La màgia de Paco

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Dr. Càpsulo Pretendós (Jaume Costa)

Volia parlar-vos de Paco, un xiquet oncològic de 7 anys, i de la seua incomoda actitud de rebuig a nosaltres tirant-nos de la habitació i cridant: “¡Fuera! ¡Fuera!”. Fins i tot recorde que la primera vegada que el vaig vorer a La Fe anava amb la Doctora Esparadrapa (Elena Donzel) i ens va tirar fins i tot algun objecte. Als seus pares els encantem i els sap mal que a vegades siga tant agressiu amb nosaltres (i supose que també amb la resta del món). Jo he vist a Paco tres vegades, la primera es aquesta que ja he comentat anant amb Esparadrapa i evidentment no varem entrar. En canvi les altres dos vegades que he vist al xic ens ha rebut molt bé. Com per exemple un dia amb la Infermera Mina Mercromina (Asun Cebrián). A sa mare li va encantar que anàrem i a Paco pareix ser que també, perquè de seguida ens va mostrar amable amb nosaltres i ens va obsequiar amb diversos números de màgia, alguns que li van sortir bé i altres com a nosaltres en s’urgeix en les nostres absurdes intervencions. Això sí, quan va acabar la seva actuació començava a canviar la actitud i posar-se nervioset. Sa mare es va disculpar al final. Es la màgia de Paco. Si tens sort et rebrà bé, si no cuida-ho pots resultar ferit. Es la energia del moment.

Jaume Costa (Dr. Càpsulo Pretendós)

¿Dónde estás?

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Doctora Zirujuana (Mariló Tamarit)

En el box más pequeño del Hospital de Día de La Fe, en una misma cama, se encontraban Maite y Miriam de 5 y 9 años, respectivamente. Parecían hermanas pero no lo eran. Estaban muy alteradas, juguetonas y graciosas. Las dos son pacientes de Hematología. Aquel día jugamos a que el Profesor Microscopio (Ventura Cano) se escondía y yo no lo encontraba. Ellas se partían de la risa y me chivaban dónde estaba. Yo, torpemente, no lo veía. Hasta me apoyaba encima de él y no era consciente. Las niñas no paraban de reír y me seguían indicando y ayudando. Llegado un momento cambiamos los roles: ahora era yo, Zirujuana, la que se escondía y Microscopio el que buscaba. Elegí el mismo escondite, incluso la misma posición, que tenía mi compañero. Pero ellas esta vez, disimulaban. Querían despistarle. Todo menos chivarse… Es curioso cómo defendemos a los de nuestro mismo género. ¡Qué bonicas! Justamente yo había vivido esto pero al contrario: en el rol de la que salía perdiendo… Confieso que prefiero sentirme apoyada y defendida como en este juego con las niñas… ¡Qué divertido!

Mariló Tamarit (Doctora Zirujuana)

A ritmo de rap

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Camillera Juanola Pastilla (Mado Vidal)

En el Hospital Clínico de Valencia, el doctor Juan nos pidió que, cuando visitáramos a Lucas, de 14 años, intentáramos que el chaval moviera los pies y las piernas. El adolescente estaba ingresado porque tenía una aparente parálisis en la pierna derecha. Le estaban haciendo pruebas, pero todo daba negativo y parecía más bien un problema de tipo psicosomático.

En este hospital, el equipo médico siempre nos recibe con los brazos abiertos. El doctor Juan nos había informado del estado de los menores ingresados, de manera ejemplar. Nos explicó multitud de detalles: una verdadera clase magistral. Fue maravilloso sentir que nos consideraba parte del equipo y nos trataba como tal.

Cuando entramos en la habitación de Lucas, creamos una intervención artística que involucraba a todos los presentes en el baile del “Rap del Tazo”… sobretodo a Lucas. Fue entonces cuando ocurrió lo increíble: el adolescente comenzó a mover los pies, acelerando, frenando, hacia un lado, hacia el otro, la rodilla… El doctor Juan entró a la habitación para ver lo que hacíamos y se sumó al juego con nosotros. Fue genial.

Mado Vidal (Camillera Juanola Pastilla)

Tolón tolón

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Doctora Vacuna ( Laura Suñer)

Natacha tiene 4 años, nos la encontramos en el pasillo de Oncología. La ingresaban esa misma mañana. Un pañuelo de colores le cubría la cabeza, una mascarilla pequeña protegía su boca. Sostenía en sus brazos un gracioso peluche en forma de vaca con unos ojos brillantes y unas suaves orejas rosa.

Cuando Natacha vio a la Doctora Vacuna (nombre de mi payasa) sus ojos se agrandaron. Parecía que su animal preferido era esta especie de becerro vacuno a la que la doctora pertenecía. Le prometimos pasar más tarde y la niña asistió encantada.

Cuando llego el momento Natacha estaba sentada en la cama, jugaba a cepillar la larga cabellera de una muñeca. Su carita se iluminó al vernos y acordamos sacar a Señora Vaca (el nombre de mi marioneta bovina) para cantar la canción de la vaca lechera.

La nena al ver a la Señora Vaca danzar y hacer piruetas sobre mi brazo no hizo más que alargar las manitas para poder alcanzarla. Dudé un instante si sería conveniente para la niña que cogiera a la marioneta de guante que yo manejaba con mi mano izquierda, pero como no estaba aislada ni nos habían indicado que estuviera de recaída dejé que Señora Vaca acudiera a su encuentro.

Natacha, como si la conociera de toda la vida, la hace suya, le habla mirándole a la cara mientras le acaricia el lomo y le pregunta si quería seguir bailando o prefería dormir. De pronto se la acerca a su corazón y es entonces cuando a través de la piel de tela de la marioneta, puedo sentir los latidos de la nena, vibrando a través de mi mano izquierda, llegando directamente a mi onda vibracional. Y transmitiéndome una vitalidad y amor indescriptibles.

Admito que una vez en el vestuario lloré al recordar aquella magia, y doy de nuevo gracias por ello.

Laura Suñer (Doctora Vacuna)

Bomba de amor

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Doña Urgencia (Jimena Cavalletti)

Me encontraba con Beni Cilina (Núria Urioz) en los ascensores del Hospital Dr. Peset que suben a las consultas de Otorrino. Yo jugaba con la gente que iba en el ascensor: ejercía mis poderes para cerrar y abrir puertas, mientras Beni musicalizaba el momento.

En cuanto acabo, Beni me dice que tengo una admiradora. Miro a mi izquierda y había una niña de unos 5 años mirándome. Cuando nuestras miradas se encontraron, ella me abrazo dulcemente y yo a ella, con un abrazo muy verdadero. Mientras los segunditos pasaban se escuchaban sonidos de ternura a nuestro alrededor. Disolvimos el abrazo y le pregunté cómo se llamaba. Me dijo “Nerea” y se fue corriendo junto a su padre mientras me gritaba “¡Qué tengas un lindo día!”.

Fue como una bomba de amor que explotó y atravesó a todas las personas que tuvimos la suerte de vivir el momento. Inmediatamente se “abrió una fuente” de frases cariñosas hacia nuestra labor. Estas son aquellas pequeñas cosas que le dan verdadero sentido a nuestro trabajo.

Jimena Cavalletti (Doña Urgencia)

Fan número uno

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Doctora Zirujuana (Mariló Tamarit)

Era jueves. Mina Mercromina y yo estábamos en el Hospital La Fe y nos tocaba visitar Hemodiálisis. Nada más entrar al pasillo, Marcelo nos saltó a los brazos. No podéis imaginar la alegría del niño al vernos. El personal sanitario y todos los que estaban por allí, no podían parar de mirar la escena. Fue muy emocionante.

– ¡Os quiero…! ¡Os echo tanto de menos! ¡Qué ganas de veros tenía! nos decía¿Y cómo están los demás payasos? Dadles muchos besos de mi parte y decidles que tengo muchas ganas de verlos… ¡Me sé todo vuestro disco “Dando la Nota”!

Una vez dentro del servicio, hicimos el espectáculo con él porque era un derroche de abrazos y alegría. Cantamos algunas de las canciones de nuestro disco, involucrando también a los otros niños presentes en el servicio. Marcelo cantaba con nosotras con fuerza interpretativa, impulsado por la emoción. Nos hizo cantar “Queda alguien más”, “María Sarmiento”, “Endevinàfrica”, “Chof Chof. En esta última, haciendo él la voz del pez…! Salimos de allí llenas de amor y buena energía para todo el mes.

Le aseguramos que íbamos a visitar el servicio los miércoles alternos. Se quedó muy satisfecho. Me dijo que le había llegado un mensaje que yo le dejé un día que fuimos a verlo y ya se había ido. Me lo agradeció mucho.

Mariló Tamarit (Doctora Zirujuana)

Odio a los payasos

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Doctor Ambulancio (Darío Piera)

Eloy, de 7 años, estaba en Oncología en el Hospital La Fe de Valencia. Nada más vernos, dijo: “Odio a los payasos” y se tapó la cara, negando cualquier relación. Aunque insistimos un poco dejándonos ver, hubiera sido demasiado forzado continuar intentándolo.

Otro día nos lo encontramos en la escuela del hospital: estaba viendo un libro sobre la “Guerra de las Galaxias”. Aprovechando la situación, la enfermera Mina Mercromina y yo comenzamos a hablar entre nosotros, de los personajes que salían en la saga. De esta forma establecimos una relación más indirecta. De hecho, fue muy tierno ver como él no nos miraba ni quería hablar con nosotros, pero sin embargo cuando nos íbamos, levantó el libro para que pudiéramos seguir viéndolo y continuar con los comentarios sobre los personajes. Después ya enlacé con el juego de retratar a Mina en la pizarra y con eso finalmente pudimos hacer una actuación para él.

Nos comentaron que Eloy estaba reaccionando así con todo el mundo, algo que se intuía. A veces me sorprende que no haya más niños que nos reciban así, porque realmente se les saca de su contexto y su entorno, para pasar por experiencias que no son nada agradables para ellos.

Dario Piera (Doctor Ambulancio)

¡A tu salud!

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Cap de Cervell Beni Cilina (Núria Urioz)

Néstor, de 13 años, estaba ingresado en el servicio de Pediatría del Hospital Dr. Peset de Valencia, por dolor abdominal. Le habían dado un líquido “asqueroso” que tenía que ir bebiendo cada 15 minutos. Era para evacuar.

Cuando llegamos, el Profesor Microscopio (Ventura Cano) y yo, Beni Cilina (el nombre de mi payasa), Néstor estaba en la primera toma. Al adolescente le costaba muchísimo ingerir su brebaje.

Al percatarse de la situación, Beni Cilina fue a buscar otro vaso y una botella idéntica para que Microscopio también bebiera ese mejunje. El jovencito sabía que, obviamente, era agua, pero entró en el juego. Gracias a los locos brindis de Néstor y Micro, el chaval se acabó esa primera toma con alegría.

Cuando salimos de su habitación nos regaló un precioso: “¡Gracias!”

Núria Urioz (Cap de Cervell Beni Cilina)

Codo con codo

Profesor Microscopio

Profesor Microscopio (Ventura Cano)

Cuando íbamos por el pasillo de la 5ª planta del Hospital Clínico, camino al ascensor, Marisa, la supervisora de Pediatría, nos llamó desde dentro de una habitación. Estaba retirando una vía a una niña con leucemia. Mi compañero (Max Recetax) y yo comenzamos a distraerla. Aunque de vez en cuando la pequeña miraba lo que le hacían en el brazo, nosotros volvíamos a captar su atención. Todo fue muy bien, aunque algún lamento se le escapó a la criatura.

En ocasiones el personal del hospital requiere de nuestras habilidades artísticas para llevar a cabo su tarea. Marisa, al terminar su labor, reconoció la ayuda prestada indicándonos que gracias a ella el trabajo había sido mucho mejor. Quedamos satisfechos con el reconocimiento y con la buena relación que hay entre el personal sanitario y nosotros, los payasos.

Ventura Cano (Profesor Microscopio)

Un tiburón en la habitación

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Doctora Esparadrapa (Elena Doncel)

Mi compañera Doña Urgencia (Jimena Cavalletti) y yo empezamos la jornada en el Hospital General de Castellón tarareando la canción de Superman. Como de costumbre, fuimos directamente al Hospital de Día. En la habitación que hay delante de la puerta de ese servicio había una niña oncológica que, según las enfermeras, estaba muy enfada y triste. En la transmisión (donde se nos informa del estado de los ingresos) nos contaron que la pequeña les decía que ella era un tiburón que comía enfermeras. Con esa información, me puse de acuerdo con Doña Urgencia para coger la propuesta al vuelo y entrar en la habitación diciéndole que teníamos una canción para ella. Enseguida pudimos comprobar que la pequeña no estaba muy contenta, al asegurarnos que no le iba a gustar. A pesar del rechazo inicial, empezamos a cantarle una canción con la melodía de Superman​ que decía: “soc el tauró que menja infermeres…”. La niña empezó a reír y a divertirse con la improvisada canción que repetíamos añadiéndole coreografía. Finalmente pasamos un momento muy divertido con ella, con sus familiares y con las enfermeras que presenciaron la escena. Claramente pudimos entrar en la “frecuencia” de la niña escuchando su enfado y trasformar el momento. Los niños necesitan sentirse escuchados, sentir que lo que dicen es importante para los adultos. En este caso, cantar una canción con lo que estaba viviendo en ese momento hizo que tomara protagonismo, que su voz rebotara y confirmara su valiosa existencia.

Elena Doncel (Doctora Esparadrapa)

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