A ritmo de rap

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Camillera Juanola Pastilla (Mado Vidal)

En el Hospital Clínico de Valencia, el doctor Juan nos pidió que, cuando visitáramos a Lucas, de 14 años, intentáramos que el chaval moviera los pies y las piernas. El adolescente estaba ingresado porque tenía una aparente parálisis en la pierna derecha. Le estaban haciendo pruebas, pero todo daba negativo y parecía más bien un problema de tipo psicosomático.

En este hospital, el equipo médico siempre nos recibe con los brazos abiertos. El doctor Juan nos había informado del estado de los menores ingresados, de manera ejemplar. Nos explicó multitud de detalles: una verdadera clase magistral. Fue maravilloso sentir que nos consideraba parte del equipo y nos trataba como tal.

Cuando entramos en la habitación de Lucas, creamos una intervención artística que involucraba a todos los presentes en el baile del “Rap del Tazo”… sobretodo a Lucas. Fue entonces cuando ocurrió lo increíble: el adolescente comenzó a mover los pies, acelerando, frenando, hacia un lado, hacia el otro, la rodilla… El doctor Juan entró a la habitación para ver lo que hacíamos y se sumó al juego con nosotros. Fue genial.

Mado Vidal (Camillera Juanola Pastilla)

Melodies màgiques

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Dr. Càpsulo Pretendós (Jaume Costa)

El cas de Susanna de 3 anys ens va sorprendre en el Hospital la Fe. Ja la varen sentir tot el temps bramant i plorant al arribar a la planta. I la sentíem també gran part del temps des del corredor mentre anaven visitant, Mina Mercromina (Asun Cebrián) i jo, les altres habitacions. En la transmissió les infermeres ens varen dir que era un problema social. Al arribar a la porta continuava plorant i va dir que no volia veure’ns. Nosaltres des de la porta, i fora del seu angle de visió, van decidir fer música. Vaig fer sonar la meua mandolina… poc a poc van observar que es calmava i va parar de gemegar: ¡UUUUUAAAAAAUUUUUU! ¡Que bé! Al menys havíem aconseguit llevar-li la tensió una estona. Hi havia varies persones en la habitació i una xica, que semblava una cuidadora, ens va donar de la seua part unes pegatines. Havia especial rebombori i pareix ser que estava estudiant-se el cas. Hi havia una assistenta social, i “de refiló” van sentir que la xiqueta li tenia fòbia als homes. Possible cas de abús?… Siga el que siga, amb la música la van calmar. I ens va obsequiar amb una pegatina a cadascú.

Jaume Costa (Dr. Càpsulo Pretendós)

Fan número uno

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Doctora Zirujuana (Mariló Tamarit)

Era jueves. Mina Mercromina y yo estábamos en el Hospital La Fe y nos tocaba visitar Hemodiálisis. Nada más entrar al pasillo, Marcelo nos saltó a los brazos. No podéis imaginar la alegría del niño al vernos. El personal sanitario y todos los que estaban por allí, no podían parar de mirar la escena. Fue muy emocionante.

– ¡Os quiero…! ¡Os echo tanto de menos! ¡Qué ganas de veros tenía! nos decía¿Y cómo están los demás payasos? Dadles muchos besos de mi parte y decidles que tengo muchas ganas de verlos… ¡Me sé todo vuestro disco “Dando la Nota”!

Una vez dentro del servicio, hicimos el espectáculo con él porque era un derroche de abrazos y alegría. Cantamos algunas de las canciones de nuestro disco, involucrando también a los otros niños presentes en el servicio. Marcelo cantaba con nosotras con fuerza interpretativa, impulsado por la emoción. Nos hizo cantar “Queda alguien más”, “María Sarmiento”, “Endevinàfrica”, “Chof Chof. En esta última, haciendo él la voz del pez…! Salimos de allí llenas de amor y buena energía para todo el mes.

Le aseguramos que íbamos a visitar el servicio los miércoles alternos. Se quedó muy satisfecho. Me dijo que le había llegado un mensaje que yo le dejé un día que fuimos a verlo y ya se había ido. Me lo agradeció mucho.

Mariló Tamarit (Doctora Zirujuana)

Todos a una

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Cap de Cervell Beni Cilina (Núria Urioz)

A Álvaro, de 4 años, lo tienen que operar de las amígdalas. Pero está como “una moto”: muy agitado y alterado, en plan terremoto. Con nosotros tiene muy buen rollo, aunque quiere cogerlo todo. Se nos tira encima y no hay quien lo pare.

La anestesista, después de haber realizado el contacto previo, se ha ido y ha vuelto. Nos ha encontrado jugando con la mascarilla y ha intervenido diciendo que era muy chulo nuestro juego, pero que ella traía una jeringuilla… Nos hemos sumado inmediatamente a dar buena vibración porque debía ponerle un tranquilizante en la nariz.

En el momento de la inyección no hemos podido hacer gran cosa, ya que ha sido necesario sujetar a Álvaro. Después, con la música, hemos ayudado a que se quedara un poco tranquilo mientras el medicamento hacía su efecto.

En una conversación aparte, la anestesista elogió nuestra intervención y reconoció que en muchos casos nuestro trabajo facilita la labor dentro del quirófano. Tuvimos también un gesto muy bonito de Jota, un celador aficionado a la magia que estaba en el quirófano y que aportó su granito de arena haciendo aparecer una pelotita en mi oreja. Luego se esperó a que Álvaro estuviera más tranquilo para llevarlo a quirófano.  Realmente hemos hecho un súper trabajo en equipo, pues en un momento estábamos la anestesista, los payasos y el celador, juntos, todos a una.

Núria Urioz (Cap de Cervell Beni Cilina)

Tocando el Ukelele

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Enfermera Paquita Tiritas (Susana Giner)

En la UCI del Hospital General de Alicante, fuimos a visitar a Elena, una niña de 10 años con PCI (parálisis cerebral infantil), la cual padece un síndrome raro. Es una especie de retraso que le impide conectar con su alrededor. Las enfermeras nos dicen que no se entera mucho. Le tocamos una canción con el ukelele y ella tiene la mirada como perdida. Pero cuando ve el instrumento no para de mirarlo. Me aproximo y ella sigue con sus ojos el instrumento. Se lo acerco y la invito a tocar. Cojo su mano y deslizo sus dedos por las cuerdas, la pequeña entusiasmada repite el gesto por sí misma.

A la semana siguiente la encontramos con su madre en la cuarta planta. La señora muy contenta nos comenta que las enfermeras le dijeron que su hija estuvo tocando el ukelele. Volvemos a cantar para ella y Elena hace sonar las cuerdas, mientras su mamá sonríe junto a ella.

Susana Giner (Enfermera Paquita Tiritas)

Quietos como estatuas

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Cap de Cervell Beni Cilina

En Urgencias del Hospital Dr. Peset de Valencia, la Dra. Esther sigue contando con nosotros. Cuando fui con el enfermero Baldomero (Luka Soriano), la médica nos pidió que jugáramos con Margaret, una niñita de 2 años, a que se estuviera quieta. Le había caído un armario encima de la cabeza y le iban a hacer un TAC. La pequeña es “un bicho” y no paraba de moverse. La Dra. Esther estaba intentando concienciarla sin éxito. Nos contó que si no conseguían inmovilizar a la pequeña para realizar la prueba, tendrían que anestesiarla.

Baldomero y Beni (nombre de nuestros payasos) inventaron enseguida un juego: mientras sonaba la música, bailabamos y cuando paraba, nos quedabamos quietos. Luego involucramos a la mamá: mientras ella cantaba, bailabamos y cuando ella decía: “¡Quietos!”, nos quedabamos como estatuas. Esto provocaba una gran carcajada en la pequeña. La mamá participó encantada. 
Fue un juego ingenioso y efectivo para el objetivo propuesto. Todos quedaron contentos y gratamente sorprendidos del resultado.

Núria Urioz (Cap de Cervell Beni Cilina)

 

El gesto de Ximo

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Enfermero Teo Mómetro (Panchi Coves)

Ximo tiene 2 añitos, está en el box nº 2 de la UCI del Hospital General de Alicante por un tumor cerebral. Ya lo han operado 3 veces. Este niño es un caso complicado, desde luego. Visiblemente su afección le genera convulsiones, espasmos y tics de forma continua. Parte de ellos, al parecer, cesan cuando duerme.

Durante nuestras visitas hemos recurrido a estimularlo musicalmente por sugerencia del Dr. Roberto, el jefe de la UCI pediátrica. Ese día Ximo estaba consciente. Tenía una acompañante, no sabemos si la madre, un familiar o su tutora. En cualquier caso, estaba muy contenta de que estuviésemos allí para el pequeño.

Comenzamos a entonar “Endivinàfrica”, canción creada por nosotros donde se requiere la participación de los oyentes, pero no hacía falta buscar la respuesta de Ximo, bastaba que fuera mero espectador.

El resultado fue tal, que al terminar y marcharnos, todos animamos al crío a decir adiós, en especial la señora que lo acompañaba, que le sujetó la mano articulándola a modo de despedida. Cuando soltó su extremidad se la veía afligida, triste, desesperada…, deseando que Ximo fuese autónomo.

Para sorpresa de todos los presentes, el niñito dejó su manita suspendida en el aire e hizo un esforzado saludo por cuenta propia. La señora se echó las manos a la boca y retirándose a la pared, se echó a llorar de alegría y emoción.

A mi compañera, Pili Dora Comprimida (Paqui Noguera) esto le conmovió profundamente. Y jolín… a mí también. Sentí que habíamos sido eficaces en nuestra misión.

Panchi Coves (Enfermero Teo Mómetro)

Le tiré un besito

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Beni Cilina (Núria Urioz)

Marta tiene 9 años y está recién llegada del quirófano. Llora todavía mareada por la anestesia. Y le duele el pie. El papá, erguido a su lado, la coge y el resto de la familia rodea gran parte de la cama. El enfermero Mero (Luka Soriano) y yo, nos cruzamos en la puerta de la habitación a una enfermera que sale diciéndonos que no con la cabeza. Nos quiere dar a entender que no hay nada que hacer. ¡Qué equivocada está!

Mero y Beni (el nombre de mi payasa) saben perfectamente como introducirse suavemente en esta situación para, desde dentro, poder acompañarla hacia una transformación, hacia un momento más tranquilo, menos traumático. Esa es la belleza de nuestro oficio… cuando lo conseguimos, claro.

Así que, lenta y musicalmente fuimos entrado hasta poder llegar a jugar a: ¿Le duele o le huele, el pie? Y divertirnos. No había carcajadas. Claro que no. (Para quien no lo sabe: nosotros no siempre buscamos las carcajadas. Buscamos la transformación. Quitamos plomo).

Había sosiego, había despertar de la anestesia… Había una ligera sonrisa en la cara de Marta y una muy grande con dientes blancos en las caras de la mamá y el papá.

Cuando salíamos de la habitación, la niña estaba relajada y, antes de cerrar la puerta, yo le tiré un besito. ¡Ella me lo devolvió!

Núria Urioz

(Cap de Cervell Beni Cilina)

¿De verdad creéis que se entera?

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Supervisora Remedios (Esther Ramos)

Ens disposem a entrar Dottor Otto i jo, guitarra en mà, en l’ habitació de Natalia, de 33 dies, però la mare només obrir la porta ens diu que no vol, que la xiqueta és massa xicoteta i que no s’ entera. Nosaltres, anem entrant poc a poc jugant amb ella, dient-li que fins i tot anem a Nonats i que si té “d’estes”, referint-nos a les orelles. Ella diu que sí rient i sorpresa de que anem també a les incubadores. Mentre li anem dient tot açò he anat fent acompanyament amb la guitarra, de manera suau, i quan ja estem allí davant d’ella i de Natalia lis fem una cançó.

Ella casi ni ens mira, no sabem si perquè està tallada o perquè no sap cóm reaccionar. A meitat cançó entra la germana de la mamà, que veient la situació, respectuosa, es posa a prop d’elles. L’ intervenció acaba i poc a poc anem eixint.

Al ratet la germana se’ns apropa pel passadís dient que la seua germana no podia mirar perquè estava emocionada, que moltes gràcies i que està agraïda de que fem aquest treball.

Continuem intervenint en altres habitacions, on en algunes no tanquem la porta, de repent veiem a Natalia i la seua mamà que comencen a seguir-nos on fem música. La mamà ens diu que quan ens hem anat, la xiqueta ha començat a plorar i per això ens seguia, per la música, perquè així es callava.

Ha segut molt bonic, ha passat de no voler, a buscar-nos i preguntar-nos: “¿De verdad creéis que se entera?

Esther Ramos (Supervisora Remedios)

Esa media sonrisa…

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Max Recetax (Sergio Claramunt)

Cada semana, o incluso cada día, al acudir regularmente durante todo el año a visitar los mismos hospitales, vamos acumulando anécdotas sin parar que te llegan al corazón. Recuerdo una que, a pesar de los años que ya han pasado, me conmovió de una manera especial.

Llevábamos 4 semanas visitando a un niño oncológico de 3 años que nunca habíamos conseguido hacer reír. Siempre llegábamos a su habitación en el momento que su madre se había ido a tomar un café, con lo cual el pequeño estaba solo durante nuestras visitas. A nuestra llegada nos miraba atentamente, pero no tenía ningún tipo de reacción. Incluso, en algunas ocasiones, mi compañera y yo, probando diversas tonterías y ocurrencias, nos hacíamos reír entre nosotros, pero el pequeño ni se inmutaba. Seguía atento, pero sin manifestar ninguna expresión.

La compañera payasa que me acompañaba se cansó y se desanimó, a la 3ª semana desistió a entrar en su habitación aislada. Yo, sin embargo, sentí que tenía que seguir insistiendo. Entraba en su cuarto, lo saludaba, me instalaba en una silla y comenzaba a tocar algunos temas musicales con mi guitarra. Kevin, así se llamaba el niño, permanecía serio.

Las enfermeras empezaron a comentarme que el niño me escuchaba con mucha atención, aunque yo no era en absoluto consciente de esta reacción. Hasta que un día, cuando me vio asomar por la puerta, esbozó media sonrisa. Nadie se lo podía creer y por supuesto, yo tampoco. El niño me había reconocido y me sonreía tímidamente. Hicimos una gran fiesta. Esta vez mi compañera sí que se decidió a entrar, las enfermeras también se unieron y comenzaron todas a bailar al ritmo de mi guitarra. Kevin tenía un brillo especial en sus ojos.

Fue algo inédito, maravilloso y mágico. Nunca olvidaré ese día, ese niño ni esa media sonrisa… por muchos años que pasen.

Sergio Claramunt (“Dotor” Max Recetax)

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