Esa media sonrisa…

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Max Recetax (Sergio Claramunt)

Cada semana, o incluso cada día, al acudir regularmente durante todo el año a visitar los mismos hospitales, vamos acumulando anécdotas sin parar que te llegan al corazón. Recuerdo una que, a pesar de los años que ya han pasado, me conmovió de una manera especial.

Llevábamos 4 semanas visitando a un niño oncológico de 3 años que nunca habíamos conseguido hacer reír. Siempre llegábamos a su habitación en el momento que su madre se había ido a tomar un café, con lo cual el pequeño estaba solo durante nuestras visitas. A nuestra llegada nos miraba atentamente, pero no tenía ningún tipo de reacción. Incluso, en algunas ocasiones, mi compañera y yo, probando diversas tonterías y ocurrencias, nos hacíamos reír entre nosotros, pero el pequeño ni se inmutaba. Seguía atento, pero sin manifestar ninguna expresión.

La compañera payasa que me acompañaba se cansó y se desanimó, a la 3ª semana desistió a entrar en su habitación aislada. Yo, sin embargo, sentí que tenía que seguir insistiendo. Entraba en su cuarto, lo saludaba, me instalaba en una silla y comenzaba a tocar algunos temas musicales con mi guitarra. Kevin, así se llamaba el niño, permanecía serio.

Las enfermeras empezaron a comentarme que el niño me escuchaba con mucha atención, aunque yo no era en absoluto consciente de esta reacción. Hasta que un día, cuando me vio asomar por la puerta, esbozó media sonrisa. Nadie se lo podía creer y por supuesto, yo tampoco. El niño me había reconocido y me sonreía tímidamente. Hicimos una gran fiesta. Esta vez mi compañera sí que se decidió a entrar, las enfermeras también se unieron y comenzaron todas a bailar al ritmo de mi guitarra. Kevin tenía un brillo especial en sus ojos.

Fue algo inédito, maravilloso y mágico. Nunca olvidaré ese día, ese niño ni esa media sonrisa… por muchos años que pasen.

Sergio Claramunt (“Dotor” Max Recetax)

La trascendencia de un instante

Enfermera Mina Mercromina (Asun Cebrián)

Enfermera Mina Mercromina (Asun Cebrian)

Hago una reflexión tras el taller con el psicólogo de Aspanion: ¿Qué me hace seguir adelante en este trabajo? ¿Qué me motiva y hace que la balanza se incline hacia el “vale la pena”? Contesto con un caso reciente.

Una niña llamada Mariana de casi 2 años, está en la escuela de oncología. La maestra que nos ve llegar, nos advierte de que la pequeña tiene un poco de miedo a los payasos. Avisados ya, nos acercamos al cristal.

El “Dotor” Max Recetax (Sergio Claramunt) saca su marioneta, el conejito Carloto, el cual se asoma por el cristal. Al otro lado está Mariana con su mamá. La primera reacción es un mohín de disgusto y una mirada de desconfianza. Carloto se agarra al extremo de una cometa que hay adornando el cristal de la escuela. El conejo se balancea. De pronto, un mar de pompas de jabón envuelve esta escena.

La enfermera Mina (mi payasa), mira sin ser vista por la niña y vuelven mágicamente las pompas. Carloto juega con ellas. Y Mariana comienza a abrir los ojos cada vez más. Detrás de su chupete se dibuja una tímida sonrisa. Su mamá, cómplice de los payasos, la anima a seguir la escena. De pronto y tras un millón de pompas aparece la cara de Mina. La payasa mira a Carloto risueña y éste estornuda, haciendo que sus enormes orejas alcancen la roja nariz de Mina. Con cada estornudo de Carloto, Mina es desplazada, como si un viento huracanado la empujara hacia atrás. Es entonces cuando el pequeño milagro se obra. Mariana comienza a reír tímidamente hasta que brota de ella una carcajada cantarina que le hace caer de la boca su chupete rosa. La conexión es total y todas las tonterías payasiles funcionan. Max, Mina y Carloto se despiden lanzando besos y recibiendo los que les lanzan Mariana y su mamá.

Para mí, pequeños momentos como éste, son los que dan valor a nuestro oficio. La trascendencia de un instante.

Asun Cebrián (Enfermera Mina Mercromina)

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