Del llanto a la risa

Luka

En el Hospital Dr. Peset de Valencia, nos dirigíamos a hacer la trasmisión cuando por el pasillo nos encontramos a la Dra. Sara que nos dice:

– A ver si podéis hacer algo con ese niño.

Señala a una de las habitaciones del final del pasillo y al acercarnos escuchamos más claramente unos gritos. Entramos y nos encontramos a un médico, dos enfermeras y la madre de un niño de unos 6 años en estado de crisis que grita llorando que quiere irse y que le quiten “eso” de la cabeza  (Electrodos para prueba de electroencefalograma).

Baldomero, más conocido por Mero (el nombre de mi clown) comienza a pedir que le pongan un cable, que él también quiere, ¡que eso es lo que le ponen a los astronautas! Comienza el juego con algunas pausas, pues los gritos por momentos se imponen en el ambiente de manera rotunda. Continuamos sin mucho éxito hasta que Beni Cilina (mi compañera) saca una postal para dársela. Al verla, el niño dice entre sollozos:

– ¡No la quiero!

Mero: ¿Ves? ¡No la quiere! ¡¡Esta pa mí!!

Beni: ¡No! Entonces para ella. (Se la da a la madre)

El niño comienza a prestar atención.

Baldomero se la quita. Beni se la quita a Mero…

Comenzamos a subir en la escala de emoción hasta que los dos payasos acaban “pegándose” con la postal.

Poco a poco el niño inicia una sonrisa hasta que acaba riendo a carcajadas ante la cara alucinada de la madre.

Al salir, una de las enfermeras nos dice un sincero: ¡Enhorabuena!

Nuevamente,  14 años después de mi primera intervención en el hospital, me sigue fascinando el poder práctico que tiene el  arte  para transformar la realidad…

Nuevamente agradecido.

Luka Soriano (Enfermero Baldomero)

 

Una elefanta en Urgencias

Auxiliar Analista (Txetxe Floch)

Auxiliar Analista (Txetxe Floch)

Dentro del servicio de Urgencias del Hospital Dr. Peset en Valencia, la puerta de la consulta de la doctora Olga estaba cerrada, pero se oía llorar fuertemente a un pequeño. Tras actuar para otro nene que estaba en el box, Mina Mercromina y yo decidimos asomar la cabecita…

La doctora Olga nos vio y primero, impulsivamente, con la cabeza hizo un gesto de que ahora no iba bien. Cerré la puerta y casi al instante se abrió. Olga sonriendo, nos pidió que interviniéramos. Había un pequeño rubiales de tres años llorando desconsolado porque le querían auscultar, pero era doloroso cada vez que lo tocaban. Así que Analista (es el nombre de mi payasa) se agachó al lado, mientras miraba cómo del bolsillo de la bata, iba saliendo la elefanta Matilde, con su paraguas volador… al mismo tiempo sonaban unos lindos armónicos de la concertina de Mina.

El pequeño querubín, dejó de mirar donde le dolía y a los médicos, y empezó a atendernos cada vez más. Olga, la doctora, que es una gran cómplice nuestra y tiene una sensibilidad especial para los peques, esperó e hizo esperar al otro médico. Nos miraba, atendiendo cómo nos llevábamos al pequeño al mundo imaginario de Matilde la acróbata… y cuando ya vio que estábamos todos los de aquella habitación dentro del cuento, sólo entonces… se dedicó a tocar al nene, con cuidado de no molestarlo. Una gran maestra de la sensibilidad.

Txetxe Folch (Auxiliar Analista)

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