“Eres perdiueta”

Ventura

Profesor Microscopio (Ventura Cano)

Aquella mañana en la UCI, nos comunicaron que Mónica se encontraba acompañada de su familia en los momentos finales de su vida. Hacía mucho tiempo que la conocíamos. No sé cuantos martes hemos llamado a su puerta y pedido permiso para estar un rato con ella. Cuento con los dedos de una mano la cantidad de carcajadas sonoras que le hemos provocado. Siempre se había mostrado tímida y callada, pero nunca dejaba de estar atenta a nuestras tonterías y ocurrencias. Recuerdo un día en el que el Doctor Cápsulo (Jaume Costa) se puso a bailar una canción tradicional valenciana: “Eres perdiueta”, y sucumbió a la risa al verlo. Hubo otra mañana donde le pedimos consejo para ser modelos profesionales… Al recordarla me vienen imágenes de sus mejores momentos de risa. Su largo tratamiento la hizo vivir en el hospital durante meses, incluso adornó su habitación como si fuera su casa, algo que yo nunca había visto. Días después, en la sala de enfermeras de Pediatría, pudimos leer un mensaje colgado en la pared: “Ha llamado el abuelo de Mónica y nos ha dado las gracias por todo lo que hemos hecho por su nieta”.

Ventura Cano (Profesor Microscopio)

 

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Que siga la música

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Profesor Microscopio (Ventura Cano)

Aquel día actuaba en el Hospital Clínico con la Auxiliar Ana Lista (Txetxe Folch). Fran, médico del servicio de Hemato-oncología pediátrica, vino a buscarnos para preguntarnos cómo llevábamos la relación con Álvaro, de 13 años, diagnosticado de leucemia. Le dijimos que siempre aceptaba nuestros juegos con muy buena actitud. Al escuchar nuestra respuesta, el doctor nos sugirió que fuéramos en ese momento a visitarlo, ya que más tarde lo iban a sedar y sería prácticamente imposible.

Cuando llegamos a la habitación, además del paciente, se encontraba la familia y el personal sanitario. Hicimos dos bromas y le tocamos un tema. Transcurrido un tiempo, un facultativo nos anunció que ya estaba sedado, así que dudamos un instante en irnos o quedarnos. Al final, decidimos hacer música para el personal sanitario que seguía trabajando con el muchacho, pues a la familia, salvo al abuelo que entraba de vez en cuando, estaba fuera de la habitación. Estuvo genial y el personal quedó agradecido. Era muy lindo ver al equipo médico cómo se movían y la cara que ponían con la música mientras estaban en su tarea.

Ventura Cano (Profesor Microscopio)

L’Arc de Sant Martí

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Doctora Pili Dora Comprimida (Paqui Noguera)

Guillermo es un xiquet de quasi 6 anys, te un limfoma que li varen començar a tractar a València, ara viuen a Alacant perquè el seus pares s’han traslladat ací. Des del primer dia s’ho ha passat molt be amb nosaltres.

Un dia, amb la Infermera Paquita Tiritas (Susana Giner), un rato després de haver estat a la seua habitació jugant amb el “El mapa del tresor”, des del final del corredor varem sentir que es queixava i cridava. Ens varem acostar i vam veure que intentaven punxar-lo i a ell li feia mal, l’aguantaven entre dues auxiliars i son pare. Demanant permís a les infermeres, varem tornar a entrar a la seua habitació amb l’excusa de que havíem trobat el tresor: “Hem trobat el tresor, és l’Arc de Sant Martí”, i hem vaig treure de la meua butxaca un mocador màgic, llarg i amb tots els colors de l’Arc de Sant Martí. Per dalt dels caps del personal que intentava administrar-li el seu tractament, vaig fer desaparèixer l’Arc de San Marti misteriosament i va tornar a aparèixer surant per l’aire. Guillermo va estar absolutament atent al petit espectacle de màgia i es va oblidar del que li feien les infermeres.

Així Leonor, la infermera, va poder finalitzar la seua feina i ens va agrair molt la nostra ajuda. També ens ho va agrair molt son pare, amb boniques paraules, i ell amb el seu somriure.

Quasi totes les intervencions d’aquest tipus que hem fet fins ara han estat amb xiquets més petits i hem va sorprendre que anés tan be amb aquest xiquet. Gràcies al personal de Oncologia Infantil i Escolars Quirúrgics de l’Hospital General d’Alacant per confiar tant en la nostra feina.

Paqui Noguera Puig
Dra. Pili Dora Comprimida

 

Reencuentro mágico

Asun y Ventu

Profesor Microscopio y Enfermera Mina Mercromina

El Profesor Microscopio (Ventura Cano) y yo acudimos a la fiesta de supervivientes de oncología en el Hospital Clínico de Valencia. Hicimos un show en consultas externas, que estuvo muy divertido. Luego tuvimos un reencuentro mágico.

Estábamos hablando con Irene, la supervisora de Hospital de Día y, de pronto, aparecieron dos chicas adolescentes con sus mamás. Una de las madres se dirige a mí y me dice: tengo 200 fotos de vosotros. ¡¡Madre mía!! Le dije yo, eso es un álbum completo. Y la madre le dice a la niña, refiriéndose a mí. ¿Te acuerdas? Esta es la payasa que llevaba los recados a tu amigo. La chica asintió. La miré tratando de recordar. Era una adolescente preciosa de pelo largo, resuelta y muy simpática en sus comentarios. Al principio no la conocí, había cambiado mucho. Pero de repente, me apareció un recuerdo muy nítido.

Se llamaba Jessica y era una niña que había estado ingresada por un periodo largo de tiempo. Mientras estuvo en tratamiento, también ingresaron a un amigo suyo en la misma planta del hospital, en otra habitación. Como estaban aislados por sus tratamientos médicos, no se podían ver, y los payasos hacíamos de correo llevando recados del uno al otro. Éramos el correo payasil. Con este juego estuvimos durante tiempo, mientras los dos estuvieron ingresados. Los payasos como emisarios éramos desastrosos: hacíamos todo tipo de incongruencias, nos equivocábamos en los mensajes, nos olvidábamos de lo que nos habían dicho… pero lo que siempre nos salía muy bien era hacer que la risa fuera una compañera de viaje de estos dos niños y sus familias en momentos tan duros. Su mamá y ella nos agradecieron aquellos ratos de distracción, de risa y fantasía durante su estancia en el hospital.

Pensé que para mí, sí que había sido un privilegio haber podido compartir estos momentos con ellos. Mi compañero, el Profesor Microscopio y yo, reflexionamos sobre cuanta gente, niños, niñas y sus familias nos recordarán, por esos instantes efímeros que compartimos con ellos. Hemos tratado de ayudarles a hacer que la realidad fuera, al menos por un momento, un poco menos dura.

Tras 17 años de oficio, me siento agradecida de haber podido compartir con estas familias, momentos tan difíciles. Les doy las gracias por habernos permitido entrar en sus habitaciones, con nuestra tontería, magias, músicas y gansadas. Y también por compartir con nosotros esos momentos de fantasía dentro de una realidad tan adversa y cruel. Gracias.

Asun Cebrián (Enfermera Mina Mercromina)

Esa media sonrisa…

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Max Recetax (Sergio Claramunt)

Cada semana, o incluso cada día, al acudir regularmente durante todo el año a visitar los mismos hospitales, vamos acumulando anécdotas sin parar que te llegan al corazón. Recuerdo una que, a pesar de los años que ya han pasado, me conmovió de una manera especial.

Llevábamos 4 semanas visitando a un niño oncológico de 3 años que nunca habíamos conseguido hacer reír. Siempre llegábamos a su habitación en el momento que su madre se había ido a tomar un café, con lo cual el pequeño estaba solo durante nuestras visitas. A nuestra llegada nos miraba atentamente, pero no tenía ningún tipo de reacción. Incluso, en algunas ocasiones, mi compañera y yo, probando diversas tonterías y ocurrencias, nos hacíamos reír entre nosotros, pero el pequeño ni se inmutaba. Seguía atento, pero sin manifestar ninguna expresión.

La compañera payasa que me acompañaba se cansó y se desanimó, a la 3ª semana desistió a entrar en su habitación aislada. Yo, sin embargo, sentí que tenía que seguir insistiendo. Entraba en su cuarto, lo saludaba, me instalaba en una silla y comenzaba a tocar algunos temas musicales con mi guitarra. Kevin, así se llamaba el niño, permanecía serio.

Las enfermeras empezaron a comentarme que el niño me escuchaba con mucha atención, aunque yo no era en absoluto consciente de esta reacción. Hasta que un día, cuando me vio asomar por la puerta, esbozó media sonrisa. Nadie se lo podía creer y por supuesto, yo tampoco. El niño me había reconocido y me sonreía tímidamente. Hicimos una gran fiesta. Esta vez mi compañera sí que se decidió a entrar, las enfermeras también se unieron y comenzaron todas a bailar al ritmo de mi guitarra. Kevin tenía un brillo especial en sus ojos.

Fue algo inédito, maravilloso y mágico. Nunca olvidaré ese día, ese niño ni esa media sonrisa… por muchos años que pasen.

Sergio Claramunt (“Dotor” Max Recetax)

Menudo cambio

Doc Tornillo (Quique Montoya)

Doc Tornillo (Quique Montoya)

En una habitación de la unidad de oncología del hospital General de Alicante, hay un niño que se llama Sebastián que tiene 3 años. Ese día trabajaba con Pilidora Comprimida (Paqui Noguera) y cuando llegamos a la puerta de su cuarto, sus papás nos comentaron que tenía mucho miedo a los payasos. Parece ser que en una fiesta de cumpleaños de un amigo suyo, vio a uno que no le gustó nada (debió ser alguna persona “disfrazada” de payaso sin idea del oficio), y desde entonces no soporta ver a ninguno.

Con esta información de primera mano, tomamos nuestras precauciones. Poquito a poco, desde la ventana de su cuarto, nos lo fuimos ganando llamando su atención haciéndole pompas de jabón y jugando con nuestros títeres, ante el asombro de los padres. Hasta tal punto, que nos dijeron que se van a hacer socios. Menudo cambio.

¡Viva la magia de la transformación!

Quique Montoya (Doc Tornillo)

Magia alucinante

Núria Urioz (Cap de Cervell Beni Cilina)

El Doctor Ambulancio (Darío Piera) y yo tuvimos un “momentazo” estupendo en la habitación de Rosalía de 13 años. La muchacha estaba ingresada en la Unidad de Oncología Pediátrica del Hospital La Fe de Valencia. Ambulancio quería hacer magia, pero no conseguía muy buenos resultados. A la tercera vez que lo intentaba, cuando por fin le salió, fue alucinante ver la transformación del rostro de Rosalía. Pasó de una sonrisa incrédula a ¡una sorpresa de alucine! ¡Qué regalazo! Acabamos la intervención con música marchosa. Y su abuela, que es una señora muy formal y sensata, tan seria como es, se levantó y se puso a bailar.

La abuela se llama Máxima y la he vuelto a ver otra vez, cuando iba con la Auxiliar Analista (Txetxe Folch). En esa ocasión, acabamos todas cantando y tocando una canción religiosa en su idioma. Ambas son de Guinea. Ellas seguían el ritmo con las maraquitas que les prestamos nosotras. Gracias Rosalía y Máxima por enseñarnos cómo la inocencia, la ilusión y el cariño están por encima de la enfermedad. Gracias por regalarnos vuestras canciones y bailes. ¡Menuda lección!

Núria Urioz (Cap de Cervell Beni Cilina)

¡Y se montó el tablao!

Paquita Tiritas

Trabajando en el Hospital General de Alicante con Pilidora Comprimida nos encontramos en neurología a Javi de 13 años, ingresado por crisis epilépticas. Cuando lo vemos por el pasillo parece tranquilo, es un chicarrón bien grandote casi con bigote y con una voz ronca y grave.

Bromeamos de lejos con él, nuestras payasas caen rendidas a sus pies y le preguntamos si tiene novia. El nos sonríe y parece que entra en nuestro juego, pero conforme nos acercamos a él se pone a chillar espantadísimo con ese pedazo vozarrón y se mete corriendo en su habitación. Nosotras no entendemos nada. De repente aquel chico grandote parece un niño pequeño asustado.

Dejamos pasar un tiempo y nos acercamos a su habitación: Javi está tumbado en la cama y su madre amorosa tumbada a su lado lo rodea con sus brazos, bueno, intenta abarcar ese metro ochenta de hijo que tiene.  Cuando nos ve, nos sonríe, pero de repente como asustado se pone a chillar otra vez. Su madre intenta calmarlo, le acaricia la cabeza y se ríe, como quitando importancia a la reacción de su hijo. Nosotras  guitarra en mano comenzamos a cantar una suave canción y hacer pompitas de jabón. Su actitud vuelve a cambiar de forma radical comienza a jugar con las pompas y a sonreír.  Hablamos con él, se ríe con nuestras bromas y todo funciona bien. Javi nos muestra su niño pequeño feliz!

A la semana siguiente el Enfermero Teo Mómetro y yo nos encontramos de nuevo con Javi, esta vez no chilla cuando nos ve, está jugando por el pasillo sentado en una silla de ruedas y es él el que se acerca a nosotros. Nos pide que le toquemos la guitarra. Teomómetro se arranca por “soleá” y Paquita Tirita a bailar la mar de farruquita. Javi acompaña con las palmas y las enfermeras se acercan a ver qué pasa y también acaban dando palmas y entre risas y fandangos se monta el tablao.

Susana Giner (Paquita Tirita)

Esta vez con alas: una carta para Elena

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“Elena:

Tú eres la guapa chica pelirroja que nos ha enseñado tanto a todos los payasos. Una vez, hace poco, le preguntaste a Beni Cilina (y al Enfermero Baldomero) si creíamos en Dios… Menudo lío se hizo Beni: le salía humo de la cabeza. ¿Te acuerdas? Después nos enseñaste una canción para Jesús; y Beni y Mero la cantaron contigo con todo su amor… y es que, al estar junto a ti, a estos dos tontos se les ponía el corazón tan grande que se les salía y casi no se les veía a ellos. Eran corazones con patas, cantando contigo y haciendo números.

¡Cuántas veces te he hecho los números con el cuerpo cuando cantábamos tus temas preferidos de nuestro repertorio! Junto a ti, Mero no era Mero, era Eleno. Y yo, el mes pasado, tuve el honor de ser bautizada por ti como Elenita. ¡Gracias! Me gusta.

La última vez que te vi te quería hacer la hormiguita que pasea por tu brazo. Pero a ti no te gustaba. Lo único que querías era escuchar nuestras melodías. Perdona si no te entendíamos muy bien las canciones que nos pedías; la de los números sí que lo escuchamos bien, aunque esa yo ya lo sabía seguro.

Microscopio y yo decidimos dejar de cantar y hacer una melodía única, especial y sólo para ti, que por cierto, como nos inspirabas tú, nos quedo muy preciosa. Espero que te acompañe en tu viaje estelar.

Elena, te recuerdo con todo mi amor. Y te envío un beso de luz roja con forma de corazón… esta vez con alas”.

Núria Urioz (Cap de Cervell Beni Cilina)

Contagio musical

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Estábamos trabajando en el servicio de lactantes pediátricos en el Hospital La Fe de Valencia. En una habitación estaban dos niños pequeños, de los cuales uno de ellos tenía un poquito de miedo. Desde la puerta comenzamos a entonar una canción muy conocida y de pronto, a mi lado noto que alguien canta. Era el papá de uno de los niños. A continuación, se nos une una enfermera y también una auxiliar. Y más tarde, otra y otra… Acabamos cantando todos al unísono, los payasos y el pequeño coro que se había formado. Los niños nos miraban alucinados, ya que sus papás y algunos miembros del personal sanitario que ellos habían conocido en una faceta, digamos más seria, ahora cantaban y bailaban para ellos. Al final, los pequeños aplaudieron y también desde las otras habitaciones. Se creó una energía muy bonita en todo el servicio.

Asun Cebrián (Enfermera Mina Mercromina)

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