Así da gusto

Doc Tornillo

Doc Tornillo (Quique Montoya)

Gabriela es una bebé de 21 meses con una Bronquiolitis que está con su mamá en la UCI del Hospital General de Alicante. Cuando entramos en su box la enfermera está poniéndole las gafas de respirar. Observamos que la pequeña está muy inquieta, asustada y agobiada, por lo que llora con mucha fuerza. Mi compañero Teo Mómetro (Pantxi Coves) y yo nos acercamos poco a poco tocando una canción muy melodiosa que utilizamos en estos casos: “Nuvolant”. De repente aparece una pompa de jabón por encima de nuestras cabezas. Doc Tornillo (el nombre de mi payaso), en un descuido había probado utilizar ese recurso tan mágico. Gabriela enmudece y se queda mirándonos fijamente. La enfermera, aprovechando la quietud de la niña consigue ponerle las gafas sin ningún problema. Finalmente, Gabriela y su mamá se tranquilizan. Al terminar, la enfermera nos dijo: “Así da gusto trabajar”.

Quique Montoya (Doc Tornillo)

El primer choque

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Mina Mercromina (Asun Cebrian)

Elvira, de 7 añitos, se encontraba en el servicio “Hospital de día” del Hospital Universitario y Politécnico La Fe. Los sanitarios estaban aplicándole su tratamiento. Compartía habitación con otra niña, un poquito más mayor que ella. La enfermera nos advirtió que los payasos no le hacíamos mucha gracia, pero que lo intentáramos a ver qué pasaba.

Doña Urgencia (Jimena Cavalletti), mi compañera de ese día y yo, nos asomamos a la puerta. Dirigiéndonos a la otra nena, preguntamos si se podía pasar. Por el rabillo del ojo ya vimos cómo la pequeña Elvira se escabullía entre las sábanas.

De pronto, dentro del juego, mi colega y yo nos chocamos. Notamos una leve risa. Fue entonces cuando vimos unos ojillos, con sus gafas rosas, que se asomaban entre la  blancura de la cama. En aquel mismo instante comprendimos cuál era la escena que debíamos desarrollar. Chocábamos con todo lo que había a nuestro alrededor: paredes, camas, sillas… Elvira y su compañera empezaron a reírse a carcajadas, al igual que sus mamás y el personal sanitario. Cuando nos íbamos a marchar, nos pidieron hacernos una foto todas juntas y su mamá nos dijo: “Os la habéis ganado al primer choque”. Nos mandó las fotos a Payasospital: Elvira estaba con una sonrisa de oreja a oreja. ¡Menudo cambio!

Asun Cebrian (Enfermera Mina Mercromina)

¿Dónde estás?

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Doctora Zirujuana (Mariló Tamarit)

En el box más pequeño del Hospital de Día de La Fe, en una misma cama, se encontraban Maite y Miriam de 5 y 9 años, respectivamente. Parecían hermanas pero no lo eran. Estaban muy alteradas, juguetonas y graciosas. Las dos son pacientes de Hematología. Aquel día jugamos a que el Profesor Microscopio (Ventura Cano) se escondía y yo no lo encontraba. Ellas se partían de la risa y me chivaban dónde estaba. Yo, torpemente, no lo veía. Hasta me apoyaba encima de él y no era consciente. Las niñas no paraban de reír y me seguían indicando y ayudando. Llegado un momento cambiamos los roles: ahora era yo, Zirujuana, la que se escondía y Microscopio el que buscaba. Elegí el mismo escondite, incluso la misma posición, que tenía mi compañero. Pero ellas esta vez, disimulaban. Querían despistarle. Todo menos chivarse… Es curioso cómo defendemos a los de nuestro mismo género. ¡Qué bonicas! Justamente yo había vivido esto pero al contrario: en el rol de la que salía perdiendo… Confieso que prefiero sentirme apoyada y defendida como en este juego con las niñas… ¡Qué divertido!

Mariló Tamarit (Doctora Zirujuana)

¡A tu salud!

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Cap de Cervell Beni Cilina (Núria Urioz)

Néstor, de 13 años, estaba ingresado en el servicio de Pediatría del Hospital Dr. Peset de Valencia, por dolor abdominal. Le habían dado un líquido “asqueroso” que tenía que ir bebiendo cada 15 minutos. Era para evacuar.

Cuando llegamos, el Profesor Microscopio (Ventura Cano) y yo, Beni Cilina (el nombre de mi payasa), Néstor estaba en la primera toma. Al adolescente le costaba muchísimo ingerir su brebaje.

Al percatarse de la situación, Beni Cilina fue a buscar otro vaso y una botella idéntica para que Microscopio también bebiera ese mejunje. El jovencito sabía que, obviamente, era agua, pero entró en el juego. Gracias a los locos brindis de Néstor y Micro, el chaval se acabó esa primera toma con alegría.

Cuando salimos de su habitación nos regaló un precioso: “¡Gracias!”

Núria Urioz (Cap de Cervell Beni Cilina)

Codo con codo

Profesor Microscopio

Profesor Microscopio (Ventura Cano)

Cuando íbamos por el pasillo de la 5ª planta del Hospital Clínico, camino al ascensor, Marisa, la supervisora de Pediatría, nos llamó desde dentro de una habitación. Estaba retirando una vía a una niña con leucemia. Mi compañero (Max Recetax) y yo comenzamos a distraerla. Aunque de vez en cuando la pequeña miraba lo que le hacían en el brazo, nosotros volvíamos a captar su atención. Todo fue muy bien, aunque algún lamento se le escapó a la criatura.

En ocasiones el personal del hospital requiere de nuestras habilidades artísticas para llevar a cabo su tarea. Marisa, al terminar su labor, reconoció la ayuda prestada indicándonos que gracias a ella el trabajo había sido mucho mejor. Quedamos satisfechos con el reconocimiento y con la buena relación que hay entre el personal sanitario y nosotros, los payasos.

Ventura Cano (Profesor Microscopio)

Risas a montones

Profesor Microscopio

Profesor Microscopio (Ventura Cano)

Cuando llegamos con mi compañero de ese día, el Doctor Ambulancio (Darío Piera), a la 5ª planta del Hospital Clínico, realizamos una intervención para Joan, un niño de 6 años que está en estudio por inestabilidad y vértigo. Tiene problemas de habla, pero se esfuerza en responder a nuestras preguntas.  

El juego creado entre nosotros giraba alrededor de una broma y la repetición de la misma. Obtuvimos un buen resultado ya que el pequeño se rió un montón. 

Más tarde, nos encontramos a su madre en el pasillo y nos dice que el niño no para de contar y recordar lo que ha vivido con los payasos.  

Nos hemos quedado en su memoria y tengo la intuición que permaneceremos en ella bastante tiempo. Se lo debió pasar bomba. Lo sacamos de donde estaba y se olvidó del hospital.  ¡Qué satisfacción! 

Ventura Cano (Profesor Microscopio)

Sin llanto y sin pañuelo

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“Dotor” Max Recetax (Sergio Claramunt)

En el último box de la UCI pediátrica del Hospital Clínico se encontraba Ricardo, un niño de 10 años ingresado por un problema respiratorio. Estaba solo y… llorando. Se nos encogió el corazón al verlo en ese estado y una mirada de complicidad entre mi compañero, el Profesor Microscopio (Ventura Cano) y yo, bastó para ponernos en acción de inmediato.

Comenzamos con mucha cautela presentándonos de una forma suave, pero muy tonta. El niño moderaba sus lloros sin perdernos de vista. Acabada esta tímida introducción, Microscopio le preguntó si le gustaba la magia. El pequeño afirmó con un leve movimiento de cabeza. Mi colega le advirtió que el “Dotor” Max Recetax (el nombre de mi payaso) era un gran mago. Yo me hice el sorprendido y con mucho apuro le dije a Microscopio que no tenía ni idea de lo que decía. Micro insistió y anunció que Max iba a hacer desaparecer el pañuelo que sacó de mi bolsillo. Sin poder eludir la situación, me puse manos a la obra.

Al primer intento de desaparición, Ricardo no dudó en señalar con su dedo dónde había ido a parar el pañuelo. El mago no era muy eficaz, sin embargo el jovencito ya había cesado su llanto. Tras varios esfuerzos frustrados, a cada cual más ridículo, creí que ya lo había conseguido, pero el pañuelo sobresalía descaradamente por debajo de mi sombrero tapándome media cara. El muchacho comenzó a sonreír. Mi payaso, desesperado, le pidió entonces un soplo mágico y… esta vez por fin… ante el asombro de los tres… ¡el pañuelo desapareció! Todos estupefactos buscamos en vano dónde podría estar el trapo evaporado. Un nuevo soplo de nuestro protagonista lo hizo aparecer de nuevo. Agradecidos y maravillados ante tal destreza, nos despedimos dejando al chaval perplejo y encantado, con un estado muy lejano al que le habíamos encontrado.

Mi camarada y yo salimos de la UCI gratamente satisfechos de contribuir al drástico cambio de humor del afligido y extraordinario mago.

Sergio Claramunt (“Dotor” Max Recetax)

Estruendo en el aseo

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Esa mañana en el Hospital General de Alicante, hicimos varias visitas con el tema de los pedos, que no solemos utilizar mucho, pero ese día surgió en la habitación de Andrés. El muchachito tenía 4 años y no quería que entráramos. Le precisamos que sólo era para usar el aseo y de este modo nos dejó pasar.

La Doctora Pili Dora Comprimida (Paqui Noguera) dentro del cuarto de baño, la enfermera Paquita Tiritas (el nombre de mi payasa) en la puerta esperando. Pili Dora “petorra” perdida y Paquita Tiritas sofocada dando escusas: que si las lentejas… que si las cañerías… medio mareada por el tufillo. El niño, con cada estruendo del “petorro”, se mondaba de risa.

Su negativa a jugar con nosotras se convirtió en un desternillante juego para todos.

Susana Giner (Enfermera Paquita Tiritas)

Del enfado al juego

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Doctor Ambulancio (Darío Piera)

Nos encontramos con Diego de 4 añitos. Estaba en la sala de espera de consultas externas de otorrinolaringología del Hospital Universitario Dr. Peset en Valencia. Esa mañana me acompañaba la Cap de Cervell Beni Cilina (Núria Urioz), con la cual improvisamos una escena que tuvo que ver con las “energías” y nos dejó emocionados.

El pequeño salió de la consulta muy enfadado. El Doctor Ambulancio (el nombre de mi payaso) se puso a su lado, le espejó emocional y físicamente entrando en el mismo estado. En ocasiones, Ambulancio le pedía que le enseñara cómo enojarse más, porque mi payaso quería enfadarse mucho. Así, mostrando lo disgustados que estaban, ambos asustaban a Beni Cilina. Las repeticiones funcionaron de maravilla y al final Diego estaba encantado con el juego.

La magia había sucedido. El enfado inicial se convirtió en juego placentero. Tal fue la complicidad que luego el crío quería acompañarnos. Y todo esto, casi sin decir ni una palabra.

Darío Piera (Doctor Ambulancio)

A dos bandes…

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Supervisora Remedios (Esther Ramos)

Un altre cas que volia comentar es Iraida, de 20 mesos amb ferida al coll. Estàvem fent l’actuació des del passadís a un altre xiquet perquè tenia un poquet de por. Ens trobàvem amb Remo (el nom de la meua titella) i li fèiem pompes de sabó, quan de cop ens sentim una risotada darrere nostre. Era Iraida al braç de sa mare que s’havien posat darrere a mirar-nos. Prèviament la mare ens havia dit al vore’ns passar… “Uy, ésta es muy pequeñita”.

Va a ser inevitable que la nostra actuació fora, a partir d’eixe moment a dos bandes. L’energia i la risotada que tenia Iraida va envair el corredor.

De cop i volta comencen a treure caps les infermeres, sobretot les de pràctiques, amb cara de sorpresa. I també una altra xiqueta que no les tenia totes, però al vore el riure d’Iraida, va entrar molt bé a observar-nos.

Va a ser bonic vore la cara de la mare al·lucinada i inclús la nostra per l’esclat de riure d’Iraida cada cop que fem un ritme en concret.

Esther Ramos (Supervisora Remedios)

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