Notas musicales que abren puertas

Gabi es un niño de 12 años con parálisis cerebral infantil que se encontraba ingresado en el Hospital General de Castellón con dolor abdominal. El primer día que intentamos visitarlo, actuaba junto a la Doctora y Cocinera Esparadrapa (Elena Donzel), pero la madre del niño, al vernos, vino a decirnos que no pasáramos por su habitación. Así lo hicimos, sin embargo al finalizar las intervenciones de ese día sentí algo extraño con relación a este hecho que me dejó inquieto.

La jornada siguiente actuaba con la Supervisora Remedios (Esther Ramos) y al llegar a la puerta de la habitación de Gabi, como yo ya conocía el caso, le dije a mi compañera que preguntara antes de entrar. Dio la casualidad que la madre de Gabi estaba en el baño y nos encontramos con el abuelo, el cual nos dijo que tenía que preguntar a la madre si podíamos pasar. Mientras esperábamos, comenzamos a hacer música desde la puerta, sin llegar a ver la reacción de Gabi, que estaba tumbado en la cama. Fue mágico sentir como la música, poco a poco, iba abriendo la puerta y Gabi reaccionaba de manera positiva. La mami al salir del baño, se dio cuenta que su hijo se emocionaba. Lo cogió en brazos y vio la expresión de su rostro, lo cual nos dio paso, ahora sí, a cantarle más cerca. Fue emocionantísimo sentir cómo, de repente, se habían roto unos prejuicios y estábamos todos disfrutando del momento. Me doy cuenta personalmente de hasta dónde podemos llegar con mucho respeto y un buen olfato.

Oscar Benages (Dotor Otto)

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Alegría en espacios aislados

Profesor Microscopio (Ventura Cano)

Me encontraba con Asun (Enfermera Mina Mercromina) en el Hospital La Fe de Valencia.  Estábamos realizando nuestra primera actuación en REA. En este servicio se encuentran aquellos pacientes que no se bastan por sí mismos para hacer frente a la vida. La mayoría necesitan aparatos médicos y cuidados especiales que les ayudan a mantenerla.

Mi compañera y yo estábamos en lo nuestro -cantábamos una nana a un bebé de poco tiempo- cuando un enfermero nos requirió para calmar a un paciente al que le hacían unas pruebas. Se trataba de un niño de tres años que reunía varios problemas de salud. Debía de estar quieto y calmado pero la realidad era bien distinta puesto que se mostraba inquieto y alterado. El malestar del niño había ido en aumento y dificultaba la tarea a los profesionales médicos. No pudiendo estos realizar su labor con total comodidad, requirieron nuestra presencia. Primero acudió mi compañera. Yo seguí cantándole al bebé. Estábamos en plena intervención y no era plan dejar a nuestro pequeño espectador a mitad de canción. Había que terminarla o darle fin sin sobresaltos. Cuando pude, me reencontré con mi compañera, me sume a ella y continuamos juntos. Desarrollamos una intervención ajustada a las necesidades del momento. El niño se mostró muy participativo en la medida de sus posibilidades. Tenía alguna dificultad para articular palabras y además apenas se escuchaba el fino hilo de su voz. Eso no impidió que volviese la calma a su cuerpo mostrándose muy atento a los títeres y demás recursos que empleamos con él. También dejaba hacer al equipo sanitario.

Al terminar la intervención, algo después de que los médicos finalizaran las pruebas,  se nos acercó un enfermero que agradeció nuestra labor. Decía que era un regalo ver como el niño, a pesar de todo lo que le estaba pasando, sonreía, se calmaba e incluso había llegado a reírse. También hizo hincapié en que somos muy necesarios en espacios tan aislados como Reanimación donde la alegría está muy ausente.

Ventura Cano (Profesor Microscopio)

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