Contagio musical

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Estábamos trabajando en el servicio de lactantes pediátricos en el Hospital La Fe de Valencia. En una habitación estaban dos niños pequeños, de los cuales uno de ellos tenía un poquito de miedo. Desde la puerta comenzamos a entonar una canción muy conocida y de pronto, a mi lado noto que alguien canta. Era el papá de uno de los niños. A continuación, se nos une una enfermera y también una auxiliar. Y más tarde, otra y otra… Acabamos cantando todos al unísono, los payasos y el pequeño coro que se había formado. Los niños nos miraban alucinados, ya que sus papás y algunos miembros del personal sanitario que ellos habían conocido en una faceta, digamos más seria, ahora cantaban y bailaban para ellos. Al final, los pequeños aplaudieron y también desde las otras habitaciones. Se creó una energía muy bonita en todo el servicio.

Asun Cebrián (Enfermera Mina Mercromina)

Notas musicales que abren puertas

Gabi es un niño de 12 años con parálisis cerebral infantil que se encontraba ingresado en el Hospital General de Castellón con dolor abdominal. El primer día que intentamos visitarlo, actuaba junto a la Doctora y Cocinera Esparadrapa (Elena Donzel), pero la madre del niño, al vernos, vino a decirnos que no pasáramos por su habitación. Así lo hicimos, sin embargo al finalizar las intervenciones de ese día sentí algo extraño con relación a este hecho que me dejó inquieto.

La jornada siguiente actuaba con la Supervisora Remedios (Esther Ramos) y al llegar a la puerta de la habitación de Gabi, como yo ya conocía el caso, le dije a mi compañera que preguntara antes de entrar. Dio la casualidad que la madre de Gabi estaba en el baño y nos encontramos con el abuelo, el cual nos dijo que tenía que preguntar a la madre si podíamos pasar. Mientras esperábamos, comenzamos a hacer música desde la puerta, sin llegar a ver la reacción de Gabi, que estaba tumbado en la cama. Fue mágico sentir como la música, poco a poco, iba abriendo la puerta y Gabi reaccionaba de manera positiva. La mami al salir del baño, se dio cuenta que su hijo se emocionaba. Lo cogió en brazos y vio la expresión de su rostro, lo cual nos dio paso, ahora sí, a cantarle más cerca. Fue emocionantísimo sentir cómo, de repente, se habían roto unos prejuicios y estábamos todos disfrutando del momento. Me doy cuenta personalmente de hasta dónde podemos llegar con mucho respeto y un buen olfato.

Oscar Benages (Dotor Otto)

Alegría en espacios aislados

Profesor Microscopio (Ventura Cano)

Me encontraba con Asun (Enfermera Mina Mercromina) en el Hospital La Fe de Valencia.  Estábamos realizando nuestra primera actuación en REA. En este servicio se encuentran aquellos pacientes que no se bastan por sí mismos para hacer frente a la vida. La mayoría necesitan aparatos médicos y cuidados especiales que les ayudan a mantenerla.

Mi compañera y yo estábamos en lo nuestro -cantábamos una nana a un bebé de poco tiempo- cuando un enfermero nos requirió para calmar a un paciente al que le hacían unas pruebas. Se trataba de un niño de tres años que reunía varios problemas de salud. Debía de estar quieto y calmado pero la realidad era bien distinta puesto que se mostraba inquieto y alterado. El malestar del niño había ido en aumento y dificultaba la tarea a los profesionales médicos. No pudiendo estos realizar su labor con total comodidad, requirieron nuestra presencia. Primero acudió mi compañera. Yo seguí cantándole al bebé. Estábamos en plena intervención y no era plan dejar a nuestro pequeño espectador a mitad de canción. Había que terminarla o darle fin sin sobresaltos. Cuando pude, me reencontré con mi compañera, me sume a ella y continuamos juntos. Desarrollamos una intervención ajustada a las necesidades del momento. El niño se mostró muy participativo en la medida de sus posibilidades. Tenía alguna dificultad para articular palabras y además apenas se escuchaba el fino hilo de su voz. Eso no impidió que volviese la calma a su cuerpo mostrándose muy atento a los títeres y demás recursos que empleamos con él. También dejaba hacer al equipo sanitario.

Al terminar la intervención, algo después de que los médicos finalizaran las pruebas,  se nos acercó un enfermero que agradeció nuestra labor. Decía que era un regalo ver como el niño, a pesar de todo lo que le estaba pasando, sonreía, se calmaba e incluso había llegado a reírse. También hizo hincapié en que somos muy necesarios en espacios tan aislados como Reanimación donde la alegría está muy ausente.

Ventura Cano (Profesor Microscopio)

Miradas mágicas en Reanimación

Mañana intensa en el Hospital La Fe de Valencia con Jimena, Doña Urgencia. Comenzamos en el servicio de Reanimación. Mientras hacemos la trasmisión, una niña rodeada de personal sanitario, no para de quejarse y llorar. Mi pie izquierdo apunta hacia ella. Sólo tuve que mirar a Jime y ella afirmó con la cabeza… Aproximación lenta y gradual con los primeros acordes de la guitarra. La canción: “Agüita nazca”… La experiencia me está demostrando el poder de esta melodía contagiosa, en ese momento no me imaginaba hasta qué punto.

A dos metros de la cama, la niña de 6 años con PCI (parálisis cerebral infantil) ya no llora… tan solo parece escuchar atenta la canción mientras no me quita ojo de encima… Siento la expectación que estoy despertando por parte del personal que mira asombrado lo que ocurre. Baldomero solo mira los ojos de la niña… trasmitiendo ternura… focalizado en calmar… en dar seguridad. Una enfermera se acerca curiosa, al poco rato llama a otra y oigo como le dice: -¡Mira!… ¡se le está yendo la urticaria! En ese momento aparece Doña Urgencia apoyando con percusión suave y voz. La cara del camillero era un poema.

Al irnos dejamos una estela de música alejándose, silencio sostenido y una agradable tranquilidad. Nos miramos al pasar al box de al lado… ¡dios!… cómo me gustan esas miradas que dicen tanto. Agradecimiento, sorpresa… sensación de algo más grande que nos supera… Nos dejamos superar por “esa” magia. Una vez más… ¡Gracias!

Luka Soriano (Enfermero Baldomero)

Amor de payasa para huesitos rotos

Enfermero Teo Mómetro y Doctora Paquita Tirita

Visitamos a Carlos de 10 años en la U.C.I. Nos cuentan que iba en la bicicleta montado en el manillar mientras pedaleaba un amigo, perdieron el control cuesta abajo y se estrellaron. Entramos en la U.C.I. Doc Tornillo y yo y lo vimos hecho polvico, con collarín. Se quedó un poco perplejo. No esperaba que apareciesen dos payasos por allí. No tenía el ánimo muy arriba. Así que lo único que hicimos fue presentarnos, cantar “Moon river” en idiomas diferentes: cuando se supone que lo hacíamos en inglés, lo cantábamos en chino, cuando se suponía que iba a ser en chino, pues en francés. Y así con varios idiomas. Luego improvisamos un blues, y nos despedimos.

La siguiente vez que lo vimos, ya en planta, en la habitación, estaba acompañado de cinco familiares. Ese día también iba yo con Doc Tornillo. La ocasión se prestó para hacer nuestro número del salvaje oeste. Carlos no estaba para participar activamente, pero la familia sí participó. Vaya que sí, y fue una sorpresa para ellos también.

La última visita fue con Paquita Tiritas, en la que improvisamos una actuación sobre el deseo de la payasa de encontrar novio. Aquí sí que provocamos la participación de Carlos, que estaba entumecido pero participativo. Lo acompañaba un familiar que también nos siguió el juego. Hubo un adiós de Carlos que nos invitaba a volver… Entrañable.

Panchi Coves (Enfermero Teo Mómetro)

Ternura y emoción en oncología

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Este fue un día emocional de “comérselo” en el Hospital Clínico, en Valencia… De buena mañana, hicimos una intervención para una niña ingresada en oncología, que fue un regalo de amor total. Ella estaba pochita pochita, pero igualmente lo intentamos, además porque yo iba con Ambulancio (Darío Piera) que tocaba el Hang: un instrumento de percusión que produce un envolvente sonido armónico. Empezamos muy despacito. Yo me acerqué y le iba contando una historia con el abanico. Le dije que abríamos una ventana y entraba el airecito… Después entraba una hormiguita y le caminaba muy suave por la pierna y así más animalitos que llegaban a visitarla. Todo muy suave y con mucho amorcito. La mami lloraba sorprendida porque su hijita nos estaba mirando…¡¡¡Ufff!!! ¡Cuánta emoción…!

Jimena Cavalletti (Doctora Urgencia)

Música y pompas de jabón que quitan el llanto

Aquella mañana en el hospital Dr. Peset de Valencia, nada más salir al pasillo desde la habitación donde nos cambiamos, la doctora Alicia nos pidió con urgencia que entráramos a la sala de curas. Al llegar nos encontramos con una “batalla” nada habitual: estaban pinchando a una peque de 3 años que lloraba a mares mientras la sujetaban cinco personas.

Un médico residente de Primero (R1) le estaba haciendo una punción lumbar ayudado por otra doctora, dos enfermeras y una auxiliar. Todos sujetaban a la pequeña Aitana… vamos, una “montaña humana” sobre la nena. Ella lloraba mucho.

Bajo la mirada expectante y confiada de la doctora Alicia, comenzamos nuestra actuación con una música con el ukelele cantando suavemente, con un ritmo fresco y lo fuimos adornando con unas pompitas de jabón. Cuando la nena pudo escucharnos y vernos un poco, se calló al instante. Lentamente se fue calmando. Estuvimos todo el tiempo con ella, hasta que el médico acabó, la acostaron y entró su mami.

Me parece genial que el personal sanitario cuente con nosotros para estos actos médicos, que confíe en nuestro trabajo y que aproveche nuestra presencia en el hospital para intervenir en momentos como estos, tan dolorosos para los niños.

Txetxe Folch (Auxiliar Analista)

¡Buenas noches…!

¡Bienvenidos al Diario de Payasospital! Con la idea de que se conozca mejor el impacto del trabajo de Payasospital y la dimensión humana de lo que hacemos en los hospitales de la Comunidad Valenciana donde acudimos, ofrecemos este diario de anécdotas y experiencias que viven nuestros payasos cada día en las habitaciones de los niños hospitalizados que visitamos semana tras semana. Las situaciones descritas en el blog son reales pero con el fin de preservar la intimidad de las personas, aparecen con nombres ficticios.

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