La energía de Noelia

Doctora Vacuna (Laura Suñer)

En el servicio “Hospital de día” del Clínico, el Doctós Càpsulo (Jaume Costa) y yo visitamos a Noelia. La conocí en mayo del año pasado cuando ingresó como debut en la planta de oncología. La pequeña, de procedencia rumana, con gran mirada y manos inquietas, conectó con el mundo vacuno que acompaña a mi clown, la Doctora Vacuna, desde el primer día.

Seguramente tuvo que ver aquel enorme peluche en forma de vaca al que abrazaba y cuidaba con mimo. Ese día se hizo amiga de la Señora Vaca, mi marioneta, a través de la cual derrochó ternura y juego. Recuerdo que le decía: “Señora Vaca… ¿quiere dormir o bailar?… ¿Dormir?… ¡Vale!…”, y a modo de cuna se la acercó a su corazón, balanceándola y transmitiéndole/me su onda, su latir.

Aquel día Noelia era la única niña que había en el servicio. Así que cuando nos vio entrar se acercó contenta, pegando saltos, sonriendo. Con sus ojos despiertos y la abundante melena despeinada que le adornaba su pequeña cabeza. Dispuesta, y encontrando multitud de posibilidades de juego, nos observaba de arriba abajo. Se quedó prendada al escuchar el sonido de los instrumentos. Miró la flauta travesera y quería soplarla. Su mamá promete que algún día la apuntará para que aprenda a hacerla sonar. Mientras, tocamos y cantamos. A la voz de Natalia: ¡Una, dos y tres! Càpsulo se duerme sobre su mandolina y la niña espera a que se incline para pararlo y evitar que se caiga: ¡Càpsulo!

Es reconfortante contribuir a la alegría de esta niña y verla llena de energía, creciendo, jugando, escuchando con el deseo intenso del que quiere aprender y vivir plenamente.

Laura Suñer (Doctora Vacuna)

Se asoma un ratón

Dotor Max Recetax (Sergio Claramunt)

Ese día la UCI Pediátrica del Hospital Clínico de Valencia estaba completa. La doctora Eva nos informó del estado de los menores ingresados en ese servicio e inmediatamente después, mi compañero el Profesor Microscopio (Ventura Cano) y yo, el “Dotor” Max Recetax, nos pusimos en acción.

Al acercarnos a la primera cama, nada más vernos, Sandra de 3 años, afectada por una neumonía, comenzó a gritar y lloriquear, rechazando nuestra presencia. Ante tal reacción, solo bastó una mirada entre mi colega y yo para desaparecer del campo visual de la pequeña. Estaba sola, en un medio desconocido y hostil, era comprensible que la niña estuviera desconcertada, nerviosa e irritable. Yo opté por comenzar a hacerle música a un bebé con bronquiolitis que estaba en la cama contigua. Sin embargo, mi compañero sacó a Leo, su marioneta-ratón de biblioteca, y la empezó a asomar por entre los goteros y cajas de guantes que había enfrente de la cama de Sandra. Ante la aparición y desaparición de aquel divertido ratoncito, acompañado de sus ruiditos y vocecillas peculiares, la niña poco a poco abandonó su queja y observó curiosa las peripecias de aquel personajillo. Sin darme cuenta, la música de mi guitarra ponía banda sonora a aquella escena y la pequeña, seducida completamente por Leo, comenzó a reír. Nuestra presencia no le había gustado, pero las aventuras de ese leído roedor la tenían embelesada.

Más tarde, llegó la madre de Sandra y cuando nos íbamos de la UCI, la peque nos decía adiós con la manita y nos tiraba besitos. Por supuesto, Micro y yo, salimos encantados y sorprendidos porque, una vez más, la magia titiritera había dado excelentes resultados. Una gran ovación para Leo, ese fantástico ratón de biblioteca.

Sergio Claramunt (Dotor Max Recetax)

Equilibrio sobre papel

Enfermero Baldomero (Luka Soriano)

En el Hospital Clínico de Valencia, en el servicio de Hospital de Día, me meto en el baño mientras el Profesor Microscopio (Ventura Cano) empieza su presentación ante los niños y padres presentes. Minutos antes le había propuesto a mi compañero que actuaramos sin palabras. Dentro del baño, juego con el ruido de unas cuñas. Salgo con una en la mano, asombrado de mi descubrimiento. No siento aflorar propuesta de juego, así que vuelvo a meterme. Hago más ruido. Salgo de nuevo con un rollo de papel higiénico, nuevamente sorprendido. Tiro un poco del papel. Mi mirada le dice a Microscopio que estire más y se aleje al fondo de la sala. Le da el papel a una madre que está sentada al final. Luego a un niño y vuelve hasta mi lado. Mis ojos se fijan en el títere de Micro que apenas se asoma en su bolsillo. Mi mirada le vuelve a hablar. Me coloco el rollo en la boca y comienzo a tocar con la guitarra mientras el ratón Leo, su marioneta recién salida de su bolsillo, hace equilibrios. Todos miran atónitos… el ratoncito pasa al lado de una silla donde hay un bolso. Se mete allí. Sale del bolso un pequeño oso de peluche ante la mirada atónita de madres, niñas y niños. El oso vuelve al bolso y sale el ratón con un monedero. La risa de los presentes adquiere por un momento la calidad de un público en un teatro. Buscamos el final mientras continúa la música. Salimos despacio como si no hubiera pasado nada.

Luka Soriano (Enfermero Baldomero)

De lágrimas a sonrisas

Doctora Zirujuana (Mariló Tamarit)

Estaba en el Hospital Clínico de València con el Doctós Càpsulo Prentendós (Jaume Costa) y fuimos a visitar a Diego, de 5 meses, que llevaba bastante tiempo ingresado por gripe A, neumonía y convulsiones. Ese día su mamá estaba especialmente triste porque había recibido malas noticias sobre el diagnóstico de su pequeñín. Dadas las circunstancias, decidí sacar a mi pollito resultón (la marioneta que siempre me acompaña). Hicimos música bonita con la mandolina, interpretada por mi compañero. Diego observaba y disfrutaba muy serio. Mientras, la mamá intentaba mantener la calma pero de pronto se puso a llorar. Yo me doy cuenta y con cuidado le pregunto si estaba llorando porque Càpsulo lo estaba haciendo mal. Le tiré todas las culpas a él (¡pobre!) y ella acabó sonriendo. Esto no es la primera vez que lo hago. Siempre tiene que ser con cuidado y estando casi segura de que va a resultar. Es una manera de aflojar tensión, porque el que llora, normalmente no quiere estar llorando, pero no puede controlarse. Y esa misma emoción le da flojera y reacciona con risa cuando rompemos con esta estúpida realidad. Entonces a la criatura (si se ha percatado de la tristeza materna) es lo mejor que se le puede regalar.

Mariló Tamarit (Doctora Zirujuana)

Un conejo en el hospital

Camillera Juanola Pastilla (Mado Vidal)

Entramos en Urgencias del Hospital Clínico de Valencia y las enfermeras nos comentaron en la transmisión que Lucas, de 2 añitos, estaba allí por una neumonía con derrame. Lloraba hasta cuando se le acercaban ellas, seguramente no querría vernos. Así que Analista (Txetxe Folch) y Juanola Pastilla (el nombre de mi payasa) nos quedamos a distancia de su cama, no le mirábamos directamente a los ojos y hablábamos entre nosotras con voz suficientemente alta para que nos oyera. Él tampoco nos miraba, tenía la cabeza girada hacia el otro lado. Hablábamos de que habíamos llevado un conejo al hospital, y allí no se podían llevar conejos, como nos pillaran… ¡Uf! Él miraba de reojo para ver el conejo. Seguimos buscando un lugar para esconderlo y mientras, empezamos a hacer música suave para despistar a las enfermeras y disimular. Conseguimos acercar el conejo a los pies de la cama, y cuando Lucas estaba a punto de pillarlo se escondía. “Que no me pille Lucas, si Lucas me mira me avisas que me escondo”. Y Lucas ya estaba con nosotras, sonriendo y jugando a pilla pilla con conejo. ¡Qué maravilla! Dándole el tiempo suficiente, el espacio necesario y el juego adecuado logramos conectar con el peque asustado y transformar su emoción.

Mado Vidal (Juanola Pastilla)

A ritmo de rap

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Camillera Juanola Pastilla (Mado Vidal)

En el Hospital Clínico de Valencia, el doctor Juan nos pidió que, cuando visitáramos a Lucas, de 14 años, intentáramos que el chaval moviera los pies y las piernas. El adolescente estaba ingresado porque tenía una aparente parálisis en la pierna derecha. Le estaban haciendo pruebas, pero todo daba negativo y parecía más bien un problema de tipo psicosomático.

En este hospital, el equipo médico siempre nos recibe con los brazos abiertos. El doctor Juan nos había informado del estado de los menores ingresados, de manera ejemplar. Nos explicó multitud de detalles: una verdadera clase magistral. Fue maravilloso sentir que nos consideraba parte del equipo y nos trataba como tal.

Cuando entramos en la habitación de Lucas, creamos una intervención artística que involucraba a todos los presentes en el baile del “Rap del Tazo”… sobretodo a Lucas. Fue entonces cuando ocurrió lo increíble: el adolescente comenzó a mover los pies, acelerando, frenando, hacia un lado, hacia el otro, la rodilla… El doctor Juan entró a la habitación para ver lo que hacíamos y se sumó al juego con nosotros. Fue genial.

Mado Vidal (Camillera Juanola Pastilla)

Codo con codo

Profesor Microscopio

Profesor Microscopio (Ventura Cano)

Cuando íbamos por el pasillo de la 5ª planta del Hospital Clínico, camino al ascensor, Marisa, la supervisora de Pediatría, nos llamó desde dentro de una habitación. Estaba retirando una vía a una niña con leucemia. Mi compañero (Max Recetax) y yo comenzamos a distraerla. Aunque de vez en cuando la pequeña miraba lo que le hacían en el brazo, nosotros volvíamos a captar su atención. Todo fue muy bien, aunque algún lamento se le escapó a la criatura.

En ocasiones el personal del hospital requiere de nuestras habilidades artísticas para llevar a cabo su tarea. Marisa, al terminar su labor, reconoció la ayuda prestada indicándonos que gracias a ella el trabajo había sido mucho mejor. Quedamos satisfechos con el reconocimiento y con la buena relación que hay entre el personal sanitario y nosotros, los payasos.

Ventura Cano (Profesor Microscopio)

Los hermanitos también

Sergio

“Dotor” Max Recetax (Sergio Claramunt)

El personal sanitario de la UCI del Hospital Clínico de Valencia nos informó que Yasira era una niña marroquí de 12 años que estaba ingresada por una insuficiencia cardíaca. Nos aproximamos a ella con cierta precaución y descubrimos con agrado su apertura en una tímida sonrisa. En ese momento llegaron sus padres y poco a poco iniciamos nuestras persecuciones, tropiezos y torpezas. La jovencita y sus progenitores comenzaron a reír. Contentos de nuestro éxito nos despedimos con bromas y traspiés.

Al salir de este servicio nos dirigimos a la UCI Neonatal, pero justo antes de entrar me encuentro con dos niños pequeños. Están solos y un tanto asustados en el pasillo, superados por la fría antesala. Al vernos, sus ojos se agrandan llenos de ilusión y curiosidad. Ante tal circunstancia me detengo un instante. Miro alrededor y no veo a nadie. Me sorprende que no estén acompañados por algún adulto, y de repente caigo en la cuenta. Recuerdo las normas de la UCI: los menores tienen restringidas las visitas en esta unidad. Deduzco que son los dos hermanitos pequeños de Yasira. Sus padres han entrado a visitar a su hermana mayor y han quedado medio desamparados en la puerta, o por lo menos esa es la sensación que me causan.

Sin dudarlo un segundo, me agacho a su altura. Es un niño y una niña de unos 5 y 6 añitos respectivamente. Me presento risueño y saco de mi bolsillo mágico dos pegatinas de colores. Una para cada uno. Los niñitos me sonríen emocionados. Sus caritas se han transformado. Nos despedimos con gestos infantiles, sin mediar palabra. Me siento aliviado. Sus miradas reflejan agradecimiento. Yo, también lo estoy. Gratificado por la oportunidad que me brinda la ocasión.

Cuando un crío está grave, repercute en toda la familia. Nuestra misión es cuidar y estar atentos a todos ellos, sobre todo a los más frágiles: los hermanitos pequeños.

Sergio Claramunt (“Dotor” Max Recetax)

Risas a montones

Profesor Microscopio

Profesor Microscopio (Ventura Cano)

Cuando llegamos con mi compañero de ese día, el Doctor Ambulancio (Darío Piera), a la 5ª planta del Hospital Clínico, realizamos una intervención para Joan, un niño de 6 años que está en estudio por inestabilidad y vértigo. Tiene problemas de habla, pero se esfuerza en responder a nuestras preguntas.  

El juego creado entre nosotros giraba alrededor de una broma y la repetición de la misma. Obtuvimos un buen resultado ya que el pequeño se rió un montón. 

Más tarde, nos encontramos a su madre en el pasillo y nos dice que el niño no para de contar y recordar lo que ha vivido con los payasos.  

Nos hemos quedado en su memoria y tengo la intuición que permaneceremos en ella bastante tiempo. Se lo debió pasar bomba. Lo sacamos de donde estaba y se olvidó del hospital.  ¡Qué satisfacción! 

Ventura Cano (Profesor Microscopio)

Sin llanto y sin pañuelo

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«Dotor» Max Recetax (Sergio Claramunt)

En el último box de la UCI pediátrica del Hospital Clínico se encontraba Ricardo, un niño de 10 años ingresado por un problema respiratorio. Estaba solo y… llorando. Se nos encogió el corazón al verlo en ese estado y una mirada de complicidad entre mi compañero, el Profesor Microscopio (Ventura Cano) y yo, bastó para ponernos en acción de inmediato.

Comenzamos con mucha cautela presentándonos de una forma suave, pero muy tonta. El niño moderaba sus lloros sin perdernos de vista. Acabada esta tímida introducción, Microscopio le preguntó si le gustaba la magia. El pequeño afirmó con un leve movimiento de cabeza. Mi colega le advirtió que el “Dotor” Max Recetax (el nombre de mi payaso) era un gran mago. Yo me hice el sorprendido y con mucho apuro le dije a Microscopio que no tenía ni idea de lo que decía. Micro insistió y anunció que Max iba a hacer desaparecer el pañuelo que sacó de mi bolsillo. Sin poder eludir la situación, me puse manos a la obra.

Al primer intento de desaparición, Ricardo no dudó en señalar con su dedo dónde había ido a parar el pañuelo. El mago no era muy eficaz, sin embargo el jovencito ya había cesado su llanto. Tras varios esfuerzos frustrados, a cada cual más ridículo, creí que ya lo había conseguido, pero el pañuelo sobresalía descaradamente por debajo de mi sombrero tapándome media cara. El muchacho comenzó a sonreír. Mi payaso, desesperado, le pidió entonces un soplo mágico y… esta vez por fin… ante el asombro de los tres… ¡el pañuelo desapareció! Todos estupefactos buscamos en vano dónde podría estar el trapo evaporado. Un nuevo soplo de nuestro protagonista lo hizo aparecer de nuevo. Agradecidos y maravillados ante tal destreza, nos despedimos dejando al chaval perplejo y encantado, con un estado muy lejano al que le habíamos encontrado.

Mi camarada y yo salimos de la UCI gratamente satisfechos de contribuir al drástico cambio de humor del afligido y extraordinario mago.

Sergio Claramunt («Dotor» Max Recetax)

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