Los hermanitos también

Sergio

“Dotor” Max Recetax (Sergio Claramunt)

El personal sanitario de la UCI del Hospital Clínico de Valencia nos informó que Yasira era una niña marroquí de 12 años que estaba ingresada por una insuficiencia cardíaca. Nos aproximamos a ella con cierta precaución y descubrimos con agrado su apertura en una tímida sonrisa. En ese momento llegaron sus padres y poco a poco iniciamos nuestras persecuciones, tropiezos y torpezas. La jovencita y sus progenitores comenzaron a reír. Contentos de nuestro éxito nos despedimos con bromas y traspiés.

Al salir de este servicio nos dirigimos a la UCI Neonatal, pero justo antes de entrar me encuentro con dos niños pequeños. Están solos y un tanto asustados en el pasillo, superados por la fría antesala. Al vernos, sus ojos se agrandan llenos de ilusión y curiosidad. Ante tal circunstancia me detengo un instante. Miro alrededor y no veo a nadie. Me sorprende que no estén acompañados por algún adulto, y de repente caigo en la cuenta. Recuerdo las normas de la UCI: los menores tienen restringidas las visitas en esta unidad. Deduzco que son los dos hermanitos pequeños de Yasira. Sus padres han entrado a visitar a su hermana mayor y han quedado medio desamparados en la puerta, o por lo menos esa es la sensación que me causan.

Sin dudarlo un segundo, me agacho a su altura. Es un niño y una niña de unos 5 y 6 añitos respectivamente. Me presento risueño y saco de mi bolsillo mágico dos pegatinas de colores. Una para cada uno. Los niñitos me sonríen emocionados. Sus caritas se han transformado. Nos despedimos con gestos infantiles, sin mediar palabra. Me siento aliviado. Sus miradas reflejan agradecimiento. Yo, también lo estoy. Gratificado por la oportunidad que me brinda la ocasión.

Cuando un crío está grave, repercute en toda la familia. Nuestra misión es cuidar y estar atentos a todos ellos, sobre todo a los más frágiles: los hermanitos pequeños.

Sergio Claramunt (“Dotor” Max Recetax)

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La graduación de Daniel

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Paquita Tiritas (Susana Giner)

Un día fuimos a visitar a Daniel, un chaval de 12 años que se había quemado con una hoguera en las fiestas de su barrio. Había estado 3 semanas en la UCI y ahora se encontraba en la Unidad de Quemados. Tenía las paredes de la habitación llena de cartulinas con collages que le habían hecho los compis de su clase. La Dra. Pili Dora Comprimida (Paqui Noguera) y yo jugamos con las frases que le habían escrito y le compusimos una canción utilizándolas.  

Daniel nos comentó su preocupación por no poder asistir a la fiesta de graduación de primaria que tendría lugar en su colegio, ya que seguramente, la semana próxima aún estaría ingresado. Ante tal inquietud, le propusimos que si así ocurría, podríamos grabar un video de graduación para que lo mandara a sus amigos del cole. 

A la semana siguiente, el muchacho todavía estaba hospitalizado. Tal y como habíamos quedado, lo hicimos. Improvisamos una ceremonia de graduación con las enfermeras presentes y su madre grabando. Incluso le pusimos un gorro improvisado y hasta una banda con papel higiénico. Daniel se partía de la risa. 

Susana Giner (Enfermera Paquita Tiritas)

Calmando a Tarzán

Nuria Urioz

Beni Cilina (Núria Urioz)

La Doctora Zirujuana (Mariló Tamarit) y yo habíamos conocido en el pasillo del hospital Dr. Peset a Esteban, un mocito de 4 años que había sido intervenido de un riñón. Lo saludamos mientras daba una vuelta con su mamá. La señora empujaba el dispensador de sueros con ruedas. En la actitud y forma de caminar del pequeño se notaba que le dolía.

Más tarde, al terminar una actuación con otro niño, salimos al pasillo y escuchamos llorar a Esteban en su habitación. Fuimos hacia allí y entramos con la broma de que habíamos oído a Tarzán. Después de cuatro tonterías selváticas más, empezamos a cantar muy bonito la canción de “Quiero ser cómo tú”. La criatura seguía llorando, pero poco a poco se fue relajando hasta acabar atendiendo y disfrutando de la música, rodeado por los brazos de su mamá, que también se relajaba.

Al finalizar, aún pudimos jugar un poco con él. Volvimos al tema de la selva y nos divertimos a confundir los distintos animales que imaginariamente íbamos encontrando. Fue un gusto ver cómo Esteban participaba y se reía. ¡Había olvidado por completo el berrinche!

Núria Urioz

(Cap de Cervell Beni Cilina)

L’Arc de Sant Martí

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Doctora Pili Dora Comprimida (Paqui Noguera)

Guillermo es un xiquet de quasi 6 anys, te un limfoma que li varen començar a tractar a València, ara viuen a Alacant perquè el seus pares s’han traslladat ací. Des del primer dia s’ho ha passat molt be amb nosaltres.

Un dia, amb la Infermera Paquita Tiritas (Susana Giner), un rato després de haver estat a la seua habitació jugant amb el “El mapa del tresor”, des del final del corredor varem sentir que es queixava i cridava. Ens varem acostar i vam veure que intentaven punxar-lo i a ell li feia mal, l’aguantaven entre dues auxiliars i son pare. Demanant permís a les infermeres, varem tornar a entrar a la seua habitació amb l’excusa de que havíem trobat el tresor: “Hem trobat el tresor, és l’Arc de Sant Martí”, i hem vaig treure de la meua butxaca un mocador màgic, llarg i amb tots els colors de l’Arc de Sant Martí. Per dalt dels caps del personal que intentava administrar-li el seu tractament, vaig fer desaparèixer l’Arc de San Marti misteriosament i va tornar a aparèixer surant per l’aire. Guillermo va estar absolutament atent al petit espectacle de màgia i es va oblidar del que li feien les infermeres.

Així Leonor, la infermera, va poder finalitzar la seua feina i ens va agrair molt la nostra ajuda. També ens ho va agrair molt son pare, amb boniques paraules, i ell amb el seu somriure.

Quasi totes les intervencions d’aquest tipus que hem fet fins ara han estat amb xiquets més petits i hem va sorprendre que anés tan be amb aquest xiquet. Gràcies al personal de Oncologia Infantil i Escolars Quirúrgics de l’Hospital General d’Alacant per confiar tant en la nostra feina.

Paqui Noguera Puig
Dra. Pili Dora Comprimida

 

Risas a montones

Profesor Microscopio

Profesor Microscopio (Ventura Cano)

Cuando llegamos con mi compañero de ese día, el Doctor Ambulancio (Darío Piera), a la 5ª planta del Hospital Clínico, realizamos una intervención para Joan, un niño de 6 años que está en estudio por inestabilidad y vértigo. Tiene problemas de habla, pero se esfuerza en responder a nuestras preguntas.  

El juego creado entre nosotros giraba alrededor de una broma y la repetición de la misma. Obtuvimos un buen resultado ya que el pequeño se rió un montón. 

Más tarde, nos encontramos a su madre en el pasillo y nos dice que el niño no para de contar y recordar lo que ha vivido con los payasos.  

Nos hemos quedado en su memoria y tengo la intuición que permaneceremos en ella bastante tiempo. Se lo debió pasar bomba. Lo sacamos de donde estaba y se olvidó del hospital.  ¡Qué satisfacción! 

Ventura Cano (Profesor Microscopio)

Sin llanto y sin pañuelo

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“Dotor” Max Recetax (Sergio Claramunt)

En el último box de la UCI pediátrica del Hospital Clínico se encontraba Ricardo, un niño de 10 años ingresado por un problema respiratorio. Estaba solo y… llorando. Se nos encogió el corazón al verlo en ese estado y una mirada de complicidad entre mi compañero, el Profesor Microscopio (Ventura Cano) y yo, bastó para ponernos en acción de inmediato.

Comenzamos con mucha cautela presentándonos de una forma suave, pero muy tonta. El niño moderaba sus lloros sin perdernos de vista. Acabada esta tímida introducción, Microscopio le preguntó si le gustaba la magia. El pequeño afirmó con un leve movimiento de cabeza. Mi colega le advirtió que el “Dotor” Max Recetax (el nombre de mi payaso) era un gran mago. Yo me hice el sorprendido y con mucho apuro le dije a Microscopio que no tenía ni idea de lo que decía. Micro insistió y anunció que Max iba a hacer desaparecer el pañuelo que sacó de mi bolsillo. Sin poder eludir la situación, me puse manos a la obra.

Al primer intento de desaparición, Ricardo no dudó en señalar con su dedo dónde había ido a parar el pañuelo. El mago no era muy eficaz, sin embargo el jovencito ya había cesado su llanto. Tras varios esfuerzos frustrados, a cada cual más ridículo, creí que ya lo había conseguido, pero el pañuelo sobresalía descaradamente por debajo de mi sombrero tapándome media cara. El muchacho comenzó a sonreír. Mi payaso, desesperado, le pidió entonces un soplo mágico y… esta vez por fin… ante el asombro de los tres… ¡el pañuelo desapareció! Todos estupefactos buscamos en vano dónde podría estar el trapo evaporado. Un nuevo soplo de nuestro protagonista lo hizo aparecer de nuevo. Agradecidos y maravillados ante tal destreza, nos despedimos dejando al chaval perplejo y encantado, con un estado muy lejano al que le habíamos encontrado.

Mi camarada y yo salimos de la UCI gratamente satisfechos de contribuir al drástico cambio de humor del afligido y extraordinario mago.

Sergio Claramunt (“Dotor” Max Recetax)

La magia existe

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Doctora Zirujuana (Mariló Tamarit)

Aquella mañana cuando mi compañera Beni Cilina (Núria Urioz) y yo intentamos acceder sin éxito a la sala de consultas de Otorrinolaringología del Hospital Doctor Peset, contamos con la ayuda de Claudio (6 años), un colaborador súper bonico que nos explicó cómo entrar: “Primero una y detrás la otra”. ¡Vaya par de torponas podemos llegar a ser!

Por la tarde le volvimos a ver a en la 7ª planta, en el servicio de Pediatría, esperando su turno para el quirófano. Estuvimos jugando con él un rato en su habitación. Parece increíble, pero se creía totalmente un juego de magia que hacemos con una monedita en una caja. Inocente, amoroso y tímido. Tras algún intento fallido de hacer desaparecer la moneda, le pedí ayuda al mocito. La Doctora Zirujuana (el nombre de mi payasa) no se aclaraba con las palabras mágicas y le preguntó si él sabría decirlas. Efectivamente, el pequeño las pronunció a la perfección y la moneda… ¡desapareció! Todos quedamos muy alucinados al descubrir que Claudio es un mago verdadero. Nosotras incluso le hicimos reverencias.

Antes de salir de la habitación, Beni Cilina descubrió dónde “el mago” tenía escondida la moneda. Se acercó al niño y se la sacó de detrás de la oreja. Fue entonces cuando ya lo dejamos flipado. Pero luego nos dejó rendidas a sus pies cuando dijo: “La magia de la caja la he hecho yo, pero… la magia de la oreja tú, Beni”.

Le habíamos dado a entender que la magia era por él, por sus soplidos y sus poderes… ¡Guau! Estaba totalmente convencido de lo que estaba diciendo.

Es una de esas situaciones en las que te quedas enamorada del momento y no te querrías haber ido nunca. Lo cual me confirma que no solo son conmovedoras las situaciones donde el niño está gravemente enfermo y surgen emociones de ese modo. En este caso, era su ternura la que nos emocionó. Efectivamente… ¡la magia existe!

Mariló Tamarit (Doctora Zirujuana)

El gesto de Ximo

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Enfermero Teo Mómetro (Panchi Coves)

Ximo tiene 2 añitos, está en el box nº 2 de la UCI del Hospital General de Alicante por un tumor cerebral. Ya lo han operado 3 veces. Este niño es un caso complicado, desde luego. Visiblemente su afección le genera convulsiones, espasmos y tics de forma continua. Parte de ellos, al parecer, cesan cuando duerme.

Durante nuestras visitas hemos recurrido a estimularlo musicalmente por sugerencia del Dr. Roberto, el jefe de la UCI pediátrica. Ese día Ximo estaba consciente. Tenía una acompañante, no sabemos si la madre, un familiar o su tutora. En cualquier caso, estaba muy contenta de que estuviésemos allí para el pequeño.

Comenzamos a entonar “Endivinàfrica”, canción creada por nosotros donde se requiere la participación de los oyentes, pero no hacía falta buscar la respuesta de Ximo, bastaba que fuera mero espectador.

El resultado fue tal, que al terminar y marcharnos, todos animamos al crío a decir adiós, en especial la señora que lo acompañaba, que le sujetó la mano articulándola a modo de despedida. Cuando soltó su extremidad se la veía afligida, triste, desesperada…, deseando que Ximo fuese autónomo.

Para sorpresa de todos los presentes, el niñito dejó su manita suspendida en el aire e hizo un esforzado saludo por cuenta propia. La señora se echó las manos a la boca y retirándose a la pared, se echó a llorar de alegría y emoción.

A mi compañera, Pili Dora Comprimida (Paqui Noguera) esto le conmovió profundamente. Y jolín… a mí también. Sentí que habíamos sido eficaces en nuestra misión.

Panchi Coves (Enfermero Teo Mómetro)

Estruendo en el aseo

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Esa mañana en el Hospital General de Alicante, hicimos varias visitas con el tema de los pedos, que no solemos utilizar mucho, pero ese día surgió en la habitación de Andrés. El muchachito tenía 4 años y no quería que entráramos. Le precisamos que sólo era para usar el aseo y de este modo nos dejó pasar.

La Doctora Pili Dora Comprimida (Paqui Noguera) dentro del cuarto de baño, la enfermera Paquita Tiritas (el nombre de mi payasa) en la puerta esperando. Pili Dora “petorra” perdida y Paquita Tiritas sofocada dando escusas: que si las lentejas… que si las cañerías… medio mareada por el tufillo. El niño, con cada estruendo del “petorro”, se mondaba de risa.

Su negativa a jugar con nosotras se convirtió en un desternillante juego para todos.

Susana Giner (Enfermera Paquita Tiritas)

Del enfado al juego

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Doctor Ambulancio (Darío Piera)

Nos encontramos con Diego de 4 añitos. Estaba en la sala de espera de consultas externas de otorrinolaringología del Hospital Universitario Dr. Peset en Valencia. Esa mañana me acompañaba la Cap de Cervell Beni Cilina (Núria Urioz), con la cual improvisamos una escena que tuvo que ver con las “energías” y nos dejó emocionados.

El pequeño salió de la consulta muy enfadado. El Doctor Ambulancio (el nombre de mi payaso) se puso a su lado, le espejó emocional y físicamente entrando en el mismo estado. En ocasiones, Ambulancio le pedía que le enseñara cómo enojarse más, porque mi payaso quería enfadarse mucho. Así, mostrando lo disgustados que estaban, ambos asustaban a Beni Cilina. Las repeticiones funcionaron de maravilla y al final Diego estaba encantado con el juego.

La magia había sucedido. El enfado inicial se convirtió en juego placentero. Tal fue la complicidad que luego el crío quería acompañarnos. Y todo esto, casi sin decir ni una palabra.

Darío Piera (Doctor Ambulancio)

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