Todos a una

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Cap de Cervell Beni Cilina (Núria Urioz)

A Álvaro, de 4 años, lo tienen que operar de las amígdalas. Pero está como “una moto”: muy agitado y alterado, en plan terremoto. Con nosotros tiene muy buen rollo, aunque quiere cogerlo todo. Se nos tira encima y no hay quien lo pare.

La anestesista, después de haber realizado el contacto previo, se ha ido y ha vuelto. Nos ha encontrado jugando con la mascarilla y ha intervenido diciendo que era muy chulo nuestro juego, pero que ella traía una jeringuilla… Nos hemos sumado inmediatamente a dar buena vibración porque debía ponerle un tranquilizante en la nariz.

En el momento de la inyección no hemos podido hacer gran cosa, ya que ha sido necesario sujetar a Álvaro. Después, con la música, hemos ayudado a que se quedara un poco tranquilo mientras el medicamento hacía su efecto.

En una conversación aparte, la anestesista elogió nuestra intervención y reconoció que en muchos casos nuestro trabajo facilita la labor dentro del quirófano. Tuvimos también un gesto muy bonito de Jota, un celador aficionado a la magia que estaba en el quirófano y que aportó su granito de arena haciendo aparecer una pelotita en mi oreja. Luego se esperó a que Álvaro estuviera más tranquilo para llevarlo a quirófano.  Realmente hemos hecho un súper trabajo en equipo, pues en un momento estábamos la anestesista, los payasos y el celador, juntos, todos a una.

Núria Urioz (Cap de Cervell Beni Cilina)

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Quietos como estatuas

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Cap de Cervell Beni Cilina

En Urgencias del Hospital Dr. Peset de Valencia, la Dra. Esther sigue contando con nosotros. Cuando fui con el enfermero Baldomero (Luka Soriano), la médica nos pidió que jugáramos con Margaret, una niñita de 2 años, a que se estuviera quieta. Le había caído un armario encima de la cabeza y le iban a hacer un TAC. La pequeña es “un bicho” y no paraba de moverse. La Dra. Esther estaba intentando concienciarla sin éxito. Nos contó que si no conseguían inmovilizar a la pequeña para realizar la prueba, tendrían que anestesiarla.

Baldomero y Beni (nombre de nuestros payasos) inventaron enseguida un juego: mientras sonaba la música, bailabamos y cuando paraba, nos quedabamos quietos. Luego involucramos a la mamá: mientras ella cantaba, bailabamos y cuando ella decía: “¡Quietos!”, nos quedabamos como estatuas. Esto provocaba una gran carcajada en la pequeña. La mamá participó encantada. 
Fue un juego ingenioso y efectivo para el objetivo propuesto. Todos quedaron contentos y gratamente sorprendidos del resultado.

Núria Urioz (Cap de Cervell Beni Cilina)

 

Calmando a Tarzán

Nuria Urioz

Beni Cilina (Núria Urioz)

La Doctora Zirujuana (Mariló Tamarit) y yo habíamos conocido en el pasillo del hospital Dr. Peset a Esteban, un mocito de 4 años que había sido intervenido de un riñón. Lo saludamos mientras daba una vuelta con su mamá. La señora empujaba el dispensador de sueros con ruedas. En la actitud y forma de caminar del pequeño se notaba que le dolía.

Más tarde, al terminar una actuación con otro niño, salimos al pasillo y escuchamos llorar a Esteban en su habitación. Fuimos hacia allí y entramos con la broma de que habíamos oído a Tarzán. Después de cuatro tonterías selváticas más, empezamos a cantar muy bonito la canción de “Quiero ser cómo tú”. La criatura seguía llorando, pero poco a poco se fue relajando hasta acabar atendiendo y disfrutando de la música, rodeado por los brazos de su mamá, que también se relajaba.

Al finalizar, aún pudimos jugar un poco con él. Volvimos al tema de la selva y nos divertimos a confundir los distintos animales que imaginariamente íbamos encontrando. Fue un gusto ver cómo Esteban participaba y se reía. ¡Había olvidado por completo el berrinche!

Núria Urioz

(Cap de Cervell Beni Cilina)

La magia existe

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Doctora Zirujuana (Mariló Tamarit)

Aquella mañana cuando mi compañera Beni Cilina (Núria Urioz) y yo intentamos acceder sin éxito a la sala de consultas de Otorrinolaringología del Hospital Doctor Peset, contamos con la ayuda de Claudio (6 años), un colaborador súper bonico que nos explicó cómo entrar: “Primero una y detrás la otra”. ¡Vaya par de torponas podemos llegar a ser!

Por la tarde le volvimos a ver a en la 7ª planta, en el servicio de Pediatría, esperando su turno para el quirófano. Estuvimos jugando con él un rato en su habitación. Parece increíble, pero se creía totalmente un juego de magia que hacemos con una monedita en una caja. Inocente, amoroso y tímido. Tras algún intento fallido de hacer desaparecer la moneda, le pedí ayuda al mocito. La Doctora Zirujuana (el nombre de mi payasa) no se aclaraba con las palabras mágicas y le preguntó si él sabría decirlas. Efectivamente, el pequeño las pronunció a la perfección y la moneda… ¡desapareció! Todos quedamos muy alucinados al descubrir que Claudio es un mago verdadero. Nosotras incluso le hicimos reverencias.

Antes de salir de la habitación, Beni Cilina descubrió dónde “el mago” tenía escondida la moneda. Se acercó al niño y se la sacó de detrás de la oreja. Fue entonces cuando ya lo dejamos flipado. Pero luego nos dejó rendidas a sus pies cuando dijo: “La magia de la caja la he hecho yo, pero… la magia de la oreja tú, Beni”.

Le habíamos dado a entender que la magia era por él, por sus soplidos y sus poderes… ¡Guau! Estaba totalmente convencido de lo que estaba diciendo.

Es una de esas situaciones en las que te quedas enamorada del momento y no te querrías haber ido nunca. Lo cual me confirma que no solo son conmovedoras las situaciones donde el niño está gravemente enfermo y surgen emociones de ese modo. En este caso, era su ternura la que nos emocionó. Efectivamente… ¡la magia existe!

Mariló Tamarit (Doctora Zirujuana)

Del enfado al juego

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Doctor Ambulancio (Darío Piera)

Nos encontramos con Diego de 4 añitos. Estaba en la sala de espera de consultas externas de otorrinolaringología del Hospital Universitario Dr. Peset en Valencia. Esa mañana me acompañaba la Cap de Cervell Beni Cilina (Núria Urioz), con la cual improvisamos una escena que tuvo que ver con las “energías” y nos dejó emocionados.

El pequeño salió de la consulta muy enfadado. El Doctor Ambulancio (el nombre de mi payaso) se puso a su lado, le espejó emocional y físicamente entrando en el mismo estado. En ocasiones, Ambulancio le pedía que le enseñara cómo enojarse más, porque mi payaso quería enfadarse mucho. Así, mostrando lo disgustados que estaban, ambos asustaban a Beni Cilina. Las repeticiones funcionaron de maravilla y al final Diego estaba encantado con el juego.

La magia había sucedido. El enfado inicial se convirtió en juego placentero. Tal fue la complicidad que luego el crío quería acompañarnos. Y todo esto, casi sin decir ni una palabra.

Darío Piera (Doctor Ambulancio)

Le tiré un besito

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Beni Cilina (Núria Urioz)

Marta tiene 9 años y está recién llegada del quirófano. Llora todavía mareada por la anestesia. Y le duele el pie. El papá, erguido a su lado, la coge y el resto de la familia rodea gran parte de la cama. El enfermero Mero (Luka Soriano) y yo, nos cruzamos en la puerta de la habitación a una enfermera que sale diciéndonos que no con la cabeza. Nos quiere dar a entender que no hay nada que hacer. ¡Qué equivocada está!

Mero y Beni (el nombre de mi payasa) saben perfectamente como introducirse suavemente en esta situación para, desde dentro, poder acompañarla hacia una transformación, hacia un momento más tranquilo, menos traumático. Esa es la belleza de nuestro oficio… cuando lo conseguimos, claro.

Así que, lenta y musicalmente fuimos entrado hasta poder llegar a jugar a: ¿Le duele o le huele, el pie? Y divertirnos. No había carcajadas. Claro que no. (Para quien no lo sabe: nosotros no siempre buscamos las carcajadas. Buscamos la transformación. Quitamos plomo).

Había sosiego, había despertar de la anestesia… Había una ligera sonrisa en la cara de Marta y una muy grande con dientes blancos en las caras de la mamá y el papá.

Cuando salíamos de la habitación, la niña estaba relajada y, antes de cerrar la puerta, yo le tiré un besito. ¡Ella me lo devolvió!

Núria Urioz

(Cap de Cervell Beni Cilina)

Del llanto a la risa

Luka

En el Hospital Dr. Peset de Valencia, nos dirigíamos a hacer la trasmisión cuando por el pasillo nos encontramos a la Dra. Sara que nos dice:

– A ver si podéis hacer algo con ese niño.

Señala a una de las habitaciones del final del pasillo y al acercarnos escuchamos más claramente unos gritos. Entramos y nos encontramos a un médico, dos enfermeras y la madre de un niño de unos 6 años en estado de crisis que grita llorando que quiere irse y que le quiten “eso” de la cabeza  (Electrodos para prueba de electroencefalograma).

Baldomero, más conocido por Mero (el nombre de mi clown) comienza a pedir que le pongan un cable, que él también quiere, ¡que eso es lo que le ponen a los astronautas! Comienza el juego con algunas pausas, pues los gritos por momentos se imponen en el ambiente de manera rotunda. Continuamos sin mucho éxito hasta que Beni Cilina (mi compañera) saca una postal para dársela. Al verla, el niño dice entre sollozos:

– ¡No la quiero!

Mero: ¿Ves? ¡No la quiere! ¡¡Esta pa mí!!

Beni: ¡No! Entonces para ella. (Se la da a la madre)

El niño comienza a prestar atención.

Baldomero se la quita. Beni se la quita a Mero…

Comenzamos a subir en la escala de emoción hasta que los dos payasos acaban “pegándose” con la postal.

Poco a poco el niño inicia una sonrisa hasta que acaba riendo a carcajadas ante la cara alucinada de la madre.

Al salir, una de las enfermeras nos dice un sincero: ¡Enhorabuena!

Nuevamente,  14 años después de mi primera intervención en el hospital, me sigue fascinando el poder práctico que tiene el  arte  para transformar la realidad…

Nuevamente agradecido.

Luka Soriano (Enfermero Baldomero)

 

Una elefanta en Urgencias

Auxiliar Analista (Txetxe Floch)

Auxiliar Analista (Txetxe Floch)

Dentro del servicio de Urgencias del Hospital Dr. Peset en Valencia, la puerta de la consulta de la doctora Olga estaba cerrada, pero se oía llorar fuertemente a un pequeño. Tras actuar para otro nene que estaba en el box, Mina Mercromina y yo decidimos asomar la cabecita…

La doctora Olga nos vio y primero, impulsivamente, con la cabeza hizo un gesto de que ahora no iba bien. Cerré la puerta y casi al instante se abrió. Olga sonriendo, nos pidió que interviniéramos. Había un pequeño rubiales de tres años llorando desconsolado porque le querían auscultar, pero era doloroso cada vez que lo tocaban. Así que Analista (es el nombre de mi payasa) se agachó al lado, mientras miraba cómo del bolsillo de la bata, iba saliendo la elefanta Matilde, con su paraguas volador… al mismo tiempo sonaban unos lindos armónicos de la concertina de Mina.

El pequeño querubín, dejó de mirar donde le dolía y a los médicos, y empezó a atendernos cada vez más. Olga, la doctora, que es una gran cómplice nuestra y tiene una sensibilidad especial para los peques, esperó e hizo esperar al otro médico. Nos miraba, atendiendo cómo nos llevábamos al pequeño al mundo imaginario de Matilde la acróbata… y cuando ya vio que estábamos todos los de aquella habitación dentro del cuento, sólo entonces… se dedicó a tocar al nene, con cuidado de no molestarlo. Una gran maestra de la sensibilidad.

Txetxe Folch (Auxiliar Analista)

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