Un pinchazo menos

Doña Urgencia (Jimena Cavalletti)

Aquel día en el Hospital de la Plana, en Vila-Real, con mi compañera Laura Suñer, estuvo muy divertido. La Doctora Vacuna (el nombre de su payasa) es un encanto, funciona muy bien con la gente, tiene un sí para todo y es muy muy tonta. Trabaja en un estado de fragilidad que entra muy bien a quien la recibe. Ese día visitamos a una niña, Lidia de 12 años con debut diabético. Nos habían contado las enfermeras que su padre estaba muy preocupado. Nosotras entramos a contar chistes muuuuuuuyyyyy malos y funciono genial. Su padre por momentos se iba de paseo a otro mundo, pero se lo decíamos a la cara y volvía a conectar, hasta el punto que terminó buscando un chiste en internet para contárnoslo a nosotras. Todas partiéndonos de risa y transformando la energía. Al acabar, las enfermeras nos comentaron que antes de nuestra visita iban a ponerle insulina y que después de nuestra visita, el azúcar estaba equilibrado y no hizo falta pincharla. ¡¡¡¡Uffff!!!! ¡Qué alegría dan también estos datos matemáticos concretos!

Jimena Cavalletti (Doña Urgencia)

Se asoma un ratón

Dotor Max Recetax (Sergio Claramunt)

Ese día la UCI Pediátrica del Hospital Clínico de Valencia estaba completa. La doctora Eva nos informó del estado de los menores ingresados en ese servicio e inmediatamente después, mi compañero el Profesor Microscopio (Ventura Cano) y yo, el “Dotor” Max Recetax, nos pusimos en acción.

Al acercarnos a la primera cama, nada más vernos, Sandra de 3 años, afectada por una neumonía, comenzó a gritar y lloriquear, rechazando nuestra presencia. Ante tal reacción, solo bastó una mirada entre mi colega y yo para desaparecer del campo visual de la pequeña. Estaba sola, en un medio desconocido y hostil, era comprensible que la niña estuviera desconcertada, nerviosa e irritable. Yo opté por comenzar a hacerle música a un bebé con bronquiolitis que estaba en la cama contigua. Sin embargo, mi compañero sacó a Leo, su marioneta-ratón de biblioteca, y la empezó a asomar por entre los goteros y cajas de guantes que había enfrente de la cama de Sandra. Ante la aparición y desaparición de aquel divertido ratoncito, acompañado de sus ruiditos y vocecillas peculiares, la niña poco a poco abandonó su queja y observó curiosa las peripecias de aquel personajillo. Sin darme cuenta, la música de mi guitarra ponía banda sonora a aquella escena y la pequeña, seducida completamente por Leo, comenzó a reír. Nuestra presencia no le había gustado, pero las aventuras de ese leído roedor la tenían embelesada.

Más tarde, llegó la madre de Sandra y cuando nos íbamos de la UCI, la peque nos decía adiós con la manita y nos tiraba besitos. Por supuesto, Micro y yo, salimos encantados y sorprendidos porque, una vez más, la magia titiritera había dado excelentes resultados. Una gran ovación para Leo, ese fantástico ratón de biblioteca.

Sergio Claramunt (Dotor Max Recetax)

¿Agua en el hospital?

Doctora Esparadrapa (Elena Donzel)

Llevábamos un par de meses visitando a Bego, una niña que tuvo una complicación a raíz de una sinusitis: tenía medio cuerpo paralizado. Empezaba el verano y en nuestras intervenciones en el Hospital General de Castellón, ya notábamos el aumento de la temperatura. Aquel día cuando entramos en la habitación de Bego, allí estaba: un bote de plástico repleto de esos globitos de colores que se llenan de agua y con los que todos hemos jugado de pequeños. ¡Nadie puede resistirse a tener en sus manos unas bolas blandas brillantes llenas de agua! Miramos con deseo aquel objeto que hacía estallar de emoción nuestras pupilas. Pero Bego, su mamá, Pía y yo nos preguntabamos si sería posible jugar con tales elementos… ¿Agua? ¿En el hospital?… Todas dijimos: ¡¡¡Sííííí!!! Empezamos a rellenar los globos y mientras se llenaban, la habitación se llenaba también de risas nerviosas, como si estuviéramos planeando una travesura. Una vez llenos, empezó el juego. Comenzamos a pasarnos los globos por los aires, con la tensión que creaba el no querer acabar con la habitación encharcada. Bego, que por su enfermedad no tenía casi movilidad, se sumergió en el juego sin dejar caer ni un solo globo al suelo, aun disponiendo de movilidad en solo la mitad de sus extremidades. Fue una experiencia especial. Reímos mucho y por suerte no cayó ninguno al suelo… Bueno, no en la habitación… pero esa es otra historia.

Elena Donzel (Doctora Esparadrapa)

El muñeco de Malak

Enfermera Mina Mercromina (Asun Cebrian)

Cuando llegamos al servicio, las enfermeras nos dijeron que habían llorado mucho los días pasados, pero que hoy se encontraban un poco mejor. La muerte de Claudio había sido un palo para todos. Lo conocíamos desde hacía tantos años que no soy capaz de recordar la primera vez que lo vimos. Era un chaval siempre amable que quería mucho a nuestros payasos. Junto a él, en la misma habitación, siempre estaba Malak.

Tras su muerte, tan repentina para todos, nos preguntamos cómo lo llevaría todo el servicio, en especial Malak. Las enfermeras nos dijeron que lo llevaba bastante bien. Nos sorprendió que ellas le habían confeccionado un muñeco.

Cuando entramos a verlo, enseguida nos dijo que Claudio había muerto y que él tenía allí al muñeco que lo representaba. Con una serenidad absoluta, habló de Claudio y de que se había marchado. Mi compañera de ese día, Beni Cilina (Nuria Urioz), contó una historia sobre un arco iris y después cantamos la canción favorita de Claudio. Malak le puso una maraca al muñeco y todos cantamos a voz en grito. Fue un bonito homenaje. Malak nos puso muy fácil hablar con naturalidad de la pérdida de Claudio.

Los niños nos enseñan. Ahora Malak ya no utiliza el muñeco para mitigar su dolor y poco a poco se va haciendo a la idea. Nos ha dado una lección de integridad y de cariño hacia su amigo y de cómo hacer el viaje del duelo paso a paso.

Asun Cebrian (Enfermera Mina Mercromina)

No quiere que entréis

Supervisora Remedios (Esther Ramos)

Darío te 9 anys i està ingressat per Broncoespasmo. En este xiquet, just quan anàvem a entrar, una infermera ens va pillar pel passadís i ens va dir: “Que me ha dicho que no quiere que entréis, que no tiene ánimo para nada”.

La Doctora Esparadrapa, el nom de la meua companya (Elena Donzel) i jo vam anar cap a l’ habitació per a tancar la porta i tantejar. Només de dir-li a Esparadrapa que tancara la porta que no anàvem a entrar, ell va començar a riure. La mare el mirave de reüll i al·lucinava. Així vam estar un poquet, Esparadrapa que deia que per suposat que l’ anava a tancar i mai la tancava… Vam fer eixe joc des de la porta i va funcionar genial. El misteri del que es diu en un principi i el que passe al final.

És veritat que este xiquet al dia següent que vam tornar, l’ havien pujat a UCI i li estaven fent una placa. Estava en el llit que està dins la cristalera, i es va tapar la cara perquè no volíe saber res. Esta vegada no vam insistir. Estava clar.

Esther Ramos (Supervisora Remedios)

Una canción triste

Doc Tornillo (Quique Montoya)

Entramos en la habitación de Ander, de 10 años, ingresado en el Hospital General de Alicante. Al preguntarle si quería una canción alegre o triste, nos contesta, con complicidad y picardía en los ojos, que prefiere una triste. Al instante mi compañero, el enfermero Teo Mómetro (Pantxi Coves) y yo, comenzamos a improvisar una canción en la que todas las mascotas de Doc Tornillo (el nombre de mi payaso), se iban muriendo por diversas razones: un constipado, un atropello de camión, una caída por un precipicio… Cada vez que la canción se ponía más triste, Ander iba riendo más y más, hasta el punto de pedirnos que fuera lo más triste posible. Una vez terminada, los payasos nos quedamos con una tristeza teatral que a Ander no podía ocasionarle otra cosa que reír aún más. Ander nos dio una gran lección. Y es que a veces es necesario reírnos de las tristezas y hablar tranquilamente de la muerte. Los niños, en la mayoría de las ocasiones, están mejor preparados que los adultos para afrontar situaciones difíciles, entre ellas la muerte.

Quique Montoya (Doc Tornillo)

Así da gusto

Doc Tornillo

Doc Tornillo (Quique Montoya)

Gabriela es una bebé de 21 meses con una Bronquiolitis que está con su mamá en la UCI del Hospital General de Alicante. Cuando entramos en su box la enfermera está poniéndole las gafas de respirar. Observamos que la pequeña está muy inquieta, asustada y agobiada, por lo que llora con mucha fuerza. Mi compañero Teo Mómetro (Pantxi Coves) y yo nos acercamos poco a poco tocando una canción muy melodiosa que utilizamos en estos casos: “Nuvolant”. De repente aparece una pompa de jabón por encima de nuestras cabezas. Doc Tornillo (el nombre de mi payaso), en un descuido había probado utilizar ese recurso tan mágico. Gabriela enmudece y se queda mirándonos fijamente. La enfermera, aprovechando la quietud de la niña consigue ponerle las gafas sin ningún problema. Finalmente, Gabriela y su mamá se tranquilizan. Al terminar, la enfermera nos dijo: “Así da gusto trabajar”.

Quique Montoya (Doc Tornillo)

El primer choque

©payasopital-9645

Mina Mercromina (Asun Cebrian)

Elvira, de 7 añitos, se encontraba en el servicio «Hospital de día» del Hospital Universitario y Politécnico La Fe. Los sanitarios estaban aplicándole su tratamiento. Compartía habitación con otra niña, un poquito más mayor que ella. La enfermera nos advirtió que los payasos no le hacíamos mucha gracia, pero que lo intentáramos a ver qué pasaba.

Doña Urgencia (Jimena Cavalletti), mi compañera de ese día y yo, nos asomamos a la puerta. Dirigiéndonos a la otra nena, preguntamos si se podía pasar. Por el rabillo del ojo ya vimos cómo la pequeña Elvira se escabullía entre las sábanas.

De pronto, dentro del juego, mi colega y yo nos chocamos. Notamos una leve risa. Fue entonces cuando vimos unos ojillos, con sus gafas rosas, que se asomaban entre la  blancura de la cama. En aquel mismo instante comprendimos cuál era la escena que debíamos desarrollar. Chocábamos con todo lo que había a nuestro alrededor: paredes, camas, sillas… Elvira y su compañera empezaron a reírse a carcajadas, al igual que sus mamás y el personal sanitario. Cuando nos íbamos a marchar, nos pidieron hacernos una foto todas juntas y su mamá nos dijo: «Os la habéis ganado al primer choque». Nos mandó las fotos a Payasospital: Elvira estaba con una sonrisa de oreja a oreja. ¡Menudo cambio!

Asun Cebrian (Enfermera Mina Mercromina)

¿Dónde estás?

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Doctora Zirujuana (Mariló Tamarit)

En el box más pequeño del Hospital de Día de La Fe, en una misma cama, se encontraban Maite y Miriam de 5 y 9 años, respectivamente. Parecían hermanas pero no lo eran. Estaban muy alteradas, juguetonas y graciosas. Las dos son pacientes de Hematología. Aquel día jugamos a que el Profesor Microscopio (Ventura Cano) se escondía y yo no lo encontraba. Ellas se partían de la risa y me chivaban dónde estaba. Yo, torpemente, no lo veía. Hasta me apoyaba encima de él y no era consciente. Las niñas no paraban de reír y me seguían indicando y ayudando. Llegado un momento cambiamos los roles: ahora era yo, Zirujuana, la que se escondía y Microscopio el que buscaba. Elegí el mismo escondite, incluso la misma posición, que tenía mi compañero. Pero ellas esta vez, disimulaban. Querían despistarle. Todo menos chivarse… Es curioso cómo defendemos a los de nuestro mismo género. ¡Qué bonicas! Justamente yo había vivido esto pero al contrario: en el rol de la que salía perdiendo… Confieso que prefiero sentirme apoyada y defendida como en este juego con las niñas… ¡Qué divertido!

Mariló Tamarit (Doctora Zirujuana)

¡A tu salud!

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Cap de Cervell Beni Cilina (Núria Urioz)

Néstor, de 13 años, estaba ingresado en el servicio de Pediatría del Hospital Dr. Peset de Valencia, por dolor abdominal. Le habían dado un líquido “asqueroso” que tenía que ir bebiendo cada 15 minutos. Era para evacuar.

Cuando llegamos, el Profesor Microscopio (Ventura Cano) y yo, Beni Cilina (el nombre de mi payasa), Néstor estaba en la primera toma. Al adolescente le costaba muchísimo ingerir su brebaje.

Al percatarse de la situación, Beni Cilina fue a buscar otro vaso y una botella idéntica para que Microscopio también bebiera ese mejunje. El jovencito sabía que, obviamente, era agua, pero entró en el juego. Gracias a los locos brindis de Néstor y Micro, el chaval se acabó esa primera toma con alegría.

Cuando salimos de su habitación nos regaló un precioso: «¡Gracias!»

Núria Urioz (Cap de Cervell Beni Cilina)

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