Bomba de amor

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Doña Urgencia (Jimena Cavalletti)

Me encontraba con Beni Cilina (Núria Urioz) en los ascensores del Hospital Dr. Peset que suben a las consultas de Otorrino. Yo jugaba con la gente que iba en el ascensor: ejercía mis poderes para cerrar y abrir puertas, mientras Beni musicalizaba el momento.

En cuanto acabo, Beni me dice que tengo una admiradora. Miro a mi izquierda y había una niña de unos 5 años mirándome. Cuando nuestras miradas se encontraron, ella me abrazo dulcemente y yo a ella, con un abrazo muy verdadero. Mientras los segunditos pasaban se escuchaban sonidos de ternura a nuestro alrededor. Disolvimos el abrazo y le pregunté cómo se llamaba. Me dijo “Nerea” y se fue corriendo junto a su padre mientras me gritaba “¡Qué tengas un lindo día!”.

Fue como una bomba de amor que explotó y atravesó a todas las personas que tuvimos la suerte de vivir el momento. Inmediatamente se “abrió una fuente” de frases cariñosas hacia nuestra labor. Estas son aquellas pequeñas cosas que le dan verdadero sentido a nuestro trabajo.

Jimena Cavalletti (Doña Urgencia)

¡Tienes un chichón!

Jime

Doña Urgencia (Jimena Cavalletti)

En una de las habitaciones del Hospital La Fe nos encontramos con Mónica de 9 años con una PCI (Parálisis Cerebral Infantil), ingresada porque se había fracturado la cadera. Estaba sola y al vernos hubo una atracción, como cuando hace mucho tiempo que estás esperando un tren y cuando lo ves venir de lejos, crees que si lo miras fijo el tren llegará más rápido, algo así.

Nos acercamos con la enfermera Mina Mercromina (Asun Cebrián) y en el transcurso de presentarnos me choqué con una puerta. La niña se rió a boca abierta y ese es un momento clave, donde podemos crear una historia de mariposas, de policías verdes o de canguros depilados porque sabemos dónde está su risa. Esto me sigue emocionando y más con los niños, ya que con ellos la repetición es un agradecimiento.
Sólo con intentar presentarnos sin darnos ningún golpe fue suficiente como historia para compartir con Mónica.

Su risa era cada vez más entusiasta y generosa y eso es puro combustible para encender el motor de “quien da más” y buscar por todos los medios el mejor momento de darte un nuevo golpe.

Con tanto entusiasmo y verborragia nosotras íbamos construyendo conflictos con la mejor intención de hacer unas buenas presentaciones y ella cada vez más abierta de risa. Mi compañera y yo estábamos cada vez más entregadas, hasta que calculé mal el golpe y realmente me di en la cabeza con el borde de la cama. Justo al levantarme Mina me toca donde me había dado el golpe, con su dedo mágico y mi frente sonaba algo así como: ¡Mec, mec!

Jugado el momento y disfrutado con Mónica hasta el final, con muchísima risa, complicidad y pulmones ensanchados. Al salir Mina me dice: ¡Tienes un chichón!

Jimena Cavalletti (Doña Urgencia)

Melodías para el corazón

Luka Soriano (Enfermero Baldomero)

Luka Soriano (Enfermero Baldomero)

El día de antes de trabajar con Jimena (Doña Urgencia) le pido que se lleve el tambor. La potencia de los sonidos bajos de este instrumento parece incrementarse dentro de las paredes del hospital, conectando automáticamente a “Tierra” a quien lo escucha. La combinación de éste con los acordes de la guitarra y la melodía de la voz hace una mezcla muy especial… un regalito que nos hace bien compartir desde la ingenuidad de nuestros payasos.

Impresionante este efecto en Andrés de 13 años y con una PCI (parálisis cerebral infantil) producida por un accidente de tráfico… impresiona no sólo por el niño (su atención, su mirada…), sino también por su madre que escucha y mira emocionada a su hijo.

Cuando acabamos la canción dejamos ese espacio de silencio re-confortable y necesario… nos miramos un segundo y sin decir nada comenzamos otra.

La música ayuda a crear un nuevo espacio donde el tiempo parece detenerse y la habitación deja de tener techo.

La canción va llegando a su fin… poco a poco, sin prisas, ralentiza y afianza estas sensaciones hasta que el silencio llega  como un bálsamo… dulce y sosegado… no decimos nada… Doña Urgencia acaricia la mano del niño y salimos despacio… casi como equilibristas que no quieren que la cuerda se mueva un milímetro… la mirada de la madre nos dice “Gracias” desde algún lugar que parece profundo… El silencio es respetuoso… y roza lo sagrado… Allí dentro quedan madre e hijo… y los ecos de una música que se posa y reposa dando el tiempo a ser asimilada… con el corazón…

Luka Soriano (Enfermero Baldomero)

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