¡A tu salud!

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Cap de Cervell Beni Cilina (Núria Urioz)

Néstor, de 13 años, estaba ingresado en el servicio de Pediatría del Hospital Dr. Peset de Valencia, por dolor abdominal. Le habían dado un líquido “asqueroso” que tenía que ir bebiendo cada 15 minutos. Era para evacuar.

Cuando llegamos, el Profesor Microscopio (Ventura Cano) y yo, Beni Cilina (el nombre de mi payasa), Néstor estaba en la primera toma. Al adolescente le costaba muchísimo ingerir su brebaje.

Al percatarse de la situación, Beni Cilina fue a buscar otro vaso y una botella idéntica para que Microscopio también bebiera ese mejunje. El jovencito sabía que, obviamente, era agua, pero entró en el juego. Gracias a los locos brindis de Néstor y Micro, el chaval se acabó esa primera toma con alegría.

Cuando salimos de su habitación nos regaló un precioso: “¡Gracias!”

Núria Urioz (Cap de Cervell Beni Cilina)

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Codo con codo

Profesor Microscopio

Profesor Microscopio (Ventura Cano)

Cuando íbamos por el pasillo de la 5ª planta del Hospital Clínico, camino al ascensor, Marisa, la supervisora de Pediatría, nos llamó desde dentro de una habitación. Estaba retirando una vía a una niña con leucemia. Mi compañero (Max Recetax) y yo comenzamos a distraerla. Aunque de vez en cuando la pequeña miraba lo que le hacían en el brazo, nosotros volvíamos a captar su atención. Todo fue muy bien, aunque algún lamento se le escapó a la criatura.

En ocasiones el personal del hospital requiere de nuestras habilidades artísticas para llevar a cabo su tarea. Marisa, al terminar su labor, reconoció la ayuda prestada indicándonos que gracias a ella el trabajo había sido mucho mejor. Quedamos satisfechos con el reconocimiento y con la buena relación que hay entre el personal sanitario y nosotros, los payasos.

Ventura Cano (Profesor Microscopio)

Un tiburón en la habitación

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Doctora Esparadrapa (Elena Doncel)

Mi compañera Doña Urgencia (Jimena Cavalletti) y yo empezamos la jornada en el Hospital General de Castellón tarareando la canción de Superman. Como de costumbre, fuimos directamente al Hospital de Día. En la habitación que hay delante de la puerta de ese servicio había una niña oncológica que, según las enfermeras, estaba muy enfada y triste. En la transmisión (donde se nos informa del estado de los ingresos) nos contaron que la pequeña les decía que ella era un tiburón que comía enfermeras. Con esa información, me puse de acuerdo con Doña Urgencia para coger la propuesta al vuelo y entrar en la habitación diciéndole que teníamos una canción para ella. Enseguida pudimos comprobar que la pequeña no estaba muy contenta, al asegurarnos que no le iba a gustar. A pesar del rechazo inicial, empezamos a cantarle una canción con la melodía de Superman​ que decía: “soc el tauró que menja infermeres…”. La niña empezó a reír y a divertirse con la improvisada canción que repetíamos añadiéndole coreografía. Finalmente pasamos un momento muy divertido con ella, con sus familiares y con las enfermeras que presenciaron la escena. Claramente pudimos entrar en la “frecuencia” de la niña escuchando su enfado y trasformar el momento. Los niños necesitan sentirse escuchados, sentir que lo que dicen es importante para los adultos. En este caso, cantar una canción con lo que estaba viviendo en ese momento hizo que tomara protagonismo, que su voz rebotara y confirmara su valiosa existencia.

Elena Doncel (Doctora Esparadrapa)

Todos a una

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Cap de Cervell Beni Cilina (Núria Urioz)

A Álvaro, de 4 años, lo tienen que operar de las amígdalas. Pero está como “una moto”: muy agitado y alterado, en plan terremoto. Con nosotros tiene muy buen rollo, aunque quiere cogerlo todo. Se nos tira encima y no hay quien lo pare.

La anestesista, después de haber realizado el contacto previo, se ha ido y ha vuelto. Nos ha encontrado jugando con la mascarilla y ha intervenido diciendo que era muy chulo nuestro juego, pero que ella traía una jeringuilla… Nos hemos sumado inmediatamente a dar buena vibración porque debía ponerle un tranquilizante en la nariz.

En el momento de la inyección no hemos podido hacer gran cosa, ya que ha sido necesario sujetar a Álvaro. Después, con la música, hemos ayudado a que se quedara un poco tranquilo mientras el medicamento hacía su efecto.

En una conversación aparte, la anestesista elogió nuestra intervención y reconoció que en muchos casos nuestro trabajo facilita la labor dentro del quirófano. Tuvimos también un gesto muy bonito de Jota, un celador aficionado a la magia que estaba en el quirófano y que aportó su granito de arena haciendo aparecer una pelotita en mi oreja. Luego se esperó a que Álvaro estuviera más tranquilo para llevarlo a quirófano.  Realmente hemos hecho un súper trabajo en equipo, pues en un momento estábamos la anestesista, los payasos y el celador, juntos, todos a una.

Núria Urioz (Cap de Cervell Beni Cilina)

¿Sonidos de la selva?

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Enfermera Mina Mercromina (Asun Cebrian)

Visitamos a Raúl en el Hospital La Fe de Valencia, un niño de 8 años ingresado por Traumatismo Cráneo Encefálico. Había estado en la UCI y hacía poquito que lo habían llevado a planta. Las enfermeras nos comentaron que estaba muy aletargado y que no sabían si podríamos hacer algo. Cuando mi compañero Cápsulo (Jaume Costa) y yo llegamos a su habitación, la mamá nos recibió entre resignada y triste. Le pedimos permiso para pasar y nos dijo que sí. El chico tenía la cabeza vendada y los ojos entreabiertos. Mirando a la mamá y a él preguntamos: “¿Una canción?”. Y comenzamos a cantar “En la selva”. Raúl nos escuchaba sin mirarnos, pero de pronto Cápsulo se equivocó y dónde tenía que rugir el león, croaba la rana. El pequeño abrió más los ojos, nos miró y esbozó una mínima sonrisa. A partir de ahí, Cápsulo y Mina (el nombre de mi payasa), no dieron una en cuanto a sonidos de la selva se refiere: gallinas, gatos, periquitos, incluso camiones. Raúl cada vez se reía un poco más. Su mamá lo miraba con los ojos muy abiertos. Cuando acabamos de transitar por ese alocado mundo sonoro y nos marchamos, ella nos dio las gracias casi con un susurro, cómo si no quisiera empañar ese momento mágico. 

Asun Cebrian (Mina Mercromina)

Miranda sin su ojo

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Doctora Zirujuana (Mariló Tamarit)

Aquel día trabajé con el Profesor Microscopio (Ventura Cano) en el Hospital La Fe de Valencia. Al llegar al servicio de “Hospital de Día” entramos al box de Ignacio, que tenía 2 añitos, y de Damián, de 4 años, ambos diagnosticados de leucemia. Ignacio nos miró y ya tuvo suficiente. Sin embargo, Damián estaba sentado en la cama de cara a la pared. Tenía la cabeza vendada y un lloro quejoso y sin pausa. Nosotros intentamos captar su atención, pero era casi imposible porque estaba con los ojos cerrados. En ese momento saqué a Miranda, una marioneta confeccionada por mí con un calcetín azul. Empecé a reñirla porque estaba pegando trompazos y… ¡comiéndose la cortina! El pequeño pasó del llanto a la risa con el numerito que estabamos montando. De repente… ¡cayo encima de su cama uno de los ojos de Miranda! ¡Se despegó y se quedó con la cuenca azul al aire! Todos nos sorprendimos y nos burlamos de la marioneta. Damián el primero, porque Miranda pensaba que seguía estando guapa, pero la verdad es que daba bastante impresión… Una vez más, la desgracia ajena, aunque sea de un títere, provoca risa a los espectadores. Damián se quedó tranquilo y de muy buen humor. ¡Olé!

Mariló Tamarit (Doctora Zirujuana)

Tocando el Ukelele

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Enfermera Paquita Tiritas (Susana Giner)

En la UCI del Hospital General de Alicante, fuimos a visitar a Elena, una niña de 10 años con PCI (parálisis cerebral infantil), la cual padece un síndrome raro. Es una especie de retraso que le impide conectar con su alrededor. Las enfermeras nos dicen que no se entera mucho. Le tocamos una canción con el ukelele y ella tiene la mirada como perdida. Pero cuando ve el instrumento no para de mirarlo. Me aproximo y ella sigue con sus ojos el instrumento. Se lo acerco y la invito a tocar. Cojo su mano y deslizo sus dedos por las cuerdas, la pequeña entusiasmada repite el gesto por sí misma.

A la semana siguiente la encontramos con su madre en la cuarta planta. La señora muy contenta nos comenta que las enfermeras le dijeron que su hija estuvo tocando el ukelele. Volvemos a cantar para ella y Elena hace sonar las cuerdas, mientras su mamá sonríe junto a ella.

Susana Giner (Enfermera Paquita Tiritas)

Quietos como estatuas

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Cap de Cervell Beni Cilina

En Urgencias del Hospital Dr. Peset de Valencia, la Dra. Esther sigue contando con nosotros. Cuando fui con el enfermero Baldomero (Luka Soriano), la médica nos pidió que jugáramos con Margaret, una niñita de 2 años, a que se estuviera quieta. Le había caído un armario encima de la cabeza y le iban a hacer un TAC. La pequeña es “un bicho” y no paraba de moverse. La Dra. Esther estaba intentando concienciarla sin éxito. Nos contó que si no conseguían inmovilizar a la pequeña para realizar la prueba, tendrían que anestesiarla.

Baldomero y Beni (nombre de nuestros payasos) inventaron enseguida un juego: mientras sonaba la música, bailabamos y cuando paraba, nos quedabamos quietos. Luego involucramos a la mamá: mientras ella cantaba, bailabamos y cuando ella decía: “¡Quietos!”, nos quedabamos como estatuas. Esto provocaba una gran carcajada en la pequeña. La mamá participó encantada. 
Fue un juego ingenioso y efectivo para el objetivo propuesto. Todos quedaron contentos y gratamente sorprendidos del resultado.

Núria Urioz (Cap de Cervell Beni Cilina)

 

Vols un bombó?

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Supervisora Remedios (Esther Ramos)

Volia comentar el cas de Nerea, on la intervenció va ser molt divertida. Ere una adolescent de 12 anys i estava ingressada per una retenció de menstruació.
Vam començar tantejant-la per ser més majoreta, però ens va rebre prou bé, i la mare encantada. Tenia una caixa de bombons i la Doctora Esparadrapa (el nom de la meua col·lega Elena Donzel) va jugar a voler menjar-se’ls. La caixa estava tancada, però la mare, agraïda de vore’ns, ens la va obrir per a que Esparadrapa agarrara un. Ho vam jugar, i vam fer un poc el porc. Ere difícil mantindre la compostura veient-la amb la boca plena de xocolate. Quin riure! Vam acabar menjant les dos un bombó i la mare no parava de dir: “Os lo merecéis solo por hacerla sonreír. Está toda seria desde hace días”.

Esther Ramos (Supervisora Remedios)

Los hermanitos también

Sergio

“Dotor” Max Recetax (Sergio Claramunt)

El personal sanitario de la UCI del Hospital Clínico de Valencia nos informó que Yasira era una niña marroquí de 12 años que estaba ingresada por una insuficiencia cardíaca. Nos aproximamos a ella con cierta precaución y descubrimos con agrado su apertura en una tímida sonrisa. En ese momento llegaron sus padres y poco a poco iniciamos nuestras persecuciones, tropiezos y torpezas. La jovencita y sus progenitores comenzaron a reír. Contentos de nuestro éxito nos despedimos con bromas y traspiés.

Al salir de este servicio nos dirigimos a la UCI Neonatal, pero justo antes de entrar me encuentro con dos niños pequeños. Están solos y un tanto asustados en el pasillo, superados por la fría antesala. Al vernos, sus ojos se agrandan llenos de ilusión y curiosidad. Ante tal circunstancia me detengo un instante. Miro alrededor y no veo a nadie. Me sorprende que no estén acompañados por algún adulto, y de repente caigo en la cuenta. Recuerdo las normas de la UCI: los menores tienen restringidas las visitas en esta unidad. Deduzco que son los dos hermanitos pequeños de Yasira. Sus padres han entrado a visitar a su hermana mayor y han quedado medio desamparados en la puerta, o por lo menos esa es la sensación que me causan.

Sin dudarlo un segundo, me agacho a su altura. Es un niño y una niña de unos 5 y 6 añitos respectivamente. Me presento risueño y saco de mi bolsillo mágico dos pegatinas de colores. Una para cada uno. Los niñitos me sonríen emocionados. Sus caritas se han transformado. Nos despedimos con gestos infantiles, sin mediar palabra. Me siento aliviado. Sus miradas reflejan agradecimiento. Yo, también lo estoy. Gratificado por la oportunidad que me brinda la ocasión.

Cuando un crío está grave, repercute en toda la familia. Nuestra misión es cuidar y estar atentos a todos ellos, sobre todo a los más frágiles: los hermanitos pequeños.

Sergio Claramunt (“Dotor” Max Recetax)

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