De lágrimas a sonrisas

Doctora Zirujuana (Mariló Tamarit)

Estaba en el Hospital Clínico de València con el Doctós Càpsulo Prentendós (Jaume Costa) y fuimos a visitar a Diego, de 5 meses, que llevaba bastante tiempo ingresado por gripe A, neumonía y convulsiones. Ese día su mamá estaba especialmente triste porque había recibido malas noticias sobre el diagnóstico de su pequeñín. Dadas las circunstancias, decidí sacar a mi pollito resultón (la marioneta que siempre me acompaña). Hicimos música bonita con la mandolina, interpretada por mi compañero. Diego observaba y disfrutaba muy serio. Mientras, la mamá intentaba mantener la calma pero de pronto se puso a llorar. Yo me doy cuenta y con cuidado le pregunto si estaba llorando porque Càpsulo lo estaba haciendo mal. Le tiré todas las culpas a él (¡pobre!) y ella acabó sonriendo. Esto no es la primera vez que lo hago. Siempre tiene que ser con cuidado y estando casi segura de que va a resultar. Es una manera de aflojar tensión, porque el que llora, normalmente no quiere estar llorando, pero no puede controlarse. Y esa misma emoción le da flojera y reacciona con risa cuando rompemos con esta estúpida realidad. Entonces a la criatura (si se ha percatado de la tristeza materna) es lo mejor que se le puede regalar.

Mariló Tamarit (Doctora Zirujuana)

Un conejo en el hospital

Camillera Juanola Pastilla (Mado Vidal)

Entramos en Urgencias del Hospital Clínico de Valencia y las enfermeras nos comentaron en la transmisión que Lucas, de 2 añitos, estaba allí por una neumonía con derrame. Lloraba hasta cuando se le acercaban ellas, seguramente no querría vernos. Así que Analista (Txetxe Folch) y Juanola Pastilla (el nombre de mi payasa) nos quedamos a distancia de su cama, no le mirábamos directamente a los ojos y hablábamos entre nosotras con voz suficientemente alta para que nos oyera. Él tampoco nos miraba, tenía la cabeza girada hacia el otro lado. Hablábamos de que habíamos llevado un conejo al hospital, y allí no se podían llevar conejos, como nos pillaran… ¡Uf! Él miraba de reojo para ver el conejo. Seguimos buscando un lugar para esconderlo y mientras, empezamos a hacer música suave para despistar a las enfermeras y disimular. Conseguimos acercar el conejo a los pies de la cama, y cuando Lucas estaba a punto de pillarlo se escondía. “Que no me pille Lucas, si Lucas me mira me avisas que me escondo”. Y Lucas ya estaba con nosotras, sonriendo y jugando a pilla pilla con conejo. ¡Qué maravilla! Dándole el tiempo suficiente, el espacio necesario y el juego adecuado logramos conectar con el peque asustado y transformar su emoción.

Mado Vidal (Juanola Pastilla)

A ritmo de rap

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Camillera Juanola Pastilla (Mado Vidal)

En el Hospital Clínico de Valencia, el doctor Juan nos pidió que, cuando visitáramos a Lucas, de 14 años, intentáramos que el chaval moviera los pies y las piernas. El adolescente estaba ingresado porque tenía una aparente parálisis en la pierna derecha. Le estaban haciendo pruebas, pero todo daba negativo y parecía más bien un problema de tipo psicosomático.

En este hospital, el equipo médico siempre nos recibe con los brazos abiertos. El doctor Juan nos había informado del estado de los menores ingresados, de manera ejemplar. Nos explicó multitud de detalles: una verdadera clase magistral. Fue maravilloso sentir que nos consideraba parte del equipo y nos trataba como tal.

Cuando entramos en la habitación de Lucas, creamos una intervención artística que involucraba a todos los presentes en el baile del “Rap del Tazo”… sobretodo a Lucas. Fue entonces cuando ocurrió lo increíble: el adolescente comenzó a mover los pies, acelerando, frenando, hacia un lado, hacia el otro, la rodilla… El doctor Juan entró a la habitación para ver lo que hacíamos y se sumó al juego con nosotros. Fue genial.

Mado Vidal (Camillera Juanola Pastilla)

Codo con codo

Profesor Microscopio

Profesor Microscopio (Ventura Cano)

Cuando íbamos por el pasillo de la 5ª planta del Hospital Clínico, camino al ascensor, Marisa, la supervisora de Pediatría, nos llamó desde dentro de una habitación. Estaba retirando una vía a una niña con leucemia. Mi compañero (Max Recetax) y yo comenzamos a distraerla. Aunque de vez en cuando la pequeña miraba lo que le hacían en el brazo, nosotros volvíamos a captar su atención. Todo fue muy bien, aunque algún lamento se le escapó a la criatura.

En ocasiones el personal del hospital requiere de nuestras habilidades artísticas para llevar a cabo su tarea. Marisa, al terminar su labor, reconoció la ayuda prestada indicándonos que gracias a ella el trabajo había sido mucho mejor. Quedamos satisfechos con el reconocimiento y con la buena relación que hay entre el personal sanitario y nosotros, los payasos.

Ventura Cano (Profesor Microscopio)

Los hermanitos también

Sergio

“Dotor” Max Recetax (Sergio Claramunt)

El personal sanitario de la UCI del Hospital Clínico de Valencia nos informó que Yasira era una niña marroquí de 12 años que estaba ingresada por una insuficiencia cardíaca. Nos aproximamos a ella con cierta precaución y descubrimos con agrado su apertura en una tímida sonrisa. En ese momento llegaron sus padres y poco a poco iniciamos nuestras persecuciones, tropiezos y torpezas. La jovencita y sus progenitores comenzaron a reír. Contentos de nuestro éxito nos despedimos con bromas y traspiés.

Al salir de este servicio nos dirigimos a la UCI Neonatal, pero justo antes de entrar me encuentro con dos niños pequeños. Están solos y un tanto asustados en el pasillo, superados por la fría antesala. Al vernos, sus ojos se agrandan llenos de ilusión y curiosidad. Ante tal circunstancia me detengo un instante. Miro alrededor y no veo a nadie. Me sorprende que no estén acompañados por algún adulto, y de repente caigo en la cuenta. Recuerdo las normas de la UCI: los menores tienen restringidas las visitas en esta unidad. Deduzco que son los dos hermanitos pequeños de Yasira. Sus padres han entrado a visitar a su hermana mayor y han quedado medio desamparados en la puerta, o por lo menos esa es la sensación que me causan.

Sin dudarlo un segundo, me agacho a su altura. Es un niño y una niña de unos 5 y 6 añitos respectivamente. Me presento risueño y saco de mi bolsillo mágico dos pegatinas de colores. Una para cada uno. Los niñitos me sonríen emocionados. Sus caritas se han transformado. Nos despedimos con gestos infantiles, sin mediar palabra. Me siento aliviado. Sus miradas reflejan agradecimiento. Yo, también lo estoy. Gratificado por la oportunidad que me brinda la ocasión.

Cuando un crío está grave, repercute en toda la familia. Nuestra misión es cuidar y estar atentos a todos ellos, sobre todo a los más frágiles: los hermanitos pequeños.

Sergio Claramunt (“Dotor” Max Recetax)

Risas a montones

Profesor Microscopio

Profesor Microscopio (Ventura Cano)

Cuando llegamos con mi compañero de ese día, el Doctor Ambulancio (Darío Piera), a la 5ª planta del Hospital Clínico, realizamos una intervención para Joan, un niño de 6 años que está en estudio por inestabilidad y vértigo. Tiene problemas de habla, pero se esfuerza en responder a nuestras preguntas.  

El juego creado entre nosotros giraba alrededor de una broma y la repetición de la misma. Obtuvimos un buen resultado ya que el pequeño se rió un montón. 

Más tarde, nos encontramos a su madre en el pasillo y nos dice que el niño no para de contar y recordar lo que ha vivido con los payasos.  

Nos hemos quedado en su memoria y tengo la intuición que permaneceremos en ella bastante tiempo. Se lo debió pasar bomba. Lo sacamos de donde estaba y se olvidó del hospital.  ¡Qué satisfacción! 

Ventura Cano (Profesor Microscopio)

Sin llanto y sin pañuelo

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“Dotor” Max Recetax (Sergio Claramunt)

En el último box de la UCI pediátrica del Hospital Clínico se encontraba Ricardo, un niño de 10 años ingresado por un problema respiratorio. Estaba solo y… llorando. Se nos encogió el corazón al verlo en ese estado y una mirada de complicidad entre mi compañero, el Profesor Microscopio (Ventura Cano) y yo, bastó para ponernos en acción de inmediato.

Comenzamos con mucha cautela presentándonos de una forma suave, pero muy tonta. El niño moderaba sus lloros sin perdernos de vista. Acabada esta tímida introducción, Microscopio le preguntó si le gustaba la magia. El pequeño afirmó con un leve movimiento de cabeza. Mi colega le advirtió que el “Dotor” Max Recetax (el nombre de mi payaso) era un gran mago. Yo me hice el sorprendido y con mucho apuro le dije a Microscopio que no tenía ni idea de lo que decía. Micro insistió y anunció que Max iba a hacer desaparecer el pañuelo que sacó de mi bolsillo. Sin poder eludir la situación, me puse manos a la obra.

Al primer intento de desaparición, Ricardo no dudó en señalar con su dedo dónde había ido a parar el pañuelo. El mago no era muy eficaz, sin embargo el jovencito ya había cesado su llanto. Tras varios esfuerzos frustrados, a cada cual más ridículo, creí que ya lo había conseguido, pero el pañuelo sobresalía descaradamente por debajo de mi sombrero tapándome media cara. El muchacho comenzó a sonreír. Mi payaso, desesperado, le pidió entonces un soplo mágico y… esta vez por fin… ante el asombro de los tres… ¡el pañuelo desapareció! Todos estupefactos buscamos en vano dónde podría estar el trapo evaporado. Un nuevo soplo de nuestro protagonista lo hizo aparecer de nuevo. Agradecidos y maravillados ante tal destreza, nos despedimos dejando al chaval perplejo y encantado, con un estado muy lejano al que le habíamos encontrado.

Mi camarada y yo salimos de la UCI gratamente satisfechos de contribuir al drástico cambio de humor del afligido y extraordinario mago.

Sergio Claramunt (“Dotor” Max Recetax)

Reencuentro mágico

Asun y Ventu

Profesor Microscopio y Enfermera Mina Mercromina

El Profesor Microscopio (Ventura Cano) y yo acudimos a la fiesta de supervivientes de oncología en el Hospital Clínico de Valencia. Hicimos un show en consultas externas, que estuvo muy divertido. Luego tuvimos un reencuentro mágico.

Estábamos hablando con Irene, la supervisora de Hospital de Día y, de pronto, aparecieron dos chicas adolescentes con sus mamás. Una de las madres se dirige a mí y me dice: tengo 200 fotos de vosotros. ¡¡Madre mía!! Le dije yo, eso es un álbum completo. Y la madre le dice a la niña, refiriéndose a mí. ¿Te acuerdas? Esta es la payasa que llevaba los recados a tu amigo. La chica asintió. La miré tratando de recordar. Era una adolescente preciosa de pelo largo, resuelta y muy simpática en sus comentarios. Al principio no la conocí, había cambiado mucho. Pero de repente, me apareció un recuerdo muy nítido.

Se llamaba Jessica y era una niña que había estado ingresada por un periodo largo de tiempo. Mientras estuvo en tratamiento, también ingresaron a un amigo suyo en la misma planta del hospital, en otra habitación. Como estaban aislados por sus tratamientos médicos, no se podían ver, y los payasos hacíamos de correo llevando recados del uno al otro. Éramos el correo payasil. Con este juego estuvimos durante tiempo, mientras los dos estuvieron ingresados. Los payasos como emisarios éramos desastrosos: hacíamos todo tipo de incongruencias, nos equivocábamos en los mensajes, nos olvidábamos de lo que nos habían dicho… pero lo que siempre nos salía muy bien era hacer que la risa fuera una compañera de viaje de estos dos niños y sus familias en momentos tan duros. Su mamá y ella nos agradecieron aquellos ratos de distracción, de risa y fantasía durante su estancia en el hospital.

Pensé que para mí, sí que había sido un privilegio haber podido compartir estos momentos con ellos. Mi compañero, el Profesor Microscopio y yo, reflexionamos sobre cuanta gente, niños, niñas y sus familias nos recordarán, por esos instantes efímeros que compartimos con ellos. Hemos tratado de ayudarles a hacer que la realidad fuera, al menos por un momento, un poco menos dura.

Tras 17 años de oficio, me siento agradecida de haber podido compartir con estas familias, momentos tan difíciles. Les doy las gracias por habernos permitido entrar en sus habitaciones, con nuestra tontería, magias, músicas y gansadas. Y también por compartir con nosotros esos momentos de fantasía dentro de una realidad tan adversa y cruel. Gracias.

Asun Cebrián (Enfermera Mina Mercromina)

¡No es así!

Max Recetax (Sergio Claramunt) y Beni Cilina (Nuria Urioz)

Max Recetax (Sergio Claramunt) y Beni Cilina (Nuria Urioz)

Cuando llegamos ese martes a la UCI, una niña pequeña, postrada en una de las camas del servicio, ya nos seguía con la mirada sin que nos diéramos cuenta.

Nuestra querida enfermera Eli nos contó su caso. Se llamaba Araceli y hace algún tiempo había sido diagnosticada de Fibrosis Quística. Debido a esta enfermedad crónica, su aspecto era de una nena de 4 años como mucho, pero la muchachita tenía 6 añitos. Había tenido una crisis, por eso, la habían ingresado. Sus padres no se ocupaban demasiado de ella ni venían a verla a menudo, ya que tenía muchos hermanitos más.

Mi compañera, Beni Cilina (Nuria Urioz) y yo comenzamos un acercamiento suave con mi marioneta-pez, musiquita y pompas de jabón… pero justo en ese momento, llegó la fisioterapeuta dispuesta a comenzar su sesión de ejercicios para su rehabilitación. Araceli estaba triste y un poco deprimida. No parecía muy dispuesta a hacerle caso. La especialista comenzó a proponerle movimientos con los brazos, pero Araceli ni se inmutó.

Sin dudarlo un segundo, comencé a mover mis extremidades caóticamente y probé a conectar con la niña diciendo:

– “Mira, a mí me sale muy bien”. La pequeña me ignoró. Aunque no suele gustarme demasiado desafiar a los niños, me arriesgué:

– “Seguro que Araceli no lo sabe hacer”.

Fue entonces cuando Araceli salió de su silencio e inmovilidad y cansada de verme hacerlo tan mal, me dijo:

– “No es así.”

Y comenzó a hacer el esfuerzo que se le proponía. Yo jugué la sorpresa:

– “¡Anda, a Araceli sí que le sale bien!”

A partir de ese instante, cada vez que la terapeuta le proponía un ejercicio, yo hacía una mala imitación. La pequeña se reía y me corregía, mientras nosotros nos sorprendíamos y la felicitábamos. Había comenzado la diversión, la risa… ¡y la sesión de rehabilitación! Increíble. Nos marchamos a visitar al siguiente niño, contentos y orgullosos de nuestra aportación.

Sergio Claramunt (“Dotor” Max Recetax)

Momento sanador

Beni Cilina (Nuría Urioz)

Beni Cilina (Nuría Urioz)

En la UCI del Hospital Clínico de Valencia, está Adriana de 2 años con muerte cerebral por shock séptico. Aunque estaba totalmente “dormida”, las complejas máquinas seguían manteniendo activo el funcionamiento de sus órganos vitales… ¿qué paradoja, no? No pude evitar recordar a mi papá cuando se hallaba igual. No pude evitar mi emoción. Siguiendo nuestras propias creencias y la metodología de PayaSOSpital, ofrecimos a Adriana una música suave, dulce, amorosa. La melodía de la mandolina, las caricias en su bracito… ya no éramos Cápsulo y Beni. Éramos Jaume y Núria, entregándole nuestro amor y deseándole un bonito camino a través de las estrellas.

Más tarde compartimos un momento muy emotivo con la enfermera Adela. Después de nuestra intervención con Adriana, yo estaba tan emocionada que pedí a Jaume retirarnos un momentito al cuarto reservado para el personal, dentro de la UCI. Necesitaba un respiro, soltar mi emoción y recobrar mi centro. Adela entró y al ver mis lágrimas, ella también soltó las suyas y compartió con nosotros la dificultad de su trabajo ante casos como el de Adriana. Nos dimos un buen abrazo lleno de complicidad. Para los tres fue muy reconfortante este momento lleno de humanidad, en el que las personas compartían su emoción ante la grandeza de la vida y la muerte, al margen de sus roles laborales. Fue un momento sanador.

Núria Urioz (Cap de Cervell Beni Cilina)

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