Risas a montones

Profesor Microscopio

Profesor Microscopio (Ventura Cano)

Cuando llegamos con mi compañero de ese día, el Doctor Ambulancio (Darío Piera), a la 5ª planta del Hospital Clínico, realizamos una intervención para Joan, un niño de 6 años que está en estudio por inestabilidad y vértigo. Tiene problemas de habla, pero se esfuerza en responder a nuestras preguntas.  

El juego creado entre nosotros giraba alrededor de una broma y la repetición de la misma. Obtuvimos un buen resultado ya que el pequeño se rió un montón. 

Más tarde, nos encontramos a su madre en el pasillo y nos dice que el niño no para de contar y recordar lo que ha vivido con los payasos.  

Nos hemos quedado en su memoria y tengo la intuición que permaneceremos en ella bastante tiempo. Se lo debió pasar bomba. Lo sacamos de donde estaba y se olvidó del hospital.  ¡Qué satisfacción! 

Ventura Cano (Profesor Microscopio)

Reencuentro mágico

Asun y Ventu

Profesor Microscopio y Enfermera Mina Mercromina

El Profesor Microscopio (Ventura Cano) y yo acudimos a la fiesta de supervivientes de oncología en el Hospital Clínico de Valencia. Hicimos un show en consultas externas, que estuvo muy divertido. Luego tuvimos un reencuentro mágico.

Estábamos hablando con Irene, la supervisora de Hospital de Día y, de pronto, aparecieron dos chicas adolescentes con sus mamás. Una de las madres se dirige a mí y me dice: tengo 200 fotos de vosotros. ¡¡Madre mía!! Le dije yo, eso es un álbum completo. Y la madre le dice a la niña, refiriéndose a mí. ¿Te acuerdas? Esta es la payasa que llevaba los recados a tu amigo. La chica asintió. La miré tratando de recordar. Era una adolescente preciosa de pelo largo, resuelta y muy simpática en sus comentarios. Al principio no la conocí, había cambiado mucho. Pero de repente, me apareció un recuerdo muy nítido.

Se llamaba Jessica y era una niña que había estado ingresada por un periodo largo de tiempo. Mientras estuvo en tratamiento, también ingresaron a un amigo suyo en la misma planta del hospital, en otra habitación. Como estaban aislados por sus tratamientos médicos, no se podían ver, y los payasos hacíamos de correo llevando recados del uno al otro. Éramos el correo payasil. Con este juego estuvimos durante tiempo, mientras los dos estuvieron ingresados. Los payasos como emisarios éramos desastrosos: hacíamos todo tipo de incongruencias, nos equivocábamos en los mensajes, nos olvidábamos de lo que nos habían dicho… pero lo que siempre nos salía muy bien era hacer que la risa fuera una compañera de viaje de estos dos niños y sus familias en momentos tan duros. Su mamá y ella nos agradecieron aquellos ratos de distracción, de risa y fantasía durante su estancia en el hospital.

Pensé que para mí, sí que había sido un privilegio haber podido compartir estos momentos con ellos. Mi compañero, el Profesor Microscopio y yo, reflexionamos sobre cuanta gente, niños, niñas y sus familias nos recordarán, por esos instantes efímeros que compartimos con ellos. Hemos tratado de ayudarles a hacer que la realidad fuera, al menos por un momento, un poco menos dura.

Tras 17 años de oficio, me siento agradecida de haber podido compartir con estas familias, momentos tan difíciles. Les doy las gracias por habernos permitido entrar en sus habitaciones, con nuestra tontería, magias, músicas y gansadas. Y también por compartir con nosotros esos momentos de fantasía dentro de una realidad tan adversa y cruel. Gracias.

Asun Cebrián (Enfermera Mina Mercromina)

¡A sus órdenes!

Profesor Microscopio (Ventura Cano)

Hemos estado viendo a una niña de cinco años que ingresa regularmente en el Hospital Clínico de Valencia. Padece una fibrosis quística y he coincidido tres veces con ella.

El primer día, la pequeña estaba sola en la UCIP (Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos) y no nos hizo mucho caso. Estuvo atenta a nuestros movimientos, pero sin participar en ellos. Por medio de música indirecta y un títere de mano, el Enfermero Baldomero (Luka Soriano) y yo, intentamos en vano captar su atención. Ni se inmutó.

En la siguiente visita ya estaba en una habitación con su madre en la planta de pediatría. Esta vez mi compañera era Doña Urgencia (Jimena Cavalletti). La niña, con un rostro bastante serio, nos observaba de nuevo, pero esta vez con un punto más de atención hacia nosotros. Comenzó nuestra actuación de una manera muy sutil y sencilla. Le pedíamos permiso para mover un pie, para agacharnos,… para todo. Realizábamos preguntas cortas y concisas en las que ella demostraba su poder sobre nosotros. A todo lo que yo le preguntaba, me contestaba que no. Sin embargo, todas las preguntas de mi compañera recibían un rotundo sí. Mientras, su mamá observaba de manera discreta. Transcurrió la escena con este juego de roles donde la niña ejercía el poder del clown blanco (el listo) integrándose en el juego. Y ya casi al final, en un gesto peculiar de Doña Urgencia en que se levanta la falda y enseña sus divertidas bragas, la niña comenzó a reír. ¡Eureka! Sonríe y lo pasan bien las dos, mamá e hija. Mi compañera y yo nos fuimos contentos y muy satisfechos por el efecto conseguido.

Y el último día que volvimos a coincidir, yo iba con la Auxiliar Analista (Txetxe Folch). La niña estaba de nuevo en la UCIP y nada más vernos nos llamó: “¡Payasos!”, moviendo su manita. Esta vez, su reacción fue bien distinta. No paró de pedirnos cosas: “Dame esto…, dame lo otro…, yo quiero aquello…” Tanto nos mandaba que al final, agotados de tanta tarea, le regalamos una pegatina, le pedimos unas vacaciones y nos despedimos.

Es asombroso el punto en que ahora se encuentra la relación y cómo se ha ido transformando con las intervenciones. Se ha tomado el mandar al pie de la letra, ¡y no veas cómo lo hace!

Ventura Cano (Profesor Microscopio)

Te presento mis muñecos

Profesor Microscopio (Ventura Cano)

Profesor Microscopio (Ventura Cano)

Pilar, con tan sólo tres añitos, está diagnosticada de leucemia. Lleva bastantes días en una habitación aislada por su segundo trasplante de médula, ya que el primero no salió nada bien. El proceso por el que ya ha pasado se repite de nuevo.

Cuando vamos por la mañana a darle los buenos días el recibimiento suele ser variado. Depende de la fuerza del tratamiento que recibe, ella tiene un humor u otro. Hay días en los que se tapa los ojos como si no quisiera vernos porque es evidente que no le apetece ver a nadie. Si eso sucede, jugamos a escondernos detrás de nuestras manos, batas, sábanas, etc. Entonces Pilar se interesa por nosotros y nos mira de refilón. Y en su pequeño rostro se atisba cierta alegría por nuestra presencia, o al menos le surge la curiosidad por ver qué hacemos.

Mientras, su padre o su madre, nos van narrando cómo le va y en qué situación se encuentra: “¿Has visto como está hoy? Nada que ver con el otro día.”, “Hoy está enfadada porqué su mamá se ha ido”, “Hoy le hace mucho daño la boca”, etc. Visita tras visita se establecen vínculos que van más allá del payaso. Manifiestan y comparten sus penas y alegrías con nosotros. Siento que les resultamos de gran apoyo durante sus largas estancias hospitalarias.

Después de darles los buenos días y estar un rato con ambos, nos despedimos y quedamos para después de comer. En la actuación de la tarde intentamos seguir el hilo de lo que habíamos hecho por la mañana. Como hoy nos había presentado un muñeco suyo, por la tarde le hemos presentado los nuestros: el ratón de biblioteca Leo, el pez Mandarino y algunos más. Los muñecos hacían acrobacias, apretaban la cara contra el cristal y también se daban golpes en él, se zarandeaban entre ellos o cantaban una canción. Ha sido muy cómico. La niña se ha reído y ha pasado unos momentos muy divertidos. ¡Al igual que su padre! Misión cumplida.

Ventura Cano (Profesor Microscopio)

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