Vols un bombó?

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Supervisora Remedios (Esther Ramos)

Volia comentar el cas de Nerea, on la intervenció va ser molt divertida. Ere una adolescent de 12 anys i estava ingressada per una retenció de menstruació.
Vam començar tantejant-la per ser més majoreta, però ens va rebre prou bé, i la mare encantada. Tenia una caixa de bombons i la Doctora Esparadrapa (el nom de la meua col·lega Elena Donzel) va jugar a voler menjar-se’ls. La caixa estava tancada, però la mare, agraïda de vore’ns, ens la va obrir per a que Esparadrapa agarrara un. Ho vam jugar, i vam fer un poc el porc. Ere difícil mantindre la compostura veient-la amb la boca plena de xocolate. Quin riure! Vam acabar menjant les dos un bombó i la mare no parava de dir: “Os lo merecéis solo por hacerla sonreír. Está toda seria desde hace días”.

Esther Ramos (Supervisora Remedios)

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Risas a montones

Profesor Microscopio

Profesor Microscopio (Ventura Cano)

Cuando llegamos con mi compañero de ese día, el Doctor Ambulancio (Darío Piera), a la 5ª planta del Hospital Clínico, realizamos una intervención para Joan, un niño de 6 años que está en estudio por inestabilidad y vértigo. Tiene problemas de habla, pero se esfuerza en responder a nuestras preguntas.  

El juego creado entre nosotros giraba alrededor de una broma y la repetición de la misma. Obtuvimos un buen resultado ya que el pequeño se rió un montón. 

Más tarde, nos encontramos a su madre en el pasillo y nos dice que el niño no para de contar y recordar lo que ha vivido con los payasos.  

Nos hemos quedado en su memoria y tengo la intuición que permaneceremos en ella bastante tiempo. Se lo debió pasar bomba. Lo sacamos de donde estaba y se olvidó del hospital.  ¡Qué satisfacción! 

Ventura Cano (Profesor Microscopio)

La magia existe

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Doctora Zirujuana (Mariló Tamarit)

Aquella mañana cuando mi compañera Beni Cilina (Núria Urioz) y yo intentamos acceder sin éxito a la sala de consultas de Otorrinolaringología del Hospital Doctor Peset, contamos con la ayuda de Claudio (6 años), un colaborador súper bonico que nos explicó cómo entrar: “Primero una y detrás la otra”. ¡Vaya par de torponas podemos llegar a ser!

Por la tarde le volvimos a ver a en la 7ª planta, en el servicio de Pediatría, esperando su turno para el quirófano. Estuvimos jugando con él un rato en su habitación. Parece increíble, pero se creía totalmente un juego de magia que hacemos con una monedita en una caja. Inocente, amoroso y tímido. Tras algún intento fallido de hacer desaparecer la moneda, le pedí ayuda al mocito. La Doctora Zirujuana (el nombre de mi payasa) no se aclaraba con las palabras mágicas y le preguntó si él sabría decirlas. Efectivamente, el pequeño las pronunció a la perfección y la moneda… ¡desapareció! Todos quedamos muy alucinados al descubrir que Claudio es un mago verdadero. Nosotras incluso le hicimos reverencias.

Antes de salir de la habitación, Beni Cilina descubrió dónde “el mago” tenía escondida la moneda. Se acercó al niño y se la sacó de detrás de la oreja. Fue entonces cuando ya lo dejamos flipado. Pero luego nos dejó rendidas a sus pies cuando dijo: “La magia de la caja la he hecho yo, pero… la magia de la oreja tú, Beni”.

Le habíamos dado a entender que la magia era por él, por sus soplidos y sus poderes… ¡Guau! Estaba totalmente convencido de lo que estaba diciendo.

Es una de esas situaciones en las que te quedas enamorada del momento y no te querrías haber ido nunca. Lo cual me confirma que no solo son conmovedoras las situaciones donde el niño está gravemente enfermo y surgen emociones de ese modo. En este caso, era su ternura la que nos emocionó. Efectivamente… ¡la magia existe!

Mariló Tamarit (Doctora Zirujuana)

El gesto de Ximo

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Enfermero Teo Mómetro (Panchi Coves)

Ximo tiene 2 añitos, está en el box nº 2 de la UCI del Hospital General de Alicante por un tumor cerebral. Ya lo han operado 3 veces. Este niño es un caso complicado, desde luego. Visiblemente su afección le genera convulsiones, espasmos y tics de forma continua. Parte de ellos, al parecer, cesan cuando duerme.

Durante nuestras visitas hemos recurrido a estimularlo musicalmente por sugerencia del Dr. Roberto, el jefe de la UCI pediátrica. Ese día Ximo estaba consciente. Tenía una acompañante, no sabemos si la madre, un familiar o su tutora. En cualquier caso, estaba muy contenta de que estuviésemos allí para el pequeño.

Comenzamos a entonar “Endivinàfrica”, canción creada por nosotros donde se requiere la participación de los oyentes, pero no hacía falta buscar la respuesta de Ximo, bastaba que fuera mero espectador.

El resultado fue tal, que al terminar y marcharnos, todos animamos al crío a decir adiós, en especial la señora que lo acompañaba, que le sujetó la mano articulándola a modo de despedida. Cuando soltó su extremidad se la veía afligida, triste, desesperada…, deseando que Ximo fuese autónomo.

Para sorpresa de todos los presentes, el niñito dejó su manita suspendida en el aire e hizo un esforzado saludo por cuenta propia. La señora se echó las manos a la boca y retirándose a la pared, se echó a llorar de alegría y emoción.

A mi compañera, Pili Dora Comprimida (Paqui Noguera) esto le conmovió profundamente. Y jolín… a mí también. Sentí que habíamos sido eficaces en nuestra misión.

Panchi Coves (Enfermero Teo Mómetro)

A dos bandes…

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Supervisora Remedios (Esther Ramos)

Un altre cas que volia comentar es Iraida, de 20 mesos amb ferida al coll. Estàvem fent l’actuació des del passadís a un altre xiquet perquè tenia un poquet de por. Ens trobàvem amb Remo (el nom de la meua titella) i li fèiem pompes de sabó, quan de cop ens sentim una risotada darrere nostre. Era Iraida al braç de sa mare que s’havien posat darrere a mirar-nos. Prèviament la mare ens havia dit al vore’ns passar… “Uy, ésta es muy pequeñita”.

Va a ser inevitable que la nostra actuació fora, a partir d’eixe moment a dos bandes. L’energia i la risotada que tenia Iraida va envair el corredor.

De cop i volta comencen a treure caps les infermeres, sobretot les de pràctiques, amb cara de sorpresa. I també una altra xiqueta que no les tenia totes, però al vore el riure d’Iraida, va entrar molt bé a observar-nos.

Va a ser bonic vore la cara de la mare al·lucinada i inclús la nostra per l’esclat de riure d’Iraida cada cop que fem un ritme en concret.

Esther Ramos (Supervisora Remedios)

Para muestra… un ratón

Enfermero Baldomero

Enfermero Baldomero

Entramos en el cuarto de un niño de unos 6 años. Está sentado en la cama. Su mamá nos dice que nos estaba esperando. Y en su cara se puede ver la ilusión con la que lo ha hecho. Tras cantarle una canción, la madre nos dice:

– ¿Sabéis?… él también sabe cantar…
– Ah… ¿de verdad? – Respondo junto al Doctor Ambulancio.

El niño comienza a cantar con una actitud medio tímida, pero con una voz cristalina, digna de una banda sonora de cualquier película. Ambulancio y Baldomero escuchan con atención con sus cuerpos ligeramente inclinados hacia delante. El niño termina de cantar y en el silencio se escucha el eco de su voz que por un momento lo ha inundado TODO… Por dentro me invade una emoción grande de gratitud y la impresión de haber recibido un regalo enorme nacido del corazón…

– ¡Guau!… ¡qué bonita!… muchas gracias… ¿puedes cantarla otra vez?…

La emoción y la alegría del niño son evidentes. En mi fuero interno tengo la sensación de que él necesitaba de alguna manera, y estaba deseoso de compartir y ofrecernos “eso” que llevaba dentro. Y es que hay veces en las que a uno le toca no hacer, sino escuchar y recibir… y para muestra… un ratón.

Luka Soriano (Enfermero Baldomero)

Melodías para el corazón

Luka Soriano (Enfermero Baldomero)

Luka Soriano (Enfermero Baldomero)

El día de antes de trabajar con Jimena (Doña Urgencia) le pido que se lleve el tambor. La potencia de los sonidos bajos de este instrumento parece incrementarse dentro de las paredes del hospital, conectando automáticamente a “Tierra” a quien lo escucha. La combinación de éste con los acordes de la guitarra y la melodía de la voz hace una mezcla muy especial… un regalito que nos hace bien compartir desde la ingenuidad de nuestros payasos.

Impresionante este efecto en Andrés de 13 años y con una PCI (parálisis cerebral infantil) producida por un accidente de tráfico… impresiona no sólo por el niño (su atención, su mirada…), sino también por su madre que escucha y mira emocionada a su hijo.

Cuando acabamos la canción dejamos ese espacio de silencio re-confortable y necesario… nos miramos un segundo y sin decir nada comenzamos otra.

La música ayuda a crear un nuevo espacio donde el tiempo parece detenerse y la habitación deja de tener techo.

La canción va llegando a su fin… poco a poco, sin prisas, ralentiza y afianza estas sensaciones hasta que el silencio llega  como un bálsamo… dulce y sosegado… no decimos nada… Doña Urgencia acaricia la mano del niño y salimos despacio… casi como equilibristas que no quieren que la cuerda se mueva un milímetro… la mirada de la madre nos dice “Gracias” desde algún lugar que parece profundo… El silencio es respetuoso… y roza lo sagrado… Allí dentro quedan madre e hijo… y los ecos de una música que se posa y reposa dando el tiempo a ser asimilada… con el corazón…

Luka Soriano (Enfermero Baldomero)

Una elefanta en Urgencias

Auxiliar Analista (Txetxe Floch)

Auxiliar Analista (Txetxe Floch)

Dentro del servicio de Urgencias del Hospital Dr. Peset en Valencia, la puerta de la consulta de la doctora Olga estaba cerrada, pero se oía llorar fuertemente a un pequeño. Tras actuar para otro nene que estaba en el box, Mina Mercromina y yo decidimos asomar la cabecita…

La doctora Olga nos vio y primero, impulsivamente, con la cabeza hizo un gesto de que ahora no iba bien. Cerré la puerta y casi al instante se abrió. Olga sonriendo, nos pidió que interviniéramos. Había un pequeño rubiales de tres años llorando desconsolado porque le querían auscultar, pero era doloroso cada vez que lo tocaban. Así que Analista (es el nombre de mi payasa) se agachó al lado, mientras miraba cómo del bolsillo de la bata, iba saliendo la elefanta Matilde, con su paraguas volador… al mismo tiempo sonaban unos lindos armónicos de la concertina de Mina.

El pequeño querubín, dejó de mirar donde le dolía y a los médicos, y empezó a atendernos cada vez más. Olga, la doctora, que es una gran cómplice nuestra y tiene una sensibilidad especial para los peques, esperó e hizo esperar al otro médico. Nos miraba, atendiendo cómo nos llevábamos al pequeño al mundo imaginario de Matilde la acróbata… y cuando ya vio que estábamos todos los de aquella habitación dentro del cuento, sólo entonces… se dedicó a tocar al nene, con cuidado de no molestarlo. Una gran maestra de la sensibilidad.

Txetxe Folch (Auxiliar Analista)

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