¿Sonidos de la selva?

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Enfermera Mina Mercromina (Asun Cebrian)

Visitamos a Raúl en el Hospital La Fe de Valencia, un niño de 8 años ingresado por Traumatismo Cráneo Encefálico. Había estado en la UCI y hacía poquito que lo habían llevado a planta. Las enfermeras nos comentaron que estaba muy aletargado y que no sabían si podríamos hacer algo. Cuando mi compañero Cápsulo (Jaume Costa) y yo llegamos a su habitación, la mamá nos recibió entre resignada y triste. Le pedimos permiso para pasar y nos dijo que sí. El chico tenía la cabeza vendada y los ojos entreabiertos. Mirando a la mamá y a él preguntamos: “¿Una canción?”. Y comenzamos a cantar “En la selva”. Raúl nos escuchaba sin mirarnos, pero de pronto Cápsulo se equivocó y dónde tenía que rugir el león, croaba la rana. El pequeño abrió más los ojos, nos miró y esbozó una mínima sonrisa. A partir de ahí, Cápsulo y Mina (el nombre de mi payasa), no dieron una en cuanto a sonidos de la selva se refiere: gallinas, gatos, periquitos, incluso camiones. Raúl cada vez se reía un poco más. Su mamá lo miraba con los ojos muy abiertos. Cuando acabamos de transitar por ese alocado mundo sonoro y nos marchamos, ella nos dio las gracias casi con un susurro, cómo si no quisiera empañar ese momento mágico. 

Asun Cebrian (Mina Mercromina)

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Miranda sin su ojo

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Doctora Zirujuana (Mariló Tamarit)

Aquel día trabajé con el Profesor Microscopio (Ventura Cano) en el Hospital La Fe de Valencia. Al llegar al servicio de “Hospital de Día” entramos al box de Ignacio, que tenía 2 añitos, y de Damián, de 4 años, ambos diagnosticados de leucemia. Ignacio nos miró y ya tuvo suficiente. Sin embargo, Damián estaba sentado en la cama de cara a la pared. Tenía la cabeza vendada y un lloro quejoso y sin pausa. Nosotros intentamos captar su atención, pero era casi imposible porque estaba con los ojos cerrados. En ese momento saqué a Miranda, una marioneta confeccionada por mí con un calcetín azul. Empecé a reñirla porque estaba pegando trompazos y… ¡comiéndose la cortina! El pequeño pasó del llanto a la risa con el numerito que estabamos montando. De repente… ¡cayo encima de su cama uno de los ojos de Miranda! ¡Se despegó y se quedó con la cuenca azul al aire! Todos nos sorprendimos y nos burlamos de la marioneta. Damián el primero, porque Miranda pensaba que seguía estando guapa, pero la verdad es que daba bastante impresión… Una vez más, la desgracia ajena, aunque sea de un títere, provoca risa a los espectadores. Damián se quedó tranquilo y de muy buen humor. ¡Olé!

Mariló Tamarit (Doctora Zirujuana)

¡Tienes un chichón!

Jime

Doña Urgencia (Jimena Cavalletti)

En una de las habitaciones del Hospital La Fe nos encontramos con Mónica de 9 años con una PCI (Parálisis Cerebral Infantil), ingresada porque se había fracturado la cadera. Estaba sola y al vernos hubo una atracción, como cuando hace mucho tiempo que estás esperando un tren y cuando lo ves venir de lejos, crees que si lo miras fijo el tren llegará más rápido, algo así.

Nos acercamos con la enfermera Mina Mercromina (Asun Cebrián) y en el transcurso de presentarnos me choqué con una puerta. La niña se rió a boca abierta y ese es un momento clave, donde podemos crear una historia de mariposas, de policías verdes o de canguros depilados porque sabemos dónde está su risa. Esto me sigue emocionando y más con los niños, ya que con ellos la repetición es un agradecimiento.
Sólo con intentar presentarnos sin darnos ningún golpe fue suficiente como historia para compartir con Mónica.

Su risa era cada vez más entusiasta y generosa y eso es puro combustible para encender el motor de “quien da más” y buscar por todos los medios el mejor momento de darte un nuevo golpe.

Con tanto entusiasmo y verborragia nosotras íbamos construyendo conflictos con la mejor intención de hacer unas buenas presentaciones y ella cada vez más abierta de risa. Mi compañera y yo estábamos cada vez más entregadas, hasta que calculé mal el golpe y realmente me di en la cabeza con el borde de la cama. Justo al levantarme Mina me toca donde me había dado el golpe, con su dedo mágico y mi frente sonaba algo así como: ¡Mec, mec!

Jugado el momento y disfrutado con Mónica hasta el final, con muchísima risa, complicidad y pulmones ensanchados. Al salir Mina me dice: ¡Tienes un chichón!

Jimena Cavalletti (Doña Urgencia)

La trascendencia de un instante

Enfermera Mina Mercromina (Asun Cebrián)

Enfermera Mina Mercromina (Asun Cebrian)

Hago una reflexión tras el taller con el psicólogo de Aspanion: ¿Qué me hace seguir adelante en este trabajo? ¿Qué me motiva y hace que la balanza se incline hacia el “vale la pena”? Contesto con un caso reciente.

Una niña llamada Mariana de casi 2 años, está en la escuela de oncología. La maestra que nos ve llegar, nos advierte de que la pequeña tiene un poco de miedo a los payasos. Avisados ya, nos acercamos al cristal.

El “Dotor” Max Recetax (Sergio Claramunt) saca su marioneta, el conejito Carloto, el cual se asoma por el cristal. Al otro lado está Mariana con su mamá. La primera reacción es un mohín de disgusto y una mirada de desconfianza. Carloto se agarra al extremo de una cometa que hay adornando el cristal de la escuela. El conejo se balancea. De pronto, un mar de pompas de jabón envuelve esta escena.

La enfermera Mina (mi payasa), mira sin ser vista por la niña y vuelven mágicamente las pompas. Carloto juega con ellas. Y Mariana comienza a abrir los ojos cada vez más. Detrás de su chupete se dibuja una tímida sonrisa. Su mamá, cómplice de los payasos, la anima a seguir la escena. De pronto y tras un millón de pompas aparece la cara de Mina. La payasa mira a Carloto risueña y éste estornuda, haciendo que sus enormes orejas alcancen la roja nariz de Mina. Con cada estornudo de Carloto, Mina es desplazada, como si un viento huracanado la empujara hacia atrás. Es entonces cuando el pequeño milagro se obra. Mariana comienza a reír tímidamente hasta que brota de ella una carcajada cantarina que le hace caer de la boca su chupete rosa. La conexión es total y todas las tonterías payasiles funcionan. Max, Mina y Carloto se despiden lanzando besos y recibiendo los que les lanzan Mariana y su mamá.

Para mí, pequeños momentos como éste, son los que dan valor a nuestro oficio. La trascendencia de un instante.

Asun Cebrián (Enfermera Mina Mercromina)

Magia alucinante

Núria Urioz (Cap de Cervell Beni Cilina)

El Doctor Ambulancio (Darío Piera) y yo tuvimos un “momentazo” estupendo en la habitación de Rosalía de 13 años. La muchacha estaba ingresada en la Unidad de Oncología Pediátrica del Hospital La Fe de Valencia. Ambulancio quería hacer magia, pero no conseguía muy buenos resultados. A la tercera vez que lo intentaba, cuando por fin le salió, fue alucinante ver la transformación del rostro de Rosalía. Pasó de una sonrisa incrédula a ¡una sorpresa de alucine! ¡Qué regalazo! Acabamos la intervención con música marchosa. Y su abuela, que es una señora muy formal y sensata, tan seria como es, se levantó y se puso a bailar.

La abuela se llama Máxima y la he vuelto a ver otra vez, cuando iba con la Auxiliar Analista (Txetxe Folch). En esa ocasión, acabamos todas cantando y tocando una canción religiosa en su idioma. Ambas son de Guinea. Ellas seguían el ritmo con las maraquitas que les prestamos nosotras. Gracias Rosalía y Máxima por enseñarnos cómo la inocencia, la ilusión y el cariño están por encima de la enfermedad. Gracias por regalarnos vuestras canciones y bailes. ¡Menuda lección!

Núria Urioz (Cap de Cervell Beni Cilina)

Transformaciones por arte de magia

Enfermero Baldomero (Luka Soriano)

Enfermero Baldomero (Luka Soriano)

En la Unidad de Oncología del Hospital La Fe de Valencia, visitamos a una niña de 12 años que permanece tumbada con aspecto aburrido, acompañada por tres señoras. La chica, al principio, nos mira sin mucho entusiasmo y una de las mujeres, la más anciana, lo hace con recelo. El hecho de ser africanas no parece ser un obstáculo para que entiendan, poco a poco, nuestro código: Silencioso al principio… trepidante y absurdo después. La muchacha comienza a reír junto con dos de las señoras. La anciana permanece aparentemente inexpresiva, aunque su rostro se nota bastante más relajado cuando salimos de la habitación, dejando atrás un ambiente trasformado… como “por arte de magia”.

También fuimos testigos de la transformación de un niño de 11 años con autismo, ingresado por un problema gastrointestinal. Nos lo encontramos mordiendo una manta y con la mirada perdida por el techo y paredes de la habitación. La música y las pompas de jabón, en un ritmo lento de aproximación, no parecen captar su atención. Y es cuando estamos acabando, cuando en mi interior nace un: “Bueno, ya está… nos vamos”, cuando aparece el milagro. Una postal comienza a salir lentamente del bolsillo y un suave soplido de mi compañero Anestesio Camillero (Jan Raga) hace que la postal comience a flotar bailando en el aire, sostenida por un canto de armónicos. Su mirada capta de inmediato la postal y el sonido, y poco a poco, una sonrisa ilumina su cara. Salimos de la habitación mientras la madre nos da las gracias por haberle hecho reír y una sensación de ligereza se apodera de mi cuerpo… de mi mente…

Luka Soriano (Enfermero Baldomero)

¿Estáis contentos?

Dr Ambulancio

Cuando Beni Cilina (Nuria Urioz) y yo llegamos a la unidad de oncología del hospital La Fe de Valencia, la enfermera encargada nos trasmitió el estado de los pequeños. Esa mañana nos comenta que Fina y Jeremías están muy enfadados. No quieren saber nada de nadie. Sin embargo, increíble fue nuestra sorpresa cuando entramos en la habitación y comenzaron a reírse con nosotros. Se notaba de una forma muy evidente cómo disfrutaban. Ambos nos utilizaban dándonos órdenes: “Chocaros contra la pared”, “Toca la guitarra”, “Chócate otra vez”, “Haz magia”… es como si canalizaran sus tensiones ejerciendo poder sobre nosotros. Ellos aguantan que les ingresen, o estar a dieta o que les pinchen… y cuando llegan los payasos piensan: Ahora… ahora me toca a mí. Dedican ese momento a liberarse de todo lo que allí les ha tocado vivir.

El mismo día un poco más tarde, el caso de Kevin de 7 años, ingresado en el servicio de Reanimación del mismo hospital, también me dio que pensar. Tiene hidrocefalia y estaba bastante “hecho polvo”, a penas se podía mover. Sin embargo, esa mañana pudimos integrarnos bien en su dinámica. El caso es que en medio del juego que le propusimos nos preguntaba él a nosotros:

– ¿Estáis contentos?

– Sí, estamos contentos – Respondimos mi compañera Beni Cilina y yo. Y nos inventamos la canción de “Estamos contentos”.

La simple pregunta me impactó. Ver que el niño en ese estado se preocupaba por si éramos nosotros los que estábamos contentos al jugar con él, me pareció toda una lección. Después  él nos regaló un “Estoy contento”… todavía ahora me emociono.

Uno no deja de sorprenderse y aprender de los niños en este trabajo.

Darío Piera (Doctor Ambulancio)

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