Magia alucinante

Núria Urioz (Cap de Cervell Beni Cilina)

El Doctor Ambulancio (Darío Piera) y yo tuvimos un “momentazo” estupendo en la habitación de Rosalía de 13 años. La muchacha estaba ingresada en la Unidad de Oncología Pediátrica del Hospital La Fe de Valencia. Ambulancio quería hacer magia, pero no conseguía muy buenos resultados. A la tercera vez que lo intentaba, cuando por fin le salió, fue alucinante ver la transformación del rostro de Rosalía. Pasó de una sonrisa incrédula a ¡una sorpresa de alucine! ¡Qué regalazo! Acabamos la intervención con música marchosa. Y su abuela, que es una señora muy formal y sensata, tan seria como es, se levantó y se puso a bailar.

La abuela se llama Máxima y la he vuelto a ver otra vez, cuando iba con la Auxiliar Analista (Txetxe Folch). En esa ocasión, acabamos todas cantando y tocando una canción religiosa en su idioma. Ambas son de Guinea. Ellas seguían el ritmo con las maraquitas que les prestamos nosotras. Gracias Rosalía y Máxima por enseñarnos cómo la inocencia, la ilusión y el cariño están por encima de la enfermedad. Gracias por regalarnos vuestras canciones y bailes. ¡Menuda lección!

Núria Urioz (Cap de Cervell Beni Cilina)

Una elefanta en Urgencias

Auxiliar Analista (Txetxe Floch)

Auxiliar Analista (Txetxe Floch)

Dentro del servicio de Urgencias del Hospital Dr. Peset en Valencia, la puerta de la consulta de la doctora Olga estaba cerrada, pero se oía llorar fuertemente a un pequeño. Tras actuar para otro nene que estaba en el box, Mina Mercromina y yo decidimos asomar la cabecita…

La doctora Olga nos vio y primero, impulsivamente, con la cabeza hizo un gesto de que ahora no iba bien. Cerré la puerta y casi al instante se abrió. Olga sonriendo, nos pidió que interviniéramos. Había un pequeño rubiales de tres años llorando desconsolado porque le querían auscultar, pero era doloroso cada vez que lo tocaban. Así que Analista (es el nombre de mi payasa) se agachó al lado, mientras miraba cómo del bolsillo de la bata, iba saliendo la elefanta Matilde, con su paraguas volador… al mismo tiempo sonaban unos lindos armónicos de la concertina de Mina.

El pequeño querubín, dejó de mirar donde le dolía y a los médicos, y empezó a atendernos cada vez más. Olga, la doctora, que es una gran cómplice nuestra y tiene una sensibilidad especial para los peques, esperó e hizo esperar al otro médico. Nos miraba, atendiendo cómo nos llevábamos al pequeño al mundo imaginario de Matilde la acróbata… y cuando ya vio que estábamos todos los de aquella habitación dentro del cuento, sólo entonces… se dedicó a tocar al nene, con cuidado de no molestarlo. Una gran maestra de la sensibilidad.

Txetxe Folch (Auxiliar Analista)

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