Fan número uno

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Doctora Zirujuana (Mariló Tamarit)

Era jueves. Mina Mercromina y yo estábamos en el Hospital La Fe y nos tocaba visitar Hemodiálisis. Nada más entrar al pasillo, Marcelo nos saltó a los brazos. No podéis imaginar la alegría del niño al vernos. El personal sanitario y todos los que estaban por allí, no podían parar de mirar la escena. Fue muy emocionante.

– ¡Os quiero…! ¡Os echo tanto de menos! ¡Qué ganas de veros tenía! nos decía¿Y cómo están los demás payasos? Dadles muchos besos de mi parte y decidles que tengo muchas ganas de verlos… ¡Me sé todo vuestro disco “Dando la Nota”!

Una vez dentro del servicio, hicimos el espectáculo con él porque era un derroche de abrazos y alegría. Cantamos algunas de las canciones de nuestro disco, involucrando también a los otros niños presentes en el servicio. Marcelo cantaba con nosotras con fuerza interpretativa, impulsado por la emoción. Nos hizo cantar “Queda alguien más”, “María Sarmiento”, “Endevinàfrica”, “Chof Chof. En esta última, haciendo él la voz del pez…! Salimos de allí llenas de amor y buena energía para todo el mes.

Le aseguramos que íbamos a visitar el servicio los miércoles alternos. Se quedó muy satisfecho. Me dijo que le había llegado un mensaje que yo le dejé un día que fuimos a verlo y ya se había ido. Me lo agradeció mucho.

Mariló Tamarit (Doctora Zirujuana)

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Odio a los payasos

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Doctor Ambulancio (Darío Piera)

Eloy, de 7 años, estaba en Oncología en el Hospital La Fe de Valencia. Nada más vernos, dijo: “Odio a los payasos” y se tapó la cara, negando cualquier relación. Aunque insistimos un poco dejándonos ver, hubiera sido demasiado forzado continuar intentándolo.

Otro día nos lo encontramos en la escuela del hospital: estaba viendo un libro sobre la “Guerra de las Galaxias”. Aprovechando la situación, la enfermera Mina Mercromina y yo comenzamos a hablar entre nosotros, de los personajes que salían en la saga. De esta forma establecimos una relación más indirecta. De hecho, fue muy tierno ver como él no nos miraba ni quería hablar con nosotros, pero sin embargo cuando nos íbamos, levantó el libro para que pudiéramos seguir viéndolo y continuar con los comentarios sobre los personajes. Después ya enlacé con el juego de retratar a Mina en la pizarra y con eso finalmente pudimos hacer una actuación para él.

Nos comentaron que Eloy estaba reaccionando así con todo el mundo, algo que se intuía. A veces me sorprende que no haya más niños que nos reciban así, porque realmente se les saca de su contexto y su entorno, para pasar por experiencias que no son nada agradables para ellos.

Dario Piera (Doctor Ambulancio)

¡A tu salud!

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Cap de Cervell Beni Cilina (Núria Urioz)

Néstor, de 13 años, estaba ingresado en el servicio de Pediatría del Hospital Dr. Peset de Valencia, por dolor abdominal. Le habían dado un líquido “asqueroso” que tenía que ir bebiendo cada 15 minutos. Era para evacuar.

Cuando llegamos, el Profesor Microscopio (Ventura Cano) y yo, Beni Cilina (el nombre de mi payasa), Néstor estaba en la primera toma. Al adolescente le costaba muchísimo ingerir su brebaje.

Al percatarse de la situación, Beni Cilina fue a buscar otro vaso y una botella idéntica para que Microscopio también bebiera ese mejunje. El jovencito sabía que, obviamente, era agua, pero entró en el juego. Gracias a los locos brindis de Néstor y Micro, el chaval se acabó esa primera toma con alegría.

Cuando salimos de su habitación nos regaló un precioso: “¡Gracias!”

Núria Urioz (Cap de Cervell Beni Cilina)

Codo con codo

Profesor Microscopio

Profesor Microscopio (Ventura Cano)

Cuando íbamos por el pasillo de la 5ª planta del Hospital Clínico, camino al ascensor, Marisa, la supervisora de Pediatría, nos llamó desde dentro de una habitación. Estaba retirando una vía a una niña con leucemia. Mi compañero (Max Recetax) y yo comenzamos a distraerla. Aunque de vez en cuando la pequeña miraba lo que le hacían en el brazo, nosotros volvíamos a captar su atención. Todo fue muy bien, aunque algún lamento se le escapó a la criatura.

En ocasiones el personal del hospital requiere de nuestras habilidades artísticas para llevar a cabo su tarea. Marisa, al terminar su labor, reconoció la ayuda prestada indicándonos que gracias a ella el trabajo había sido mucho mejor. Quedamos satisfechos con el reconocimiento y con la buena relación que hay entre el personal sanitario y nosotros, los payasos.

Ventura Cano (Profesor Microscopio)

Un tiburón en la habitación

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Doctora Esparadrapa (Elena Doncel)

Mi compañera Doña Urgencia (Jimena Cavalletti) y yo empezamos la jornada en el Hospital General de Castellón tarareando la canción de Superman. Como de costumbre, fuimos directamente al Hospital de Día. En la habitación que hay delante de la puerta de ese servicio había una niña oncológica que, según las enfermeras, estaba muy enfada y triste. En la transmisión (donde se nos informa del estado de los ingresos) nos contaron que la pequeña les decía que ella era un tiburón que comía enfermeras. Con esa información, me puse de acuerdo con Doña Urgencia para coger la propuesta al vuelo y entrar en la habitación diciéndole que teníamos una canción para ella. Enseguida pudimos comprobar que la pequeña no estaba muy contenta, al asegurarnos que no le iba a gustar. A pesar del rechazo inicial, empezamos a cantarle una canción con la melodía de Superman​ que decía: “soc el tauró que menja infermeres…”. La niña empezó a reír y a divertirse con la improvisada canción que repetíamos añadiéndole coreografía. Finalmente pasamos un momento muy divertido con ella, con sus familiares y con las enfermeras que presenciaron la escena. Claramente pudimos entrar en la “frecuencia” de la niña escuchando su enfado y trasformar el momento. Los niños necesitan sentirse escuchados, sentir que lo que dicen es importante para los adultos. En este caso, cantar una canción con lo que estaba viviendo en ese momento hizo que tomara protagonismo, que su voz rebotara y confirmara su valiosa existencia.

Elena Doncel (Doctora Esparadrapa)

Todos a una

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Cap de Cervell Beni Cilina (Núria Urioz)

A Álvaro, de 4 años, lo tienen que operar de las amígdalas. Pero está como “una moto”: muy agitado y alterado, en plan terremoto. Con nosotros tiene muy buen rollo, aunque quiere cogerlo todo. Se nos tira encima y no hay quien lo pare.

La anestesista, después de haber realizado el contacto previo, se ha ido y ha vuelto. Nos ha encontrado jugando con la mascarilla y ha intervenido diciendo que era muy chulo nuestro juego, pero que ella traía una jeringuilla… Nos hemos sumado inmediatamente a dar buena vibración porque debía ponerle un tranquilizante en la nariz.

En el momento de la inyección no hemos podido hacer gran cosa, ya que ha sido necesario sujetar a Álvaro. Después, con la música, hemos ayudado a que se quedara un poco tranquilo mientras el medicamento hacía su efecto.

En una conversación aparte, la anestesista elogió nuestra intervención y reconoció que en muchos casos nuestro trabajo facilita la labor dentro del quirófano. Tuvimos también un gesto muy bonito de Jota, un celador aficionado a la magia que estaba en el quirófano y que aportó su granito de arena haciendo aparecer una pelotita en mi oreja. Luego se esperó a que Álvaro estuviera más tranquilo para llevarlo a quirófano.  Realmente hemos hecho un súper trabajo en equipo, pues en un momento estábamos la anestesista, los payasos y el celador, juntos, todos a una.

Núria Urioz (Cap de Cervell Beni Cilina)

¿Sonidos de la selva?

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Enfermera Mina Mercromina (Asun Cebrian)

Visitamos a Raúl en el Hospital La Fe de Valencia, un niño de 8 años ingresado por Traumatismo Cráneo Encefálico. Había estado en la UCI y hacía poquito que lo habían llevado a planta. Las enfermeras nos comentaron que estaba muy aletargado y que no sabían si podríamos hacer algo. Cuando mi compañero Cápsulo (Jaume Costa) y yo llegamos a su habitación, la mamá nos recibió entre resignada y triste. Le pedimos permiso para pasar y nos dijo que sí. El chico tenía la cabeza vendada y los ojos entreabiertos. Mirando a la mamá y a él preguntamos: “¿Una canción?”. Y comenzamos a cantar “En la selva”. Raúl nos escuchaba sin mirarnos, pero de pronto Cápsulo se equivocó y dónde tenía que rugir el león, croaba la rana. El pequeño abrió más los ojos, nos miró y esbozó una mínima sonrisa. A partir de ahí, Cápsulo y Mina (el nombre de mi payasa), no dieron una en cuanto a sonidos de la selva se refiere: gallinas, gatos, periquitos, incluso camiones. Raúl cada vez se reía un poco más. Su mamá lo miraba con los ojos muy abiertos. Cuando acabamos de transitar por ese alocado mundo sonoro y nos marchamos, ella nos dio las gracias casi con un susurro, cómo si no quisiera empañar ese momento mágico. 

Asun Cebrian (Mina Mercromina)

Tocando el Ukelele

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Enfermera Paquita Tiritas (Susana Giner)

En la UCI del Hospital General de Alicante, fuimos a visitar a Elena, una niña de 10 años con PCI (parálisis cerebral infantil), la cual padece un síndrome raro. Es una especie de retraso que le impide conectar con su alrededor. Las enfermeras nos dicen que no se entera mucho. Le tocamos una canción con el ukelele y ella tiene la mirada como perdida. Pero cuando ve el instrumento no para de mirarlo. Me aproximo y ella sigue con sus ojos el instrumento. Se lo acerco y la invito a tocar. Cojo su mano y deslizo sus dedos por las cuerdas, la pequeña entusiasmada repite el gesto por sí misma.

A la semana siguiente la encontramos con su madre en la cuarta planta. La señora muy contenta nos comenta que las enfermeras le dijeron que su hija estuvo tocando el ukelele. Volvemos a cantar para ella y Elena hace sonar las cuerdas, mientras su mamá sonríe junto a ella.

Susana Giner (Enfermera Paquita Tiritas)

Los hermanitos también

Sergio

“Dotor” Max Recetax (Sergio Claramunt)

El personal sanitario de la UCI del Hospital Clínico de Valencia nos informó que Yasira era una niña marroquí de 12 años que estaba ingresada por una insuficiencia cardíaca. Nos aproximamos a ella con cierta precaución y descubrimos con agrado su apertura en una tímida sonrisa. En ese momento llegaron sus padres y poco a poco iniciamos nuestras persecuciones, tropiezos y torpezas. La jovencita y sus progenitores comenzaron a reír. Contentos de nuestro éxito nos despedimos con bromas y traspiés.

Al salir de este servicio nos dirigimos a la UCI Neonatal, pero justo antes de entrar me encuentro con dos niños pequeños. Están solos y un tanto asustados en el pasillo, superados por la fría antesala. Al vernos, sus ojos se agrandan llenos de ilusión y curiosidad. Ante tal circunstancia me detengo un instante. Miro alrededor y no veo a nadie. Me sorprende que no estén acompañados por algún adulto, y de repente caigo en la cuenta. Recuerdo las normas de la UCI: los menores tienen restringidas las visitas en esta unidad. Deduzco que son los dos hermanitos pequeños de Yasira. Sus padres han entrado a visitar a su hermana mayor y han quedado medio desamparados en la puerta, o por lo menos esa es la sensación que me causan.

Sin dudarlo un segundo, me agacho a su altura. Es un niño y una niña de unos 5 y 6 añitos respectivamente. Me presento risueño y saco de mi bolsillo mágico dos pegatinas de colores. Una para cada uno. Los niñitos me sonríen emocionados. Sus caritas se han transformado. Nos despedimos con gestos infantiles, sin mediar palabra. Me siento aliviado. Sus miradas reflejan agradecimiento. Yo, también lo estoy. Gratificado por la oportunidad que me brinda la ocasión.

Cuando un crío está grave, repercute en toda la familia. Nuestra misión es cuidar y estar atentos a todos ellos, sobre todo a los más frágiles: los hermanitos pequeños.

Sergio Claramunt (“Dotor” Max Recetax)

La graduación de Daniel

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Paquita Tiritas (Susana Giner)

Un día fuimos a visitar a Daniel, un chaval de 12 años que se había quemado con una hoguera en las fiestas de su barrio. Había estado 3 semanas en la UCI y ahora se encontraba en la Unidad de Quemados. Tenía las paredes de la habitación llena de cartulinas con collages que le habían hecho los compis de su clase. La Dra. Pili Dora Comprimida (Paqui Noguera) y yo jugamos con las frases que le habían escrito y le compusimos una canción utilizándolas.  

Daniel nos comentó su preocupación por no poder asistir a la fiesta de graduación de primaria que tendría lugar en su colegio, ya que seguramente, la semana próxima aún estaría ingresado. Ante tal inquietud, le propusimos que si así ocurría, podríamos grabar un video de graduación para que lo mandara a sus amigos del cole. 

A la semana siguiente, el muchacho todavía estaba hospitalizado. Tal y como habíamos quedado, lo hicimos. Improvisamos una ceremonia de graduación con las enfermeras presentes y su madre grabando. Incluso le pusimos un gorro improvisado y hasta una banda con papel higiénico. Daniel se partía de la risa. 

Susana Giner (Enfermera Paquita Tiritas)

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