Transformación hipnótica

Doctora Pili Dora y Enfermera Paquita Tirita

Doctora Pili Dora y Enfermera Paquita Tirita

En la UCI del Hospital General de Alicante, hubo una interacción muy divertida que vivimos mi compañera y yo. Fue con Iván, un niño ingresado de 6 años que visitamos dos veces.

La primera vez que fuimos a verlo estaba jugando con un aparato electrónico. Tenía la mirada centrada en su pantallita. Una enfermera nos comentó que los payasos no le hacían gracia y le había dicho que no se iba a reír. Así que fuimos para allá ¡¡¡al ataque!!! No quitaba ojo de la pantalla e insistía en que no le íbamos a hacer reír, así que nos pusimos a jugar entre nosotras. Yo hipnotizaba a Pili Dora (Paqui Noguera) y la transformaba en lo que yo quería: gallina, mono… El pequeño, poco a poco, iba mirando de reojo hasta que, finalmente, entró a tope en el juego, tanto que terminó siendo él, en complicidad conmigo, quien ideaba la próxima transformación hipnótica:

– Ahora, el suelo te quema.

– ¡Ahora, hay un terremoto!

– ¡¡Ahora, intentas subir por las paredes!!

– ¡¡¡Ahora no ves nada!!!!

Bueno, la Doctora Pili Dora ese día no necesitó gimnasio, jajaja, ¡Con lo que le gusta a ella el remeneo, acabó con la lengua fuera! El siguiente lunes que fuimos a visitarlo nos estaba esperando con un listado de aventuras hipnóticas que volvió a dejar a Pili Dora con dos kilitos menos. ¡Increíble la transformación de una semana a la siguiente, de nuestro querido Iván!

Susana Giner (Enfermera Paquita Tirita)

La sorprendente canción sin sonido

Teo Mómetro y Paquita Tirita

Panchi Coves (Teo Mómetro) y Susana Giner (Paquita Tirita)

Aicha, es una niña sorda de cinco años con un tumor cerebral que fue operada en tres ocasiones. El primer día que la visitamos estaba con sus padres en la habitación. Nos dispusimos a hacer música, ya que realmente, aunque sea sorda, le encanta. Comencé a tocar y cantar muy cerquita de ella “Un barquito de cáscara de nuez”, mientras Paquita Tiritas (Susana Giner) hacía pompas de jabón. Yo permanecí concentrado en la mirada de Aicha y en su sonrisa. De repente, se quedó mirándome y empezó a hacer espejo de mi articulación fonética. Aicha disfrutaba de poder cantar conmigo lo que yo entonaba. Tuve que controlar mis emociones para no convertirme en espectador de aquel increíble suceso. Cuando finalizó la canción le colocamos nuestro osito mágico delante de su boca para que soplara e hiciese pompas. Se reía un montón con su risa fantástica y peculiar.

Al parecer, Aicha tuvo una serie complicaciones en el pos-operatorio y volvió a la U.C.I. El segundo día que fuimos a visitarla allí estaba. Con su mirada cómplice y sorpresiva. Muy despierta, atenta. Unas pompas y un conejito la saludaron. Nos comunicaron que la iban trasladar de unidad, por lo que le dijimos que luego nos veríamos en la sala de pediatría. Ella afirmó con su entusiasmo. Más tarde pasamos y todavía no había llegado…

El tercer día, Aicha no estaba en la lista de ingresos. Pregunté por ella, a ver qué había pasado… Paula, la enfermera que nos cuenta cada día el estado de los niños, nos dijo que al no poder hacer nada más por ella en el hospital, había regresado a su país de origen, Argelia.

Siempre recordaré a Aicha que con sus cinco añitos, siendo sorda y argelina, intentaba cantar conmigo la canción de “Un barquito”… sin conocerla ni haberla escuchado probablemente… y quizás… sin haberla intentado cantar nunca.

Como también recordaré a Nicoleta de Rumanía, que hace cinco años, con un lápiz de color intentaba redibujarme o rayarme con él, en el espacio imaginario entre ella y yo. Estas son experiencias que jamás olvidaré. Gracias.

Panchi Coves (Enfermero Teo Mómetro)

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