulancio (el nombre de mi payaso) se puso a su lado, le espejó emocional y físicamente entrando en el mismo estado. En ocasiones, Ambulancio le pedía que le enseñara cómo enojarse más, porque mi payaso quería enfadarse mucho. Así, mostrando lo disgustados que estaban, ambos asustaban a Beni Cilina. Las repeticiones funcionaron de maravilla y al final Diego estaba encantado con el juego.

La magia había sucedido. El enfado inicial se convirtió en juego placentero. Tal fue la complicidad que luego el crío quería acompañarnos. Y todo esto, casi sin decir ni una palabra.

Darío Piera (Doctor Ambulancio)

A dos bandes…

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Supervisora Remedios (Esther Ramos)

Un altre cas que volia comentar es Iraida, de 20 mesos amb ferida al coll. Estàvem fent l’actuació des del passadís a un altre xiquet perquè tenia un poquet de por. Ens trobàvem amb Remo (el nom de la meua titella) i li fèiem pompes de sabó, quan de cop ens sentim una risotada darrere nostre. Era Iraida al braç de sa mare que s’havien posat darrere a mirar-nos. Prèviament la mare ens havia dit al vore’ns passar… “Uy, ésta es muy pequeñita”.

Va a ser inevitable que la nostra actuació fora, a partir d’eixe moment a dos bandes. L’energia i la risotada que tenia Iraida va envair el corredor.

De cop i volta comencen a treure caps les infermeres, sobretot les de pràctiques, amb cara de sorpresa. I també una altra xiqueta que no les tenia totes, però al vore el riure d’Iraida, va entrar molt bé a observar-nos.

Va a ser bonic vore la cara de la mare al·lucinada i inclús la nostra per l’esclat de riure d’Iraida cada cop que fem un ritme en concret.

Esther Ramos (Supervisora Remedios)

Su caja de risas nos hizo felices

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Doc Tornillo (Quique Montoya)

Carolina es una niña negrita de cinco años, con un tumor en el pulmón. Hasta ahora, siempre que íbamos a verla, nos había mirado atentamente, pero sin más reacción. Un día que fuimos a visitarla en la UCI conseguimos hacerla reír. Era la tercera vez que la visitábamos. Ese día estaba con su mamá, y la encontramos viendo un video de Dora, la exploradora. Mi compañera, la Doctora Pili Dora (Paqui Noguera) no sabía quién era la tal Dora, la exploradora. Entre la explicación del Doc Tornillo (mi payaso) y las risas de la madre, Carolina abrió su caja de risas y nos hizo felices a todos.

Al mes siguiente, cuando fuimos a la UCI a ver a Carolina, los miembros del equipo sanitario nos dijeron que en ese momento estaban probando con ella una nueva máquina de respiración y que no podíamos entrar en su habitación para verla. No obstante, nos rogaron por favor que volviéramos más tarde ya que se habían dado cuenta que nuestra visita le hacía mucho bien. Así que cuando volvimos, fuimos a verla y la pequeña siguió riendo como la semana pasada, lo cual nos reconfortó gratamente.

¡Gracias por tus risas, Carolina! ¡Gracias por tu complicidad, mamá de Carolina! ¡Y gracias por tu sensibilidad, estimado equipo sanitario de la UCI!

¡Hermoso trabajo el del payaso de hospital!

Quique Montoya (Doc Tornillo)

Le tiré un besito

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Beni Cilina (Núria Urioz)

Marta tiene 9 años y está recién llegada del quirófano. Llora todavía mareada por la anestesia. Y le duele el pie. El papá, erguido a su lado, la coge y el resto de la familia rodea gran parte de la cama. El enfermero Mero (Luka Soriano) y yo, nos cruzamos en la puerta de la habitación a una enfermera que sale diciéndonos que no con la cabeza. Nos quiere dar a entender que no hay nada que hacer. ¡Qué equivocada está!

Mero y Beni (el nombre de mi payasa) saben perfectamente como introducirse suavemente en esta situación para, desde dentro, poder acompañarla hacia una transformación, hacia un momento más tranquilo, menos traumático. Esa es la belleza de nuestro oficio… cuando lo conseguimos, claro.

Así que, lenta y musicalmente fuimos entrado hasta poder llegar a jugar a: ¿Le duele o le huele, el pie? Y divertirnos. No había carcajadas. Claro que no. (Para quien no lo sabe: nosotros no siempre buscamos las carcajadas. Buscamos la transformación. Quitamos plomo).

Había sosiego, había despertar de la anestesia… Había una ligera sonrisa en la cara de Marta y una muy grande con dientes blancos en las caras de la mamá y el papá.

Cuando salíamos de la habitación, la niña estaba relajada y, antes de cerrar la puerta, yo le tiré un besito. ¡Ella me lo devolvió!

Núria Urioz

(Cap de Cervell Beni Cilina)

¡Tienes un chichón!

Jime

Doña Urgencia (Jimena Cavalletti)

En una de las habitaciones del Hospital La Fe nos encontramos con Mónica de 9 años con una PCI (Parálisis Cerebral Infantil), ingresada porque se había fracturado la cadera. Estaba sola y al vernos hubo una atracción, como cuando hace mucho tiempo que estás esperando un tren y cuando lo ves venir de lejos, crees que si lo miras fijo el tren llegará más rápido, algo así.

Nos acercamos con la enfermera Mina Mercromina (Asun Cebrián) y en el transcurso de presentarnos me choqué con una puerta. La niña se rió a boca abierta y ese es un momento clave, donde podemos crear una historia de mariposas, de policías verdes o de canguros depilados porque sabemos dónde está su risa. Esto me sigue emocionando y más con los niños, ya que con ellos la repetición es un agradecimiento.
Sólo con intentar presentarnos sin darnos ningún golpe fue suficiente como historia para compartir con Mónica.

Su risa era cada vez más entusiasta y generosa y eso es puro combustible para encender el motor de “quien da más” y buscar por todos los medios el mejor momento de darte un nuevo golpe.

Con tanto entusiasmo y verborragia nosotras íbamos construyendo conflictos con la mejor intención de hacer unas buenas presentaciones y ella cada vez más abierta de risa. Mi compañera y yo estábamos cada vez más entregadas, hasta que calculé mal el golpe y realmente me di en la cabeza con el borde de la cama. Justo al levantarme Mina me toca donde me había dado el golpe, con su dedo mágico y mi frente sonaba algo así como: ¡Mec, mec!

Jugado el momento y disfrutado con Mónica hasta el final, con muchísima risa, complicidad y pulmones ensanchados. Al salir Mina me dice: ¡Tienes un chichón!

Jimena Cavalletti (Doña Urgencia)

Del llanto a la risa

Luka

En el Hospital Dr. Peset de Valencia, nos dirigíamos a hacer la trasmisión cuando por el pasillo nos encontramos a la Dra. Sara que nos dice:

– A ver si podéis hacer algo con ese niño.

Señala a una de las habitaciones del final del pasillo y al acercarnos escuchamos más claramente unos gritos. Entramos y nos encontramos a un médico, dos enfermeras y la madre de un niño de unos 6 años en estado de crisis que grita llorando que quiere irse y que le quiten “eso” de la cabeza  (Electrodos para prueba de electroencefalograma).

Baldomero, más conocido por Mero (el nombre de mi clown) comienza a pedir que le pongan un cable, que él también quiere, ¡que eso es lo que le ponen a los astronautas! Comienza el juego con algunas pausas, pues los gritos por momentos se imponen en el ambiente de manera rotunda. Continuamos sin mucho éxito hasta que Beni Cilina (mi compañera) saca una postal para dársela. Al verla, el niño dice entre sollozos:

– ¡No la quiero!

Mero: ¿Ves? ¡No la quiere! ¡¡Esta pa mí!!

Beni: ¡No! Entonces para ella. (Se la da a la madre)

El niño comienza a prestar atención.

Baldomero se la quita. Beni se la quita a Mero…

Comenzamos a subir en la escala de emoción hasta que los dos payasos acaban “pegándose” con la postal.

Poco a poco el niño inicia una sonrisa hasta que acaba riendo a carcajadas ante la cara alucinada de la madre.

Al salir, una de las enfermeras nos dice un sincero: ¡Enhorabuena!

Nuevamente,  14 años después de mi primera intervención en el hospital, me sigue fascinando el poder práctico que tiene el  arte  para transformar la realidad…

Nuevamente agradecido.

Luka Soriano (Enfermero Baldomero)

 

Reencuentro mágico

Asun y Ventu

Profesor Microscopio y Enfermera Mina Mercromina

El Profesor Microscopio (Ventura Cano) y yo acudimos a la fiesta de supervivientes de oncología en el Hospital Clínico de Valencia. Hicimos un show en consultas externas, que estuvo muy divertido. Luego tuvimos un reencuentro mágico.

Estábamos hablando con Irene, la supervisora de Hospital de Día y, de pronto, aparecieron dos chicas adolescentes con sus mamás. Una de las madres se dirige a mí y me dice: tengo 200 fotos de vosotros. ¡¡Madre mía!! Le dije yo, eso es un álbum completo. Y la madre le dice a la niña, refiriéndose a mí. ¿Te acuerdas? Esta es la payasa que llevaba los recados a tu amigo. La chica asintió. La miré tratando de recordar. Era una adolescente preciosa de pelo largo, resuelta y muy simpática en sus comentarios. Al principio no la conocí, había cambiado mucho. Pero de repente, me apareció un recuerdo muy nítido.

Se llamaba Jessica y era una niña que había estado ingresada por un periodo largo de tiempo. Mientras estuvo en tratamiento, también ingresaron a un amigo suyo en la misma planta del hospital, en otra habitación. Como estaban aislados por sus tratamientos médicos, no se podían ver, y los payasos hacíamos de correo llevando recados del uno al otro. Éramos el correo payasil. Con este juego estuvimos durante tiempo, mientras los dos estuvieron ingresados. Los payasos como emisarios éramos desastrosos: hacíamos todo tipo de incongruencias, nos equivocábamos en los mensajes, nos olvidábamos de lo que nos habían dicho… pero lo que siempre nos salía muy bien era hacer que la risa fuera una compañera de viaje de estos dos niños y sus familias en momentos tan duros. Su mamá y ella nos agradecieron aquellos ratos de distracción, de risa y fantasía durante su estancia en el hospital.

Pensé que para mí, sí que había sido un privilegio haber podido compartir estos momentos con ellos. Mi compañero, el Profesor Microscopio y yo, reflexionamos sobre cuanta gente, niños, niñas y sus familias nos recordarán, por esos instantes efímeros que compartimos con ellos. Hemos tratado de ayudarles a hacer que la realidad fuera, al menos por un momento, un poco menos dura.

Tras 17 años de oficio, me siento agradecida de haber podido compartir con estas familias, momentos tan difíciles. Les doy las gracias por habernos permitido entrar en sus habitaciones, con nuestra tontería, magias, músicas y gansadas. Y también por compartir con nosotros esos momentos de fantasía dentro de una realidad tan adversa y cruel. Gracias.

Asun Cebrián (Enfermera Mina Mercromina)

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