La màgia de Paco

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Dr. Càpsulo Pretendós (Jaume Costa)

Volia parlar-vos de Paco, un xiquet oncològic de 7 anys, i de la seua incomoda actitud de rebuig a nosaltres tirant-nos de la habitació i cridant: “¡Fuera! ¡Fuera!”. Fins i tot recorde que la primera vegada que el vaig vorer a La Fe anava amb la Doctora Esparadrapa (Elena Donzel) i ens va tirar fins i tot algun objecte. Als seus pares els encantem i els sap mal que a vegades siga tant agressiu amb nosaltres (i supose que també amb la resta del món). Jo he vist a Paco tres vegades, la primera es aquesta que ja he comentat anant amb Esparadrapa i evidentment no varem entrar. En canvi les altres dos vegades que he vist al xic ens ha rebut molt bé. Com per exemple un dia amb la Infermera Mina Mercromina (Asun Cebrián). A sa mare li va encantar que anàrem i a Paco pareix ser que també, perquè de seguida ens va mostrar amable amb nosaltres i ens va obsequiar amb diversos números de màgia, alguns que li van sortir bé i altres com a nosaltres en s’urgeix en les nostres absurdes intervencions. Això sí, quan va acabar la seva actuació començava a canviar la actitud i posar-se nervioset. Sa mare es va disculpar al final. Es la màgia de Paco. Si tens sort et rebrà bé, si no cuida-ho pots resultar ferit. Es la energia del moment.

Jaume Costa (Dr. Càpsulo Pretendós)

Tolón tolón

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Doctora Vacuna ( Laura Suñer)

Natacha tiene 4 años, nos la encontramos en el pasillo de Oncología. La ingresaban esa misma mañana. Un pañuelo de colores le cubría la cabeza, una mascarilla pequeña protegía su boca. Sostenía en sus brazos un gracioso peluche en forma de vaca con unos ojos brillantes y unas suaves orejas rosa.

Cuando Natacha vio a la Doctora Vacuna (nombre de mi payasa) sus ojos se agrandaron. Parecía que su animal preferido era esta especie de becerro vacuno a la que la doctora pertenecía. Le prometimos pasar más tarde y la niña asistió encantada.

Cuando llego el momento Natacha estaba sentada en la cama, jugaba a cepillar la larga cabellera de una muñeca. Su carita se iluminó al vernos y acordamos sacar a Señora Vaca (el nombre de mi marioneta bovina) para cantar la canción de la vaca lechera.

La nena al ver a la Señora Vaca danzar y hacer piruetas sobre mi brazo no hizo más que alargar las manitas para poder alcanzarla. Dudé un instante si sería conveniente para la niña que cogiera a la marioneta de guante que yo manejaba con mi mano izquierda, pero como no estaba aislada ni nos habían indicado que estuviera de recaída dejé que Señora Vaca acudiera a su encuentro.

Natacha, como si la conociera de toda la vida, la hace suya, le habla mirándole a la cara mientras le acaricia el lomo y le pregunta si quería seguir bailando o prefería dormir. De pronto se la acerca a su corazón y es entonces cuando a través de la piel de tela de la marioneta, puedo sentir los latidos de la nena, vibrando a través de mi mano izquierda, llegando directamente a mi onda vibracional. Y transmitiéndome una vitalidad y amor indescriptibles.

Admito que una vez en el vestuario lloré al recordar aquella magia, y doy de nuevo gracias por ello.

Laura Suñer (Doctora Vacuna)

Odio a los payasos

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Doctor Ambulancio (Darío Piera)

Eloy, de 7 años, estaba en Oncología en el Hospital La Fe de Valencia. Nada más vernos, dijo: “Odio a los payasos” y se tapó la cara, negando cualquier relación. Aunque insistimos un poco dejándonos ver, hubiera sido demasiado forzado continuar intentándolo.

Otro día nos lo encontramos en la escuela del hospital: estaba viendo un libro sobre la “Guerra de las Galaxias”. Aprovechando la situación, la enfermera Mina Mercromina y yo comenzamos a hablar entre nosotros, de los personajes que salían en la saga. De esta forma establecimos una relación más indirecta. De hecho, fue muy tierno ver como él no nos miraba ni quería hablar con nosotros, pero sin embargo cuando nos íbamos, levantó el libro para que pudiéramos seguir viéndolo y continuar con los comentarios sobre los personajes. Después ya enlacé con el juego de retratar a Mina en la pizarra y con eso finalmente pudimos hacer una actuación para él.

Nos comentaron que Eloy estaba reaccionando así con todo el mundo, algo que se intuía. A veces me sorprende que no haya más niños que nos reciban así, porque realmente se les saca de su contexto y su entorno, para pasar por experiencias que no son nada agradables para ellos.

Dario Piera (Doctor Ambulancio)

Codo con codo

Profesor Microscopio

Profesor Microscopio (Ventura Cano)

Cuando íbamos por el pasillo de la 5ª planta del Hospital Clínico, camino al ascensor, Marisa, la supervisora de Pediatría, nos llamó desde dentro de una habitación. Estaba retirando una vía a una niña con leucemia. Mi compañero (Max Recetax) y yo comenzamos a distraerla. Aunque de vez en cuando la pequeña miraba lo que le hacían en el brazo, nosotros volvíamos a captar su atención. Todo fue muy bien, aunque algún lamento se le escapó a la criatura.

En ocasiones el personal del hospital requiere de nuestras habilidades artísticas para llevar a cabo su tarea. Marisa, al terminar su labor, reconoció la ayuda prestada indicándonos que gracias a ella el trabajo había sido mucho mejor. Quedamos satisfechos con el reconocimiento y con la buena relación que hay entre el personal sanitario y nosotros, los payasos.

Ventura Cano (Profesor Microscopio)

Un tiburón en la habitación

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Doctora Esparadrapa (Elena Doncel)

Mi compañera Doña Urgencia (Jimena Cavalletti) y yo empezamos la jornada en el Hospital General de Castellón tarareando la canción de Superman. Como de costumbre, fuimos directamente al Hospital de Día. En la habitación que hay delante de la puerta de ese servicio había una niña oncológica que, según las enfermeras, estaba muy enfada y triste. En la transmisión (donde se nos informa del estado de los ingresos) nos contaron que la pequeña les decía que ella era un tiburón que comía enfermeras. Con esa información, me puse de acuerdo con Doña Urgencia para coger la propuesta al vuelo y entrar en la habitación diciéndole que teníamos una canción para ella. Enseguida pudimos comprobar que la pequeña no estaba muy contenta, al asegurarnos que no le iba a gustar. A pesar del rechazo inicial, empezamos a cantarle una canción con la melodía de Superman​ que decía: “soc el tauró que menja infermeres…”. La niña empezó a reír y a divertirse con la improvisada canción que repetíamos añadiéndole coreografía. Finalmente pasamos un momento muy divertido con ella, con sus familiares y con las enfermeras que presenciaron la escena. Claramente pudimos entrar en la “frecuencia” de la niña escuchando su enfado y trasformar el momento. Los niños necesitan sentirse escuchados, sentir que lo que dicen es importante para los adultos. En este caso, cantar una canción con lo que estaba viviendo en ese momento hizo que tomara protagonismo, que su voz rebotara y confirmara su valiosa existencia.

Elena Doncel (Doctora Esparadrapa)

Miranda sin su ojo

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Doctora Zirujuana (Mariló Tamarit)

Aquel día trabajé con el Profesor Microscopio (Ventura Cano) en el Hospital La Fe de Valencia. Al llegar al servicio de “Hospital de Día” entramos al box de Ignacio, que tenía 2 añitos, y de Damián, de 4 años, ambos diagnosticados de leucemia. Ignacio nos miró y ya tuvo suficiente. Sin embargo, Damián estaba sentado en la cama de cara a la pared. Tenía la cabeza vendada y un lloro quejoso y sin pausa. Nosotros intentamos captar su atención, pero era casi imposible porque estaba con los ojos cerrados. En ese momento saqué a Miranda, una marioneta confeccionada por mí con un calcetín azul. Empecé a reñirla porque estaba pegando trompazos y… ¡comiéndose la cortina! El pequeño pasó del llanto a la risa con el numerito que estabamos montando. De repente… ¡cayo encima de su cama uno de los ojos de Miranda! ¡Se despegó y se quedó con la cuenca azul al aire! Todos nos sorprendimos y nos burlamos de la marioneta. Damián el primero, porque Miranda pensaba que seguía estando guapa, pero la verdad es que daba bastante impresión… Una vez más, la desgracia ajena, aunque sea de un títere, provoca risa a los espectadores. Damián se quedó tranquilo y de muy buen humor. ¡Olé!

Mariló Tamarit (Doctora Zirujuana)

“Dormi tesoro”

Teo Mómetro (Panchi Coves)

Teo Mómetro (Panchi Coves)

A Fernanda, con tan solo 13 años, le diagnosticaron un Osteosarcoma (tumor óseo canceroso) y tuvieron que amputarle la pierna derecha. Cuando la Doctora Pilidora (Paqui Noquera) y yo preguntamos por ella a la enfermera que le atendía, nos dijo que había ingresado para que le administraran un ciclo de quimioterapia.

Cuando llegamos a su habitación, Fernanda nos demostró en todo momento que estaba receptiva y necesitada de nosotros. Nos miraba y permitía que la mirásemos. Su madre estaba presente. Hicimos una tontería muy grande con la forma de abrir y cerrar puertas… se rieron bastante.

Al finalizar este juego le propusimos a la joven cantarle una nana, pues acababa de desplazarse de su mesa a una cama para acompañantes que tenia a un metro. Lo hizo sola, su madre se alertó por si se caía o lastimaba perdiendo el control por su limitación. Pero Fernanda nos hizo una demostración de autosuficiencia, de no necesitar la ayuda de nadie para maniobrar a su gusto. Se acurrucó entre las sábanas y afirmó que sí que quería una nana. Le cantamos una canción de cuna italiana que solemos entonar: “Dormi tesoro”. La madre de Fernanda a mitad de la nana no pudo contenerse unas lágrimas y se giró levemente para que su hija no la viera. La adolescente, acurrucada, cerró los ojos e hizo ademán de jugar con nosotros a que era un bebé. Estaba cansada.

Panchi Coves (Enfermero Teo Mómetro)

Magia alucinante

Núria Urioz (Cap de Cervell Beni Cilina)

El Doctor Ambulancio (Darío Piera) y yo tuvimos un “momentazo” estupendo en la habitación de Rosalía de 13 años. La muchacha estaba ingresada en la Unidad de Oncología Pediátrica del Hospital La Fe de Valencia. Ambulancio quería hacer magia, pero no conseguía muy buenos resultados. A la tercera vez que lo intentaba, cuando por fin le salió, fue alucinante ver la transformación del rostro de Rosalía. Pasó de una sonrisa incrédula a ¡una sorpresa de alucine! ¡Qué regalazo! Acabamos la intervención con música marchosa. Y su abuela, que es una señora muy formal y sensata, tan seria como es, se levantó y se puso a bailar.

La abuela se llama Máxima y la he vuelto a ver otra vez, cuando iba con la Auxiliar Analista (Txetxe Folch). En esa ocasión, acabamos todas cantando y tocando una canción religiosa en su idioma. Ambas son de Guinea. Ellas seguían el ritmo con las maraquitas que les prestamos nosotras. Gracias Rosalía y Máxima por enseñarnos cómo la inocencia, la ilusión y el cariño están por encima de la enfermedad. Gracias por regalarnos vuestras canciones y bailes. ¡Menuda lección!

Núria Urioz (Cap de Cervell Beni Cilina)

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