Para muestra… un ratón

Enfermero Baldomero

Enfermero Baldomero

Entramos en el cuarto de un niño de unos 6 años. Está sentado en la cama. Su mamá nos dice que nos estaba esperando. Y en su cara se puede ver la ilusión con la que lo ha hecho. Tras cantarle una canción, la madre nos dice:

– ¿Sabéis?… él también sabe cantar…
– Ah… ¿de verdad? – Respondo junto al Doctor Ambulancio.

El niño comienza a cantar con una actitud medio tímida, pero con una voz cristalina, digna de una banda sonora de cualquier película. Ambulancio y Baldomero escuchan con atención con sus cuerpos ligeramente inclinados hacia delante. El niño termina de cantar y en el silencio se escucha el eco de su voz que por un momento lo ha inundado TODO… Por dentro me invade una emoción grande de gratitud y la impresión de haber recibido un regalo enorme nacido del corazón…

– ¡Guau!… ¡qué bonita!… muchas gracias… ¿puedes cantarla otra vez?…

La emoción y la alegría del niño son evidentes. En mi fuero interno tengo la sensación de que él necesitaba de alguna manera, y estaba deseoso de compartir y ofrecernos “eso” que llevaba dentro. Y es que hay veces en las que a uno le toca no hacer, sino escuchar y recibir… y para muestra… un ratón.

Luka Soriano (Enfermero Baldomero)

Melodías para el corazón

Luka Soriano (Enfermero Baldomero)

Luka Soriano (Enfermero Baldomero)

El día de antes de trabajar con Jimena (Doña Urgencia) le pido que se lleve el tambor. La potencia de los sonidos bajos de este instrumento parece incrementarse dentro de las paredes del hospital, conectando automáticamente a “Tierra” a quien lo escucha. La combinación de éste con los acordes de la guitarra y la melodía de la voz hace una mezcla muy especial… un regalito que nos hace bien compartir desde la ingenuidad de nuestros payasos.

Impresionante este efecto en Andrés de 13 años y con una PCI (parálisis cerebral infantil) producida por un accidente de tráfico… impresiona no sólo por el niño (su atención, su mirada…), sino también por su madre que escucha y mira emocionada a su hijo.

Cuando acabamos la canción dejamos ese espacio de silencio re-confortable y necesario… nos miramos un segundo y sin decir nada comenzamos otra.

La música ayuda a crear un nuevo espacio donde el tiempo parece detenerse y la habitación deja de tener techo.

La canción va llegando a su fin… poco a poco, sin prisas, ralentiza y afianza estas sensaciones hasta que el silencio llega  como un bálsamo… dulce y sosegado… no decimos nada… Doña Urgencia acaricia la mano del niño y salimos despacio… casi como equilibristas que no quieren que la cuerda se mueva un milímetro… la mirada de la madre nos dice “Gracias” desde algún lugar que parece profundo… El silencio es respetuoso… y roza lo sagrado… Allí dentro quedan madre e hijo… y los ecos de una música que se posa y reposa dando el tiempo a ser asimilada… con el corazón…

Luka Soriano (Enfermero Baldomero)

Transformaciones por arte de magia

Enfermero Baldomero (Luka Soriano)

Enfermero Baldomero (Luka Soriano)

En la Unidad de Oncología del Hospital La Fe de Valencia, visitamos a una niña de 12 años que permanece tumbada con aspecto aburrido, acompañada por tres señoras. La chica, al principio, nos mira sin mucho entusiasmo y una de las mujeres, la más anciana, lo hace con recelo. El hecho de ser africanas no parece ser un obstáculo para que entiendan, poco a poco, nuestro código: Silencioso al principio… trepidante y absurdo después. La muchacha comienza a reír junto con dos de las señoras. La anciana permanece aparentemente inexpresiva, aunque su rostro se nota bastante más relajado cuando salimos de la habitación, dejando atrás un ambiente trasformado… como “por arte de magia”.

También fuimos testigos de la transformación de un niño de 11 años con autismo, ingresado por un problema gastrointestinal. Nos lo encontramos mordiendo una manta y con la mirada perdida por el techo y paredes de la habitación. La música y las pompas de jabón, en un ritmo lento de aproximación, no parecen captar su atención. Y es cuando estamos acabando, cuando en mi interior nace un: “Bueno, ya está… nos vamos”, cuando aparece el milagro. Una postal comienza a salir lentamente del bolsillo y un suave soplido de mi compañero Anestesio Camillero (Jan Raga) hace que la postal comience a flotar bailando en el aire, sostenida por un canto de armónicos. Su mirada capta de inmediato la postal y el sonido, y poco a poco, una sonrisa ilumina su cara. Salimos de la habitación mientras la madre nos da las gracias por haberle hecho reír y una sensación de ligereza se apodera de mi cuerpo… de mi mente…

Luka Soriano (Enfermero Baldomero)

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